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Publicado el 21/04/2018

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

50 días de Pascua

Catequesis o sentido de la celebración

¿Qué es el Tiempo pascual? La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van del domingo de Resurrección al domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como el «gran domingo».

Sacramentos pascuales. Para aquellos adultos que han recibido la iniciación cristiana durante la Vigilia pascual, este tiempo ha de considerarse como un tiempo de «mistagogia». En todas partes, además, durante la octava de Pascua hágase memoria en la plegaria eucarística de los que han recibido el bautismo en la Vigilia pascual.

Los neófitos [o recién bautizados] tengan reservado un lugar especial entre los fieles durante todo el tiempo pascual, en las Misas dominicales. Los neófitos procuren participar en las Misas junto con sus padrinos. En la homilía y, en cuanto sea posible, en la plegaria universal o de los fieles, hágase mención de ellos. [...]. Es muy conveniente que los niños reciban su primera comunión en estos domingos pascuales.

 Los pastores han de recordar y explicar a los fieles durante el tiempo pascual el sentido del precepto de la Iglesia de recibir la Eucaristía en este tiempo a los cristianos que ya han hecho la primera comunión. Se encarece que durante este tiempo, y especialmente durante la semana de Pascua, se lleve la comunión a los enfermos.

¿Cuándo termina? El domingo de Pentecostés concluye este sagrado período de cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramados sobre los apóstoles, el comienzo de la Iglesia y el inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones. Se recomienda la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigilia de Pascua, sino más bien de oración intensa según el ejemplo de los apóstoles y discípulos, que perseveraban unánimemente en la plegaria juntos con María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu Santo.

[CPFP. Congregación para el Culto divino, 1988, nº- 100. 102-104. 107]

El color litúrgico de este día y tiempo es el BLANCO.

1. Lecturas del IV Domingo de Pascua

[Año B: Hechos de los apóstoles 4, 8-12; 1 Juan 3, 1-2; Juan 10, 11-18]

Apóstol: «Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no le conoció a Él. Queridos: ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es».

Evangelio: «Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor».

2. Meditación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este tiempo  en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Por la ofrenda de su Cuerpo realizada en la cruz, él llevó a su plenitud los sacrificios de la antigua alianza y al entregarse a ti, Padre, para salvarnos, se hizo por nosotros sacerdote, altar y víctima. (Prefacio V de Pascua)

1.- Entre setiembre y octubre se celebra la fiesta de los Tabernáculos. Los hebreos recuerdan durante siete días cuando vivían en tiendas antes de conquistar la tierra prometida. En este tiempo tenían en el Tabernáculo el candelabro de los siete brazos, los panes de la proposición, y en un sitio más recogido el Arca de la Alianza, que contenía las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y una porción del maná (cf. Heb 9,4). Durante esta fiesta, Jesús se ofrece como el agua viva, la luz del mundo, el Hijo y Enviado del Padre, y después de enseñar cuál es el itinerario de la fe al ciego de nacimiento, se propone como el buen Pastor. En los capítulos del ciego de nacimiento y de la resurrección de Lázaro (cf. Jn 9.11), Juan presenta las tensiones que hay entre los responsables de la fe hebrea y Jesús. Tal es así, que desvela dos mundos irreconciliables: expulsan al ciego de la Sinagoga, y cuando se queda solo: sin familia, sin conciudadanos, sin Dios, es cuando «ve» a Jesús como Mesías: cree en él. La tensión entre los judíos y Jesús continúa en el evangelio que acabamos de leer. Jesús es el buen Pastor, como el Señor fue el buen Pastor de Israel desde que los sacó de Egipto y los introdujo en la Tierra prometida. Y será su pastor cuando los conduzca de nuevo desde el destierro a Sión (cf. Jer 31,10; Is 40,10).  También será un buen Pastor un descendiente de la casa de David, como personaje único, como único será el rebaño. Y este pastor se diferenciará claramente de los que no cuidan el rebaño, porque son asalariados, mientras él entra por la puerta, y conoce a las ovejas, y ellas lo conocen a él. Esta tensión se prolonga y culmina cuando acuerdan la muerte de Jesús porque ha resucitado a Lázaro: «Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos, y nos destruirán el lugar santo y la nación» (Jn 11,48).

