Noticias

Empiezan Jesús… y los suyos

Publicado el 20/01/2018

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Tiempo Ordinario (también “Tiempo entre el año” o “Tiempo durante el año”). En el año litúrgico, se llama tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Son treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el  Misterio pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del III Domingo del Tiempo Ordinario

[Año B: Jonás 3,1-5.10; 1Corintios 7,29-31; Marcos 1,14-20]

Profecía: «Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó».

Evangelio: «Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”».

2. Meditación

1.-  El Evangelio de hoy tiene dos partes. Jesús inicia su ministerio en Galilea, proclamando la inminencia de la llegada del reino. Con la palabra «reino» se comprende el territorio o el ámbito donde gobierna un rey. Pero, sobre todo, se entiende la acción de Dios mediante la cual gobierna su creación. Es un ejercicio, o una relación de Dios sobre la historia humana y el universo; relación de amor misericordioso.— Después de la proclamación del reino, Jesús elige a dos parejas de hermanos para que se integren en su misión. Y los elige para que le hagan compañía, para que hagan el camino con él. Jesús no revela el Reino solo, sino con un grupo de discípulos que se implican en las exigencias que dimanan de la proclamación de la nueva presencia de Dios. Seguir a Jesús, además, lleva consigo ir detrás de él; es un seguir locativo que simboliza adhesión a Jesús y exige anunciar el Reino de Dios, su misión esencial, y adquirir una conducta determinada, un género de vida específico. Los discípulos aceptan un cambio drástico en sus costumbres y la radicalidad y urgencia de proclamar el Reino. Acompañar a Jesús les cambia la vida.

2.– El contenido del Reino lo concreta Dios, no las ilusiones o imaginaciones humanas.  No se experimenta plenamente en el presente, ni se ha disfrutado en el pasado, pero se espera como la venida de Dios, mediante la cual, tanto la creación, como la humanidad, alcancen su destino final, sea cual fuere el modo como se conciba el contenido de ese final. A lo largo de la historia humana la literatura, la teología, la filosofía, etc., han descrito el final feliz o infeliz de muchísimas maneras. Con todo, lo único cierto es que el Reino futuro que rezamos en el Padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino», lo hace presente  de una manera imperceptible la vida y la palabra de Jesús. Él lo advierte ante algunos seguidores al acentuar la preeminencia de este tiempo, el principio de liberación humana del dominio de Satanás (cf. Lucas 10,18), que conduce a no practicar el ayuno (cf. Marcos 2,18-19par), y la densa e intensa actuación de Dios exige la disponibilidad del hombre para «ver y oír» lo que está haciendo y diciendo (cf. Lucas 10,23-24). Por eso debemos estar atentos al Año Litúrgico que nos describe la actuación y los dichos de Jesús. Porque saber de él ayuda a experimentarle, y experimentarle es adentrarse en la relación de amor divino que es el reino.

3.– Nuestros padres nos introdujeron en la comunidad cristiana cuando nos llevaron a la iglesia para recibir el bautismo. Nuestra fe fue creciendo en comunidad; era una participación de la fe de nuestra familia y de la comunidad creyente que se reunía en la iglesia y en las asociaciones que formaban parte de su actividad apostólica. Pero conforme maduramos, vamos asumiendo de una forma personal también la fe. Hay una etapa o momentos de nuestra vida en que nos sentimos llamados por Dios; en que nos invita a seguirle y seguirle en alguna de las ricas espiritualidades que hay en la Iglesia. Y muchos hemos sido capaces de responder a Jesús con mayor o menor implicación en las exigencias evangélicas. Pero el problema de hoy es que el ambiente social excluye las relaciones con Dios, el conocimiento y experiencia de Jesús. Y unos niños que ocupan su vida con las ricas ofertas de todo tipo que hay en la sociedad, no sentirán nunca su llamada. Porque la  llamada de Jesús comienza en la llamada de los padres a creer en él.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

La vocación de la velita

Una velita sintió aquel día curiosidad por saber para qué servía ese hilo negro y fino que sobresalía de su cabeza. Una vela vieja le dijo que era su “cabo” y servía para ser “encendida”, algo muy doloroso.

