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Juan, testigo de la Luz

Publicado el 16/12/2017

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

El tiempo actual de Adviento como momento litúrgico de preparación a la Navidad tiene un desarrollo histórico complejo y una teología difícil en la que se juntan temas referentes a las dos venidas del Señor: su aparición en el tiempo mediante su nacimiento y su venida en la gloria al final de los tiempos (parusía); este último tema, que es posterior, prevalece en la primera parte del Adviento [hasta el 16 de diciembre], para dar paso, poco a poco, a lo que prácticamente constituye el sentido propio de Adviento cristiano: la celebración de la espera del Señor, de su venida en la carne, recordada anualmente al inicio del Año litúrgico (Jesús Castellano, OCD: El año litúrgico, p. 63).

El color litúrgico de este tiempo es el morado.
Durante el Año B, se proclama el Evangelio según san Marcos

1. Lecturas del Domingo III de Adviento

[Año B: Isaías 61,1-2a.10-11; Tesalonicenses 5,16-24; Juan 1,6-8.19-28]

Apóstol: «Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno».

Evangelio: «Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz».

2. Meditación

1.- Dios sitúa a Juan muy cerca del centro de la Historia de la Salvación, que es Jesús. Juan dice que el Verbo hecho carne es la luz que ilumina a todos los pueblos, porque es el Hijo que vive intensamente la vida de relación con el Señor, el que está en la misma gloria divina. Tantas expectativas tienen los israelitas sobre el Enviado del Señor, y tantas identidades, que al final no aciertan a descubrir al verdadero. Se les escapó, como se fue sin ser aceptado por sus paisanos de Nazaret. Y no lo descubren las autoridades religiosas porque no se presenta como un ser superior, como un supermán. Lo grandioso de Jesús es que revela la salvación divina y la hace presente con una vida sencilla, humilde, plena de amor, que es capaz de darla para la salvación de todos. Jesús es el Mesías humano que aclaman los niños al entrar en Jerusalén montado en una borrica para dar la paz, una paz que, hasta hoy, se resiste a disfrutarla la ciudad santa por antonomasia. No descuidemos de vivir con este estilo de vida para reconocerle en nuestro interior y en los demás.

2.- En tiempos de Jesús, y también durante la primera comunidad cristiana, existían muchos discípulos de Juan que recibieron su bautismo, aprendieron a orar con él y a esperar al enviado por el Señor. El Evangelio relata que algunos discípulos de Juan reconocen el testimonio del Resucitado de los discípulos de Jesús y la revelación de la salvación que entraña su vida y doctrina. Los discípulos de Juan ceden ante Jesús glorificado, pero también porque descubren que su mesianismo cumple las palabras de Isaías, cuando Jesús visita a su pueblo y pronuncia estas palabras en la sinagoga: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones heridos y a proclamar el año de gracia del Señor…” (Lc 4,16). Es la misión de la Iglesia y de cada uno de nosotros; no lo olvidemos. La salvación no viene por la fuerza de las armas, ni por el poder y fama de la Iglesia, sino por la capacidad de amor de cada uno de nosotros, los cristianos.

3.- El creyente. Dice Juan que «no es digno de desatar la correa de sus sandalias» del Mesías, una función propia de esclavos.  La percepción del Hijo de Dios por el Bautista le hace consciente de su dignidad, una dignidad que en nada puede compararse con la del Hijo de Dios. Pero la relación que mantiene con Jesús y el reconocimiento de su filiación hace que él haya entrado en la historia de la Salvación. Es una gran lección para todos nosotros. No debemos ocultar el rostro de Jesús. Debemos ser espejos limpios donde se refleje la vida de Jesús, para que el mundo entero pueda acceder a la riqueza insondable que es su vida, y la nuestra no sea un estorbo que impida que los demás crean en él. Hay demasiados escándalos en la Iglesia que apartan a las personas de la fe, y muchos los invocan para justificar su ausencia en la práctica del cristianismo.  No olvidemos que nuestra vida debe orientar a los demás hacia el Señor de la paz y el bien.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

Pajas para la cuna del Niño

Hace mucho, un viajero llegó a un pueblo. Su sorpresa fue grande cuando tres niños, hermanitos, salieron a recibirlo y lo llevaron de la mano hasta el interior de la casa en que vivían. Sus padres invitaron al viajero a quedarse con ellos y él aceptó porque era agradable estar ahí. El viajero aprendió muchas cosas: hornear el pan, trabajar la tierra, ordeñar las vacas… Pero había una costumbre que no comprendía: cada día, y algunos días en varias ocasiones, el papá, la mamá y cada hijo se acercaban a una mesita en un rincón del comedor donde habían colocado las figuras de madera de José y María, un burrito y una vaca y dejaban una pajita justo entre José y María. Con el correr de los días, el montoncito de pajitas iba aumentando. El viajero miraba con atención y asombro ese gesto cotidiano que escondía para él un misterio especial. No se atrevía a preguntar, por temor a romper el encanto que lo envolvía.

Cuando el viajero hubo de partir, la familia le entregó pan calentito y frutas, lo abrazaron y se despidieron. Ya había dado unos pasos cuando se animó y dándose la vuelta les dijo:

—Una cosa más quisiera llevarme de este hermoso lugar.

Por supuesto –le contestaron-- ¿Qué más podemos darte?

Y el viajero entonces les preguntó por qué iban dejando esas pajitas a los pies de María y de José. Ellos sonrieron. Y el nene más chiquito contestó:

—Cada vez que hacemos algo con amor, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Así nos vamos preparando para que cuando llegue el niño Jesús, María tenga un lugar para recostarlo. Si amamos poco, va a ser un colchón finito. Pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calentito.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 17 de diciembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
  4. Desde el día 17 al 23 de diciembre cantamos en Vísperas las Antífonas de la O.

Purísima había de ser la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que destinabas entre todos, para tu pueblo, como abogada de gracia y ejemplo de santidad.

Categoría : Lectio dominical
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