2.- Conocimiento y amor al rebaño es lo que diferencia a los buenos pastores de los malos. Es una alusión a los que cuidan la religión de Israel, y es también Jesús el nuevo tabernáculo, que sustituye definitivamente al viejo cuando el Señor lo resucita de entre los muertos. Él es el nuevo templo del Señor (cf. Jn 2,19-22), porque ha establecido la auténtica relación de amor fraterno, que es la que revela la religación de amor con el Señor. Pero la vida de Jesús, en la que en el tiempo de Juan ya se contempla con la pasión y muerte, va más allá de la imagen que entraña el Señor como Pastor en la historia de Israel. Jesús, buen Pastor, da la vida, entrega su vida, no duda en llevar su entrega por sus hermanos hasta la muerte. Es la imagen cabal del Pastor opuesta a los asalariados que abandonan el rebaño ante cualquier peligro; y peor: los que usan el rebaño para beneficio propio; lo contrario al amor. Pero Jesús también es pastor de los que aún no pertenecen a su rebaño. El mandato que da a sus discípulos antes de introducirse en la gloria del Padre es muy explícito: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). La comunidad cristiana no puede olvidar que Jesús es de todos, y dicha conciencia la debe hacer explícita por la proclamación de la Palabra y por hechos de amor.

3.- Jesús es el único pastor de su Iglesia, además de ser su cabeza. Los demás que él ha constituido pastores no lo sustituyen, sino son signos de su presencia. Jesús, aunque esté sentado a la derecha del Padre, no abandona a su rebaño, porque le ha dado su Espíritu. Pero los que él ha hecho pastores, representantes suyos, deben vivir la experiencia de amor divino, que les lleva a dar la vida por el rebaño, si es necesario. Es la única manera que hay para que el «rebaño tenga vida, y la tenga en abundancia». Por eso no se puede concebir en la Iglesia un pastor egoísta, que huya ante las adversidades, sobre todo en este tiempo en que están martirizando y asesinando a muchos cristianos en Oriente Medio y en África. – Por otra parte, vivimos en un mundo donde se dan toda clase de ideologías, sentidos de vida, propuestas de felicidad humana fundadas en creencias muy diferentes. Y lo que es peor: es que tales ofertas de felicidad o de fe son expresiones de nuestra mente, de nuestra imaginación, de nuestra inteligencia, de nuestra buena voluntad. Y hay que entrar por la puerta del aprisco, es decir, por Jesús, que es el único Mediador y Centro de las relaciones con Dios y con los hermanos, porque es «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Él nos da la seguridad de que andamos en el camino correcto, y su revelación del Señor es la que en verdad es y existe: Dios es amor y nos ha dado a Jesús para nuestra salvación (cf. Juan 3,16; 1Jn 4,8.16).

Fray Francisco Martínez Fresneda ofm  [http://familiafranciscana.com/2018]

 3. Contemplación

Lo que no se puede enseñar

Un rey envió a su hijo al maestro para que lo formase en ciencia y en verdad. El maestro le dijo: – “Hay cosas que no se pueden enseñar. Sólo se pueden indicar. Mira, toma esas cuatrocientas cabezas de ganado, vacas, bueyes, ovejas, cabras, llévalas al bosque profundo donde nadie llega, cuídalas en silencio, y cuando las cuatrocientas sean mil, vuelve a mí”.

El muchacho partió, escogió el lugar y quedó en solitario apacentando el ganado. Se aburrió, se desesperó, se calmó, se encontró. El silencio apagó las palabras y acalló el pensamiento. Su ser entero se sintió uno con la naturaleza y los árboles y los prados y el ganado y la vida. Aprendió lo que no se podía enseñar. Vio lo que no se podía leer. Sintió lo que no se podía expresar. Se olvidó de contar el ganado, y de por qué estaba allí.

Alcanzó la iluminación. Un día, los mugidos del ganado le hicieron caer en la cuenta de que ya no cabían en el valle. Eran ya más de mil. Sonrió al recordar la misión que le había llevado allí. Recogió el ganado y lo pastoreó sin prisas hacia la morada del maestro.