Pero ella comenzó a soñar con ser encendida. Por fin, un día, alguien la encendió. Ella se sintió feliz de recibir la luz que vence a las tinieblas y da seguridad a los corazones. Muy pronto comprendió que eso era una alegría, pero también una exigencia. Se dio cuenta de que para que la luz perdurara, tenía que alimentarla, a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse. Su alegría fue más profunda, pues entendió que su misión era consumirse al servicio de la luz y aceptó su nueva vocación.

A veces pensaba que hubiera sido más cómodo no haber sido encendida, pues en vez de derretirse, podría haber “estado ahí”, tranquilamente. Hasta tuvo la tentación de no alimentar más la llama, de dejar morir la luz para no sentirse tan molesta. También comprendió que en el mundo existen corrientes de aire que apagan la luz. Y defendió la luz de las corrientes.

Más aún: su luz le permitió mirar a su alrededor y se dio cuenta de que existían muchas velas apagadas. Unas porque nunca habían tenido la oportunidad de recibir la luz. Otras, por miedo a derretirse. Las demás, porque no pudieron defenderse de algunas corrientes de aire. Y se preguntó muy preocupada: “¿Podré yo encender otras velas?” Y descubrió también su vocación de transmitir la luz. Entonces se dedicó a encender velas, de todas las características, tamaños y edades, para que hubiera mucha luz en el mundo. Y nuestra pequeña vela fue feliz cumpliendo su vocación, hasta derretirse por completo.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 21 de enero (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

 

Categoría : Lectio dominical
  • Comparte :
Comentarios desactivados

Es él; seguidlo

Publicado el 13/01/2018

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Tiempo Ordinario (también “Tiempo entre el año” o “Tiempo durante el año”). En el año litúrgico, se llama tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Son treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el  Misterio pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del II Domingo del Tiempo Ordinario

[Año B: 1Samuel 3,3b-10. 19; 1Corintios 6,13c-15a.17-20; Juan 1,35-42]

Apóstol: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha”. Samuel fue y se acostó en su sitio.  El Señor se presentó y le llamó como antes: “¡Samuel, Samuel!” Él respondió: “Habla, que tu siervo te escucha.” Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse».

Evangelio: «Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: “¿Qué buscáis?” Ellos le contestaron: “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?” Él les dijo: “Venid y lo veréis”».

2. Meditación

1.-  El Evangelio de Juan no relata el bautismo de Jesús, pero pone en boca del Bautista una serie de afirmaciones que indican su identidad. Juan dice de Jesús que preexiste con Dios; es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo; es sobre quien desciende el Espíritu de Dios; es el que bautiza con Espíritu Santo; en definitiva, es el Hijo de Dios. Jesús, pues, es de Dios, pertenece al Señor. Por eso Juan facilita la creación de la fraternidad que va a acompañar a Jesús en la predicación del reino y va a ser el símbolo de la presencia salvadora del Señor en Israel. Invita a sus discípulos a seguir a Jesús. A continuación se corre la noticia de su presencia, y unos hombres se van uniendo poco a poco a él. Entre ellos está Simón, del que Jesús sabe su origen —es hijo de Juan— y su destino —Cefas—, la piedra sobre la que edificará su Iglesia.

2.-   El detalle del conocimiento superior de Jesús sobre los que se le van uniendo —Pedro, Natanael, etc.— enseña que es más que un maestro. Es la Palabra que se ha hecho vida humana (cf. Juan 1,14); es la revelación última y definitiva de Dios a la humanidad (cf. Hebreos 1,1-2). No cabe esperar nadie más que nos pueda decir quién es el Señor y cuál es su voluntad salvadora. Pero la importancia de Jesús fundada sobre su filiación divina —es el Hijo eterno de Dios—, se profundiza por la forma como se ha dado a conocer. Juan dice a la gente que Jesús es el cordero de Dios; es el cordero que se sacrifica en el templo en la víspera de la Pascua para celebrar la liberación de la esclavitud de Egipto. Jesús es el amor que no duda en entregarse hasta la muerte para liberarnos del mal a base de un amor transido por la cruz, pero que termina en la libertad (cf. Juan 15,13).

