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Perdonad y seréis perdonados

Publicado el 16/09/2017

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 ó 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año». El tiempo «durante el año» comienza el lunes siguiente al domingo que cae después del 6 de enero y se continúa hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive: comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y se acaba antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. Por esta causa, se usa una serie de formularios para los domingos y ferias de este tiempo, que se encontrarán en el Misal y en la Liturgia de las Horas. (NUAL, núm. 43-44).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXIV

[Año A:  Eclesiástico 27, 33–28,9; Romanos 14,7-9; Mateo 18,21-35]

Apóstol: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos».

Evangelio: «Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

2. Meditación

1.- Cuando observamos las enseñanzas y la conducta de Jesús con sus conciudadanos podemos comprender la actitud misericordiosa del Señor. Jesús le enseña a Pedro que tiene que perdonar siempre, transmite en las parábolas de la misericordia del capítulo 15 de San Lucas que Dios sale en busca del pecador, que se alegra de encontrarlo y que le devuelve la identidad de hijo al que renunció a su relación filial para perderse en el mundo. Nos dice que perdonemos para que comuniquemos el perdón que hemos recibido del Padre. Pero la actitud de Jesús va más allá de la posición del rey de la parábola, que sólo perdona una vez, y de la correspondencia del perdón de los demás para que el Señor se muestre misericordioso con nosotros. Es experimentar que nuestros pecados son perdonados siempre si acudimos al regazo de Dios Padre/Madre para acogernos a su amor. Por eso Jesús nos enseña la manera de pedirle perdón: «Perdónanos […] como nosotros perdonamos…», y termina su vida pidiendo al Padre que perdone a sus verdugos.

2.- El perdón se aprende en la familia y en la familia que tiene raíces cristianas. Y se prolonga en la Iglesia. Por eso el papa Juan Pablo II pidió perdón en el jubileo del año 2000. Nadie tiene la verdad absoluta en todas sus dimensiones en nuestra historia personal y colectiva, porque el Señor no “cabe” en ella. De ahí los errores, que tantas veces debemos corregir. Nadie tiene la vida plena y sin fin en el espacio y en el tiempo. De ahí las maldades que cometemos y los egoísmos en nuestras elecciones, experiencias y criterios de vida. Por eso, desde pequeños, en las enseñanzas y correcciones de los padres y abuelos; en las catequesis y comunidades cristianas, debemos crecer pidiendo perdón y ofreciendo perdón, porque no hay familia y comunidad cristiana perfecta. Es así como la fe introduce en nuestra vida al Señor entendido como amor misericordioso. «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36).

3.- La liberación de la culpa personal y colectiva es tan importante que Jesús la sitúa después de la petición de los bienes para el sostenimiento diario de nuestra vida. Vivir no es sólo comer, beber, formarse y tener salud, sino también convivir, y para hacerlo desde la perspectiva del Señor es necesario experimentar el perdón divino. Porque en la situación en que estamos nadie es un ángel; somos humanos capaces de amar, pero también de rechazar a los demás. Somos contingentes, finitos y pecadores. El perdón divino es necesario para rehacernos como personas y poder trasladarlo al perdón de los hermanos.  De lo contrario no hay salida posible a la relación personal y social. Como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la fe cristiana fue capaz de sentar de nuevo en una mesa a ingleses, franceses, alemanes e italianos, así debe ocurrir en las sociedades y familias que están fracturadas por un sinfín de intereses egoístas; porque un mundo sin perdón es un mundo de locos y un mundo corroído por la venganza; la ley es insuficiente para salvar la convivencia y construir una familia y una sociedad.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

El defecto de Dios

Un cura estaba harto de una beata que todos los días le venía a contarle revelaciones que Dios personalmente le hacía. Semana tras semana, la buena señora entraba en comunicación directa con el cielo y recibía mensaje tras mensaje. Y el cura, queriendo desenmascarar de una vez lo que de superchería había en tales comunicaciones, dijo a la mujer: 

- Mira, la próxima vez que veas a Dios dile que, para que yo me convenza de que es Él quien te habla, te diga cuáles son mis pecados, ésos que yo solo conozco. 

Con esto pensó el cura que la mujer se callaría para siempre. Pero a los pocos días regresó la beata. - ¿Hablaste con Dios? – Sí. - ¿Y te dijo mis pecados? - Me dijo que no me los podía decir porque los ha olvidado. 

Con lo que el cura no supo si las apariciones aquellas eran o no verdaderas. Pero supo que la teología de aquella mujer era buena y profunda: porque la verdad es que Dios no sólo perdona los pecados de los hombres, sino que una vez perdonados, los olvida. (Manuel Sánchez Monge). Ser olvidadizo es su defecto.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 17 de septiembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical
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Cristo en medio de nosotros

Publicado el 09/09/2017

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 ó 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año». El tiempo «durante el año» comienza el lunes siguiente al domingo que cae después del 6 de enero y se continúa hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive: comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y se acaba antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. Por esta causa, se usa una serie de formularios para los domingos y ferias de este tiempo, que se encontrarán en el Misal y en la Liturgia de las Horas. (NUAL, núm. 43-44).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXIII

[Año A:  Ezequiel 33, 7-9; Romanos  13,8-10; Mateo 18,15-20]

Apóstol: «El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor».