Al ver al maestro, el discípulo se inclinó profundamente ante él. Y el maestro, con la misma elegante generosidad, se inclinó profundamente ante el discípulo. Por fin, había aprendido lo que no se puede enseñar. Nada que merezca la pena puede ser enseñado. Sólo pueden crearse situaciones en que uno aprenda consigo mismo y con Dios. Ésa es la labor del maestro, del padre, de la madre, del pastor. [Carlos G. Vallés]

Selección de Fray Francisco Arias Marcelo, OFM.  [Fraternidad de Mérida]

 Agenda del Santuario

 La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Pascua, 22 de abril (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe

  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

 Pida un ejemplar gratuito y suscríbase a esta revista de la Virgen, decana de la prensa extremeña. Son cinco números al año y almanaque de pared (tamaño folio, portadas y 40 páginas en papel satinado a todo color): 19 €. Suscríbase ahora mismo en  guadalupe.mcs1916@gmail.com o Revista Guadalupe  Real Monasterio s/n  10140 GUADALUPE (Cáceres)

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Vosotros sois testigos

Publicado el 14/04/2018

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

50 días de Pascua

Catequesis o sentido de la celebración

¿Qué es el Tiempo pascual? 100. La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van del domingo de Resurrección al domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como el «gran domingo».

Sacramentos pascuales. 102. Para aquellos adultos que han recibido la iniciación cristiana durante la Vigilia pascual, este tiempo ha de considerarse como un tiempo de «mistagogia». En todas partes, además, durante la octava de Pascua hágase memoria en la plegaria eucarística de los que han recibido el bautismo en la Vigilia pascual.

103. Los neófitos [o recién bautizados] tengan reservado un lugar especial entre los fieles durante todo el tiempo pascual, en las Misas dominicales. Los neófitos procuren participar en las Misas junto con sus padrinos. En la homilía y, en cuanto sea posible, en la plegaria universal o de los fieles, hágase mención de ellos. [...]. Es muy conveniente que los niños reciban su primera comunión en estos domingos pascuales.

 104. Los pastores han de recordar y explicar a los fieles durante el tiempo pascual el sentido del precepto de la Iglesia de recibir la Eucaristía en este tiempo a los cristianos que ya han hecho la primera comunión. Se encarece que durante este tiempo, y especialmente durante la semana de Pascua, se lleve la comunión a los enfermos.

 Costumbres pascuales. 106. Según la diversidad de países y culturas, existen muchas costumbres populares vinculadas con las celebraciones del tiempo pascual que quizá suscitan una mayor participación popular que a las mismas celebraciones litúrgicas. Tales costumbres no han de ser despreciadas, dado que a menudo expresan bien la mentalidad religiosa de los fieles. Las Conferencias Episcopales y los Ordinarios del lugar preocúpense para que estas costumbres, que pueden favorecer la piedad, puedan ser ordenadas del mejor modo posible con la liturgia, se llenen profundamente de su espíritu y guíen al Pueblo de Dios hacia la misma.

¿Cuándo termina? 107. El domingo de Pentecostés concluye este sagrado período de cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramados sobre los apóstoles, el comienzo de la Iglesia y el inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones. Se recomienda la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigilia de Pascua, sino más bien de oración intensa según el ejemplo de los apóstoles y discípulos, que perseveraban unánimemente en la plegaria juntos con María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu Santo.

[CPFP. Congregación para el Culto divino, 1988]

El color litúrgico de este día y tiempo es el BLANCO.

1. Lecturas del III Domingo de Pascua

[Año B: Hechos de los apóstoles 3, 12-15. 17-19; 1 Juan 2, 1-5a; Lucas 24, 35-48 ]

Apóstol: «Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. En esto sabemos que le conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: “Yo le conozco” y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él».

Evangelio: «Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió: –Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

2. Meditación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor; pero más que nunca exaltarte en este tiempo  en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado. Porque con la destrucción del pecado son renovadas todas las cosas, y queda restaurada en Cristo la plenitud de nuestra vida. (Prefacio IV de Pascua)

1. El resucitado, compañero de camino. Así lo expresan los evangelistas, mostrando signos de identidad del resucitado en el camino humano. Él quita el fantasma y la amenaza de la soledad, ampara el camino humano con acompañamiento, de otra manera se hace poco menos que imposible. Esta cualidad divina es la que Jesús resucitado actualiza constantemente en el mundo con dos signos en el evangelio de hoy y que como imágenes suyas que somos estamos capacitados para recrear. Son dos formas de decir cómo el Resucitado está en la vida.