3.– Dos discípulos de Juan se incorporan a la vida y misión de Jesús. Andrés y Felipe transmiten la noticia a Simón y Natanael, y los cuatro harán partícipes de ella a muchos más. No olvidan la hora exacta de su encuentro con Jesús, cuando se les abrió la verdadera vida y felicidad. Y no se señala el lugar, porque el espacio que abarca Jesús es toda la tierra, es la inmensidad del universo. Así, de dos en dos, se incorporan a la fraternidad que crea Jesús. Y hoy son millones de personas los que le retienen como su salvador. Nuestra responsabilidad de extender el Reino de Jesús es igual que la de Andrés y Felipe, porque el amor del Señor se extiende por sí mismo y no podemos bloquearlo en nuestros corazones. Debemos proclamarlo y hacerlo visible con nuestras obras de amor.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

El sueño cumplido de tres arbolitos

 En la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos soñaban sobre lo que el futuro les depararía.

– “Yo quiero ser cofre que guarde oro y piedras preciosas”.

–” Yo quiero ser embarcación que lleve reyes y poderosos”.

– “Yo quiero crecer tan alto, que cuando la gente me mire, levanten su vista al cielo y piensen en Dios”.

 Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron altos. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña y cortaron los tres árboles. El primer árbol se convirtió en una caja de alimento para animales de granja. El segundo árbol fue convertido en un bote de pesca. El tercer árbol fue llevado a un almacén de madera.

Una noche, el primer árbol fue iluminado por una luz de estrella dorada cuando una joven doncella puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento, diciendo: “Este pesebre es hermoso”. Supo que contenía el tesoro más grande del mundo.

Un día, un viajero cansado y sus amigos se subieron al bote de pesca. El viajero se durmió. De repente, surgió una tormenta. Todos se llenaron de temor, pero el hombre cansado se levantó, alzó su mano y dijo: “¡Calma!” La tormenta se detuvo. Supo que él llevaba navegando al rey del cielo y de la tierra.

Un viernes, el tercer árbol fue tomado de aquel almacén, llevado entre multitudes enojadas y unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió áspero y cruel. Pero la mañana del domingo, la tierra tembló debajo de su madera. Desde entonces, cada vez que la gente piensa en el tercer árbol, sus mentes se elevan a Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 14 de enero (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
Categoría : Lectio dominical
  • Comparte :
Comentarios desactivados

Jesús, el Hijo amado de Dios

Publicado el 06/01/2018

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Tiempo Ordinario (también “Tiempo entre el año” o “Tiempo durante el año”). En el año litúrgico, se llama tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Son treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el  Misterio pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas de la Fiesta del Bautismo del Señor

[Año B: Isaías 42,1-4.6-7; Hechos de los Apóstoles 10,34-38; Marcos 1,7-11]

Apóstol: «Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».

Evangelio: «Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”».

2. Meditación

1.- Galilea es la patria chica de Jesús. Es el lugar que más tarde será la sede del Evangelio, en el que las gentes seguirán a Jesús, él escogerá a los discípulos y donde muy pronto se extenderá su fama. Del pueblo donde vive, Nazaret, o quizás desde la ciudad donde trabaja, Tiberíades, camina Jesús hacia una región distinta situada al otro lado del Jordán. Es el camino que frecuentan la mayoría de los judíos que viajan a Jerusalén desde Galilea, porque así evitan pasar por la región de Samaría, donde habita un pueblo no afecto al judaísmo. Es la misma ruta que tomará Jesús para ir a Jerusalén a celebrar la última Pascua. En este momento, un desconocido Jesús va a escuchar a Juan, famoso profeta, al que acude mucha gente para recibir el bautismo de conversión. Él también quiere recibir el bautismo.— Entonces «… fue bautizado por Juan en el Jordán» (Mc 1,9). El hecho significa que Jesús acepta el sentido que Juan le está dando al bautismo, es decir, de integrarse en el grupo de israelitas que esperan la salvación y que supone un arrepentimiento de los pecados como alternativa a los ritos propuestos por la religión oficial. Estos ritos oficiales se orientan a admitir la situación social tal y como es defendida por los poderes fácticos, donde la práctica religiosa es una pieza clave para dicha estabilidad.