Evangelio: «Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

2. Meditación

1.- El Evangelio trata, primero, de la corrección fraterna que se da en las comunidades cristianas, con un proceso que va de una amonestación privada a otra pública, como se ha mantenido a lo largo de la historia de Israel y de la Iglesia (cf. Levítico 19,17; Deuteronomio 19,15). A continuación afirma que la expulsión definitiva corresponde a la comunidad; así lo hace en nombre de ella la autoridad de Pedro y demás discípulos. Es el Colegio Apostólico ―Papa y Obispos―, el que indica los cauces de amor en los que se visibiliza la fe cristiana al mundo. Tercero: Jesús asegura su presencia en medio de la comunidad cuando reza y pide ayuda en común al Padre del cielo. Jesús traslada a sus discípulos su experiencia de Dios como hijo de Israel, donde se hace presente como preámbulo a la Eucaristía y en todas las situaciones en los que nos reunimos para relacionarnos con el Señor. Orando como Jesús, con Jesús, desde Jesús siempre acertaremos a relacionarnos con el verdadero Señor, sin proyecciones interesadas, personales o comunitarias.

2.- La comunidad cristiana funciona cuando el amor, y el amor entendido como servicio, es la actitud básica: «El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10,45); «Jesús […], se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. […] Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros» (Juan 13,3-14). Cuando el amor no funciona, el mismo cristiano renuncia a pertenecer a la comunidad; a pesar de ello, la oferta de perdón para permanecer o integrarse de nuevo debe ofrecerla siempre la comunidad, como dice Jesús poco más adelante a Pedro: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18,21-22) . También Jesús inserta el perdón en la oración que nos enseñó a rezar en común, con lo que nos asegura que estará siempre ahí: «… perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mateo 6,12).

3.- Los cristianos sufrimos mucho ante los escándalos de nuestros hermanos. Primero andamos divididos en mil fracciones; después, los descreídos al uso nos lo dicen, y nosotros mismos somos conscientes de que debemos demostrar con palabras y hechos de servicio nuestras relaciones, que tantas veces expresan desprecio y exclusión mutua. Esto no es tan fácil, porque parece que algunos tienen bula para hacer lo que quieran mientras otros tienen que ser coherentes con la fe cristiana. Con todo, hay que corregir e indicar quiénes hacen el bien y respetan el Evangelio y quiénes se aprovechan de él para cosas que nada tienen que ver con el servicio mutuo. Por eso la advertencia de Jesús, que viene ya de los profetas de Israel y aconseja Santiago: «Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida» (Ezequiel 33,9); «Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte, sepa que quien convierte a un pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados» (Santiago 5,19-20). Si no hace caso el que peca y escandaliza, no se le puede condenar, porque la Iglesia está imposibilitada para hacerlo ―sólo puede certificar la salvación y la santidad de sus hijos―. La Iglesia sólo puede indicar quién no pertenece a la comunidad de fe, y mantener una actitud de ayuda permanente hacia él.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

El hombre que corrigió al emperador

Una leyenda cuenta que el emperador estaba de caza: al ir a buscar un ave que había caído en un maizal, quedó admirado del cultivo; se olvidó de la presa y se dedicó a recoger las magníficas mazorcas. De pronto, aparece el dueño y se sorprende al ver al mismísimo emperador frente a él. En tono grave lo interpela: -¡Yo no sabía que el emperador robase!

El soberano sin argumentos le respondió: -Tienes razón al decirme esto; te devuelvo las mazorcas.

Pero el campesino, con una sonrisa, le dice: -Majestad, es una broma. No tiene que devolverme nada. Es un honor que se lleve los frutos de mi trabajo.

El emperador insistía en devolverlas y el súbdito que se las quedase. Finalmente el emperador dijo: -Está bien: yo recibo tus mazorcas como un regalo, pero tú tendrás que aceptar un obsequio de mi parte. Te doy mi capa. El campesino aceptó la prenda. El monarca, apenas llega al palacio, convoca a su corte y con rostro afligido les dice: -Hoy ha ocurrido algo terrible: al internarme en un maizal, salió a mi encuentro un hombre y me robó la capa.

Todos exclamaron: -¡Es reo de muerte!

-¡Vayan a buscarlo!, dijo el emperador.