A. Mostrando las llagas de sus manos, sus pies, su costado roto para indicar que Dios resucita a un crucificado. Quiere hacer entender que no hay que olvidar que el lado oscuro de la vida, la debilidad histórica, tiene futuro, tiene salidas hacia la plenitud y que más allá de esto y superándolo hay vida, hay resurrección.

El Padre ha resucitado a un crucificado y a los crucificados por su pobreza, por su pecado; es un Padre solidarizado con las víctimas, los perseguidos, los juzgados, maltratados, y un largo etc., que no tienen otro defensor. Así a la vez libera de la muerte a los más desdichados y vulnerables y está haciendo justicia, pues la última palabra no la tienen ni el verdugo, ni la violencia, sino las víctimas y el amor. Así reacciona ante lo que los hombres han hecho con su Hijo y se identifica con los sufridos y crucificados de hoy. Aunque parece que se calla ante los que penden de la cruz, termina manifestándonos que los sufrientes no están solos.

B. Come con sus discípulos un trozo de pescado asado. No se desentiende del camino humano, ni lo abandona, sigue apostando por él. Así comparte la necesidad del alimento, comiendo lo que ellos le ofrecen y tienen.

Jesús se “alimenta” con nuestros mismos peces, comparte nuestra vida y necesidades y él nos alimenta y acompaña “por dentro” en nuestras debilidades. La Pascua es tiempo de compartir la Palabra y el pan en la Eucaristía.

2. Fe en el resucitado. La fe en el resucitado no es automática, se desarrolla entre dudas e interrogantes. Cuando estamos crucificados, porque ha aparecido el lado oscuro de nuestra vida, los problemas nos asaltan, la dureza de una enfermedad, el contratiempo de la fraternidad, la comunión…, es poco menos que imposible superarlos, no es fácil ver la compañía del resucitado, no es fácil vivir la fe, reconocer a Jesús. La fe nace, crece desde la propia experiencia. En el evangelio, los de Emaús, contaban cómo lo reconocieron resucitado al partir el pan, pero la mayoría no sabe nada, hasta que lo experimentan y reconocen con el deseo de su paz. Se asustan, tienen miedo, le ven como un fantasma o no se lo creen por la alegría. Reconocer que el Dios de la vida es fiel y no abandona, “abrírseles el entendimiento” para comprender las Escrituras requiere encuentro, signos, tiempo, reflexión, mirar las llagas del resucitado, asimilar que en su cruz él clavó ya nuestro dolor y nuestros problemas y nos invita a mirar hacia arriba, no con la vista plana y entender que el aparente fracaso de la cruz es camino seguro de felicidad. Es el camino del Espíritu de Jesús. Solo la vida entregada por amor no muere con la muerte, perdura para siempre.

3. Hacerse testigos. Resucitados, testigos de su nombre, recordatorios de su amor, contagiados que no pueden parar de hablar, ni de acompañar por la nueva vida causada por su encuentro es ser cristianos. Es el tiempo para dar testimonio de cómo vive Jesús “dentro de nosotros”, no de lo que sabemos de él teóricamente como papagayos. Tiempo de ser maestros de vida, testigos de esperanza y del valor de lo humano, pues Jesús lo fecunda y hace fuerte. Nuestra vocación es vivir la resurrección en nuestra propia humanidad, en nuestra debilidad, construyendo fraternidad, solidaridad y acompañamiento como Jesús hizo desde la cruz. La alegría a los discípulos no les dejaba creer. Aprender a ver todo lo positivo, tanto bien como hay a nuestro alrededor, tantas personas capaces de no pensar mal, capaces de hacer ante todo el bien, de descubrir la belleza que los rodea, son pruebas de las posibilidades que tenemos como hombres y mujeres para andar el camino de nuestra vida, resucitados. Para acompañar hay que tocar, estar cerca y vivir, como Jesús, las distancias cortas del abrazo: con el “leproso” de hoy, sacando del pozo en sábado, cuestionando rigorismos y cumplimientos culpabilizantes, estando cerca de los hermanos más débiles.

Fray Pedro Juan Alonso O.P.  [https://www.dominicos.org/2018]

 3. Contemplación

“¿Es usted Jesús?”