2.- Salido de las aguas, Jesús ve al instante que los cielos se rasgan. En esta experiencia personal comprende que Dios se le comunica bajando de su propia gloria, como él mismo acaba de salir del río Jordán, o subir del agua, provocándose el encuentro mutuo en la historia. Dios ha encontrado a alguien disponible a quien entregarse plena y personalmente y preparado para obedecerle. Y lo experimenta Jesús de una forma plástica: viene del cielo como desciende una paloma hacia su nido o hacia su cebadero. A continuación pasa Jesús del ver al oír: «Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» (Mc 1,11). Dios se dirige a Jesús como su Padre; se relaciona con la cercanía y amor que colma la vida de Jesús, lo cual le señala como Hijo único, el amado, el predilecto.

3.- Jesús es el siervo (cf. Isaías 42,1), el preferido de Dios, a quien, al darle su Espíritu, lo ha capacitado para devolver la fidelidad y estabilidad de la alianza entre Dios y los hombres. Esta alegría divina de haber encontrado a alguien que le responda a su amor y realice la tarea que tantas veces ha encomendado a Israel, se fundamenta en que va a instaurar la justicia y el derecho en todo el mundo, con el testimonio de una mansedumbre que es capaz de ofrecer su vida por todos (cf. Isaías 42,1-9). La declaración divina puede entenderse como una llamada que hace Dios a Jesús. Y es una llamada para que cumpla su voluntad con un estilo muy diverso de aquel que pregona la gloria y el poder para su enviado, según señalan las tradiciones. Es lo que más tarde concreta Marcos para los seguidores de Jesús: «Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Quien se empeñe en salvar su vida, la perderá: quien la pierda por mí y por la buena noticia, la salvará» (Mc 8,34-35par). Todo justo debe una obediencia humana al orden establecido por Dios. La obediencia de Jesús a Dios es la del justo. Es una obediencia que manifiesta su entrega hasta el límite de sus fuerzas, exigida por el Padre a su condición filial histórica. Es nuestro camino.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

Los regalos del amor

Delia tenía un dólar y ochenta centavos para el regalo de Reyes de Jim, su marido. Los Dillingham se enorgullecían de dos cosas: el reloj de oro de Jim y la cabellera de Delia.

Ella ee echó su oscura y anticuada chaqueta, y se puso su viejo sombrero. Con brillo en sus ojos, abrió la puerta y salió. Se paró ante un cartel que decía: Madame Sofronie. Cabellos de todas clases. Delia subió rápidamente.

–”¿Quiere comprar mi pelo?” -preguntó Delia.

– “Quítese el sombrero”, dijo Madame. “Veinte dólares”, concluyó.

Delia salió, buscó y, por fin, encontró el regalo de Jim: era una cadena, digna de su reloj. Porque, aunque el reloj era estupendo, la correa dejaba mucho que desear. Ya en casa, Delia se decía:– “Espero que Jim piense que sigo siendo bonita”. A las siete de la tarde, Jim volvió del trabajo. Sus ojos miraron fijamente a Delia, con una expresión extraña. Delia se acercó:

– “Jim, vendí mi pelo porque tenía que comprarte un regalo”. Jim pareció despertar y abrazó a Delia. Sacó un paquete del bolsillo de su abrigo y lo puso sobre la mesa:

– “Ningún corte de pelo disminuirían mi amor por ti; pero si abres mi regalo verás por qué he quedado desconcertado”. Delia lo abrió: era el caro y deseado juego de peinetas; pero las trenzas para adornarlas habían desaparecido.

Delia mostró ahora su regalo: la cadena para el reloj: –”¿Verdad que es maravillosa, Jim? Dame tu reloj. Quiero ver cómo se ve con ella puesta”.

Jim cruzó sus manos y sonrió: –”Delia, vendí mi reloj para comprarte las peinetas”.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 7 de enero (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
 
Categoría : Lectio dominical
  • Comparte :
Comentarios desactivados

Hit Counter provided by Sign Holder