Al rato aparece el acusado, temblando de pánico. El emperador, entonces, se dirige a sus ministros: -¿Veis a este hombre? Él vale más que todos vosotros. Porque hasta ahora nadie se atrevió a corregirme, a decirme la verdad sobre mi conducta. Él lo hizo. Por eso, a partir de ahora, quiero que esté siempre a mi lado y siga corrigiéndome.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 10 de septiembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical
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El trigo entre cizañas

Publicado el 22/07/2017

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 ó 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año». El tiempo «durante el año» comienza el lunes siguiente al domingo que cae después del 6 de enero y se continúa hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive: comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y se acaba antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. Por esta causa, se usa una serie de formularios para los domingos y ferias de este tiempo, que se encontrarán en el Misal y en la Liturgia de las Horas. (NUAL, núm. 43-44).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XVI

[Año A:  Sabiduría 12,13.16-19; Romanos  8,26-27; Mateo 13,24-43]

Apóstol: «El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables».

Evangelio: «Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será el fin del tiempo: el Hijo del Hombre enviará sus ángeles y arrancarán de su reino a todos los corruptos y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

2. Meditación

1.- Jesús da a Dios el juicio de la historia y de nuestras vidas. San Pablo nos lo dice con otras palabras: «Para mí lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano; ni siquiera yo me pido cuentas. La conciencia, es verdad, no me remuerde; pero tampoco por eso quedo absuelto: mi juez es el Señor. Así, pues, no juzguéis antes de tiempo, dejad que venga el Señor. Él iluminará lo que esconden las tinieblas y pondrá al descubierto los designios del corazón; entonces cada uno recibirá de Dios lo que merece» (1Corintios 4,3-5). Nadie se puede erigir en «señor» de nuestra conciencia, pues no tiene los criterios y las armas para emitir un juicio justo sobre la historia humana, parcial o totalmente, cuando sabemos, en parte, las manipulaciones y las visiones interesadamente falsas de la misma. Que el Señor se haga cargo de la vida personal y colectiva nos infunde paz y sosiego, porque es el único que sabe y quiere la identidad bondadosa de todo cuanto existe: «Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno» (Génesis 1,31).

2.– Muchas veces la Iglesia, las comunidades religiosas y las instituciones cristianas han caído en la tentación de separar el trigo de la cizaña antes de la cosecha final, como si tuvieran todos los elementos para juzgar una vida o una colectividad. Se ha confundido con mucha frecuencia los criterios básicos de convivencia cristiana con un perfeccionismo que conduce a recluir en el secretismo las imperfecciones y pecados, y exteriorizar la perfección evangélica adaptada al tiempo  y costumbres de la época; las formas donde se expresa la vida evangélica ni crean la salvación ni erradican el mal interior y preserva del exterior. Debemos ser conscientes de que el trigo y la cizaña existen permanentemente en el mundo y en la Iglesia. Los Padres decían que la Iglesia es, a la vez, «casta/meretrix», «fiel e infiel» al Señor. Hacer de la Iglesia y de nuestras comunidades y familias comunidades perfectas  y vivir desde esa perspectiva es falso, y la perjudicamos gravemente, porque la situamos en una nube desde la cual no se puede aplicar el mensaje de salvación de Jesús.

3.– Si aceptamos que nuestra vida personal está sembrada de trigo y de cizaña, hemos dado un paso trascendental para comprender la sociedad, la Iglesia y la convivencia humana. Así nunca excluiremos a nadie de las relaciones de nuestra vida. Porque sabremos captar la dimensión de bondad que entrañan las personas, y no sólo el mal que hacen y generan. Para ello es esencial experimentar a Dios como amor, y aceptar en nuestra conciencia que, si somos imagen y semejanza de Él, poseemos un fondo de bondad que podemos compartirlo con aquellos con quienes nos  ha tocado vivir. Se entrelazan entonces las relaciones de bien, que hacen florecer y valorar el trigo, y las relaciones egoístas. Pero hay que dejar que la cizaña se seque, o al menos no ocupe un lugar preponderante y central en nuestra conciencia y en nuestras relaciones sociales y cristianas. No estemos constantemente pensando en la cizaña, soltemos el veneno del mal interior, no aumentemos la maldad social y cultural. Es el Señor quien dilucida al final de nuestra vida el bien y el mal, por eso vivimos el presente con la paz de que nuestras vidas están en manos de un Padre y una Madre que nos quiere más que nosotros a nosotros mismos.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

Mal que produce bien

Dijo un día el Maestro: -”No estaréis preparados para combatir el mal, mientras no seáis capaces de ver el bien que produce”. Aquello supuso para los discípulos una enorme confusión que el Maestro no intentó siquiera disipar.

Al día siguiente, les enseñó una oración que había aparecido garabateada en un trozo de papel de estraza hallado en el campo de concentración de Ravensburg: “Acuérdate, Señor, no sólo de los hombres y mujeres de buena voluntad, sino también de los de mala voluntad. No recuerdes tan sólo el sufrimiento que nos han causado. Recuerda también los frutos que hemos dado, gracias a ese sufrimiento: la camaradería, la lealtad, la humildad, el valor, la generosidad y la grandeza de ánimo que todo ello ha conseguido inspirar. Y, cuando los llames a juicio, haz que todos esos frutos que hemos dado sirvan para su recompensa y su perdón”. [Anthony de Mello].

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 23 de julio (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical
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