Un grupo de comerciantes fue a una convención de ventas. La convención se alargó, y llegaban retrasados al aeropuerto. Entraron todos corriendo por los pasillos. De repente, y sin quererlo, uno de ellos tropezó con una mesa que tenía una canasta de manzanas. Las manzanas rodaron por el suelo. Sin detenerse, los comerciantes siguieron corriendo para subirse al avión.

Todos menos uno. Éste se detuvo, respiró hondo, y experimentó un sentimiento de compasión por la dueña del puesto. Le dijo a sus amigos que siguieran y le pidió a uno que le dijera a su esposa que llegaría en el siguiente vuelo. Volvió sobre sus pasos, encontrándose todas las manzanas tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme cuando vio que la dueña del puesto era una niña ciega. La encontró llorando, con enormes lágrimas corriendo por sus mejillas.

Tanteaba el piso, tratando de recoger las manzanas, mientras la multitud pasaba, sin detenerse ni importarle su desdicha. El hombre se arrodilló con ella, juntó las manzanas, las puso en la canasta y le ayudó a montar el puesto. Mientras lo hacía, se dio cuenta de que muchas estaban magulladas. Las tomó y las puso en otra canasta. Cuando terminó, sacó su cartera y le dijo a la niña: - Toma, por favor, estos cien pesos por el daño que hicimos.

Ella, llorando, asintió con la cabeza. Conforme el vendedor se alejaba, la niña le gritó:- Señor…, ¿es usted Jesús…?

Para encontrarnos con Jesús, hemos de descubrir las manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, los pies caminando con los olvidados, descubriendo sus heridas. Es ese Jesús el que ahora vive resucitado.

Selección de Fray Francisco Arias Marcelo, OFM.  [Fraternidad de Mérida]

 Agenda del Santuario

 La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Pascua, 15 de abril (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe

  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
 

 Pida un ejemplar gratuito y suscríbase a esta revista de la Virgen, decana de la prensa extremeña. Son cinco números al año y almanaque de pared (tamaño folio, portadas y 40 páginas en papel satinado a todo color): 19 €. Suscríbase ahora mismo en  guadalupe.mcs1916@gmail.com o Revista Guadalupe  Real Monasterio s/n  10140 GUADALUPE (Cáceres)

Categoría : Lectio dominical
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Se llama Misericordia

Publicado el 07/04/2018

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

50 días de Pascua

Catequesis o sentido de la celebración

¿Qué es el Tiempo pascual? 100. La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van del domingo de Resurrección al domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como el «gran domingo».

Sacramentos pascuales. 102. Para aquellos adultos que han recibido la iniciación cristiana durante la Vigilia pascual, este tiempo ha de considerarse como un tiempo de «mistagogia». En todas partes, además, durante la octava de Pascua hágase memoria en la plegaria eucarística de los que han recibido el bautismo en la Vigilia pascual.

103. Los neófitos [o recién bautizados] tengan reservado un lugar especial entre los fieles durante todo el tiempo pascual, en las Misas dominicales. Los neófitos procuren participar en las Misas junto con sus padrinos. En la homilía y, en cuanto sea posible, en la plegaria universal o de los fieles, hágase mención de ellos. [...]. Es muy conveniente que los niños reciban su primera comunión en estos domingos pascuales.

 104. Los pastores han de recordar y explicar a los fieles durante el tiempo pascual el sentido del precepto de la Iglesia de recibir la Eucaristía en este tiempo a los cristianos que ya han hecho la primera comunión. Se encarece que durante este tiempo, y especialmente durante la semana de Pascua, se lleve la comunión a los enfermos.

 Costumbres pascuales. 106. Según la diversidad de países y culturas, existen muchas costumbres populares vinculadas con las celebraciones del tiempo pascual que quizá suscitan una mayor participación popular que a las mismas celebraciones litúrgicas. Tales costumbres no han de ser despreciadas, dado que a menudo expresan bien la mentalidad religiosa de los fieles. Las Conferencias Episcopales y los Ordinarios del lugar preocúpense para que estas costumbres, que pueden favorecer la piedad, puedan ser ordenadas del mejor modo posible con la liturgia, se llenen profundamente de su espíritu y guíen al Pueblo de Dios hacia la misma.

¿Cuándo termina? 107. El domingo de Pentecostés concluye este sagrado período de cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramados sobre los apóstoles, el comienzo de la Iglesia y el inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones. Se recomienda la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigilia de Pascua, sino más bien de oración intensa según el ejemplo de los apóstoles y discípulos, que perseveraban unánimemente en la plegaria juntos con María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu Santo.

[CPFP. Congregación para el Culto divino, 1988]

El color litúrgico de este día y tiempo es el BLANCO.

1. Lecturas del II Domingo de Pascua

[Año B: Hechos de los apóstoles 4, 32-35; 1 Juan 5, 1-6 ; Juan 20, 19-31]

Apóstol: «En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor. Todos eran muy bien vistos. Ninguno pasaba necesidad, pues los que poseían tierras o casas las vendían, traían el dinero y lo ponían a disposición de los apóstoles; luego se distribuía según lo que necesitaba cada uno».

Evangelio: «Jesús le dijo: –¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre».

2. Meditación

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación glorificarte siempre, Señor;
pero más que nunca exaltarte en este tiempo  en que Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado.
Por Él, los hijos de la luz nacen a la Vida eterna, y se abren para los creyentes las puertas del reino de los cielos, porque en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida, y en su Resurrección todos hemos resucitado a la Vida. (Prefacio II de Pascua)

1.- Al término la Octava de pascua, la Palabra de Dios de este domingo gira en torno a la centralidad de la fe en Jesús resucitado, como núcleo del kerigma cristiano que debemos anunciar al mundo: ¡El crucificado ha resucitado! El creyente, no es propiamente quien convivió directamente con Jesús. No pocos de sus conciudadanos lo vieron caminar por sus ciudades, anunciar la Buena Nueva del Reino, curar enfermos, y, sin embargo, no se convirtieron en creyentes. El creyente se constituye como tal cuando se da el encuentro personal, íntimo, profundo, con el Jesús que se nos revela resucitado. La incredulidad de Tomás se convierte en una bendición para nosotros que no vimos a Jesús con nuestros propios ojos, hace unos 2000 años, cuando predicó en Galilea y murió crucificado en Jerusalén. Creemos sin haberlo visto, humanamente hablando, pero sí, habiéndolo experimentado resucitado y vivo en nuestras vidas, tantos siglos después. Esto es lo que nos hace receptores de la alabanza del Jesús resucitado: ¡Dichos los que no han visto y han creído!

2.- Las dudas de Tomás son las dudas de todos. La razón no alcanza a entender el misterio que supone el hecho en sí de la resurrección de Jesús. Se siente desbordada. Impotente. La fe no se impone por la fuerza. Menos aún, requiere de una cruzada contra el mundo para que sea aceptado el mensaje de que Jesús venció la muerte. La fe surge como don del Señor resucitado, fruto del encuentro personal con Él. Donde Dios toma la iniciativa y el hombre responde libremente. Sin esta experiencia de encuentro personal con el Jesús resucitado la fe no nace. Antes que un conjunto de verdades, es una experiencia interior, un encuentro vivo, un don que se acoge libremente y transforma la existencia. Don pascual del Espíritu que ha sido derramado en nuestros corazones. El punto de arranque de la vida cristiana. Al que debemos volver permanentemente para renovar nuestras vidas como creyentes. Sí que la fe en Jesús resucitado nos exigirá, como respuesta e imperativo interior del Espíritu en nosotros, a que demos testimonio de esta experiencia pascual ante los demás. Que la anunciemos, con nuestra predicación y estilo de vida evangélica. Que superemos todos los miedos interiores que nos paralizan. Gracias al testimonio de quienes convivieron con Jesús y, especialmente, lo vieron resucitado, los que pudieron identificar al crucificado por sus llagas y heridas con el resucitado glorioso y vencedor de la muerte, podemos hoy identificar nuestra propia experiencia de fe con la de los primeros cristianos. Posiblemente, no todo el mundo creerá en la veracidad de la experiencia personal del Jesús resucitado vivo en nosotros. Ni en la Palabra misma de Dios que lo atestigua. Dudarán de que Jesús haya resucitado verdaderamente. Incluso, nosotros como creyentes, no pocas veces nos invaden todo tipo de dudas de fe. Todos nos debemos acoger a la Divina Misericordia de Dios y pedir humildemente el don de la fe. Y, al reencontrarnos nuevamente con Él, responder como Tomás: ¡Señor mío y Dios mío! E invitar a todo el mundo al encuentro personal con Jesús resucitado, como inicio de una vida nueva, renovada, iluminada por la luz pascual.

3.- Fe y amor van juntos.  El creyente es aquel cuya fe le permite, además, contemplar al Señor resucitado en todo crucificado. En el prójimo y en sí mismo. El resucitado no es un “espíritu desencarnado”, sino alguien real y concreto, con sus llagas y padecimientos. El creyente lo puede “tocar” en los enfermos, los marginados, los que padecen soledad, violencia y todo tipo de afrenta a su dignidad. También “palparlo” compartiendo sus propias heridas, su enfermedad o sufrimientos, despertando esperanza en su vida y dándole paz y consuelo en el dolor. Experimentarlo vivo, como Alguien que asume su causa y le da esperanza pascual. La autenticidad de la fe en Jesús resucitado lleva al creyente a compartir, no sólo su “bien espiritual” –su fe–, sino también los bienes materiales y privilegios de que dispone en su vida, por ejemplo, sociales, económicos, sanitarios, educativos, jurídicos, con los necesitados de todo tipo: emigrantes, refugiados, personas sin techo, sin trabajo, sin cobertura social, sin acceso a derechos humanos básicos, con otras creencias o ideologías, alejados de la Iglesia… No se puede creer y no amar. Vivir la fe sin romper los muros que nos separan, no anhelar que lleguemos a tener la humanidad entera “un solo corazón y una sola alma”. Para el creyente, el prójimo es un hermano o una hermana que, aunque no comparta su misma fe, lo considera igual en dignidad, hijo e hija de Dios, hermano y hermana en Cristo. La presencia de Jesús resucitado en medio de la comunidad da paz y quita miedos. La victoria de Jesús sobre el pecado y la muerte, es la victoria de Dios sobre el poder que impide la vida total y plena a la humanidad. Como creyentes no podemos seguir encerrados en un mundo de miedos, paralizados, desanimados, con sentimientos de fracaso. Nuestra esperanza no está puesta en si nuestros templos están llenos o vacíos de fieles, sino en el poder de la resurrección de Jesús sobre el pecado y la muerte. Por Él tenemos asegurada la victoria final: de que un mundo diferente es posible como don del resucitado. Él es quien garantiza que el bien vencerá al mal. Que la humanidad entera gozará de los bienes del resucitado. La esperanza que alienta al creyente en su vida de testigo del resucitado.

Fray Rafael Colomé Angelats O.P.  [https://www.dominicos.org/2018]

 

 3. Contemplación

 

El sermón de la hoguera

Un hombre, que asistía a las reuniones de amigos, dejó de participar. Después de algunas semanas, un miembro del grupo decidió visitarlo. Era una noche muy fría. El Amigo lo encontró en la casa, solo, sentado delante de la chimenea, donde ardía un fuego brillante y acogedor. Adivinando la razón de la visita de su amigo, lo condujo a la chimenea. Se hizo un gran silencio. Los dos contemplaban la danza de las llamas que ardían en los troncos de leña.

Al cabo de algunos minutos, el amigo visitante seleccionó una de las brasas, la más incandescente de todas, empujándola hacia un lado. El anfitrión prestaba atención a todo, fascinado y quieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que sólo hubo un brillo momentáneo y su fuego se apagó. En poco tiempo, lo que antes era una fiesta de calor y luz, ahora no pasaba de ser un negro, frío y muerto pedazo de carbón recubierto de una espesa capa de ceniza.

Ninguna palabra había sido dicha desde el protocolar saludo inicial entre los dos amigos. Antes de prepararse para salir, el visitante amigo manipuló nuevamente el carbón frío e inútil, colocándolo de nuevo en el medio del fuego. Casi inmediatamente, se volvió a encender alimentado por la luz y el calor de los carbones ardientes en torno a él.

Cuando alcanzó la puerta para partir, el anfitrión le dijo: – Gracias por tu visita y por el bellísimo sermón. Regresaré al grupo de amigos que tanto bien me hace. Los miembros de un grupo deben saber que, a pesar de que les parezca lo contrario, forman parte de la “llama” y que lejos del grupo pierden todo su calor, luz y brillo. Como Tomás.

Selección de Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad de Mérida]

 

Agenda del Santuario

 La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Pascua, 8 de abril (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
 

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Categoría : Lectio dominical
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