Pinturas

El esplendor pictórico del Monasterio de Guadalupe puede decirse que comienza con la llegada de la Orden de San Jerónimo, la cual se hace cargo del Monasterio el 22 de octubre de 1389. Los monjes convirtieron a este lugar en un emporio de riqueza artística, convirtiéndolo en una joya museística, en la que las pinturas destacan por la cantidad y también por su calidad, llenando la práctica totalidad de los espacios que conforman este edificio monacal.

Museo Monasterio

Las primeras construcciones de este magno monumento comenzaron a finales del siglo XIV, en estilo gótico-mudéjar, y con ellas las primeras manifestaciones pictóricas, aunque es más tarde, en el siglo XVII (Siglo de Oro) cuando el Monasterio recibe la presencia de los elementos más grandiosos. Dignos de destacar, no tanto por su calidad como por la temática de su contenido (Milagros de la Virgen) un total de 30 grandes cuadros pintados entre 1621 y 1623 por fray Juan de Santa María, que sirven también para darle nombre al claustro, denominándose “Claustro de los Milagros”.

Decoración de la iglesia y las Capillas

En la Iglesia mayor existen un buen número de lienzos y pinturas al temple de 1747, pintadas por Jerónimo audije de la Fuente, repartidas y distribuidas por los diferentes retablos, destacándose un cuadro de Juan García Miranda (pintor de cámara de Felipe V) denominado “La Gran anunciación” que se sitúa sobre la puerta de salida y firmado en 1736.

Dentro de este mismo espacio destaca el esplendor del retablo mayor, cuyas pinturas fueron confiadas a Vicente Carducho y Eugenio Cajés, pintores de la corte del rey Felipe III. Seis importantes lienzos sobre misterios gozosos y gloriosos del rosario de la Virgen lo engalanan (La Anunciación, la Adoración de los pastores, la Adoración de los Reyes de Carducho, La Asunción, la Resurrección y la Venida del Espísritu Santo, todos ellos de Carducho). Otros cuatro, más pequeños sobre escenas de la vida de los evangelistas (Martirio de San Mateo y Martirio de San Juán por Vicente Carducho; y San Lucas pintor y Martirio de San Marcos por Eugenio Cajés).

En la entrada al templo se encuentra la capilla de Santa Ana (Siglo XV), en cuyo altar de estilo herreriano (siglo XVI) existe un cuadro de Pablo de Céspedes pintado en Guadalupe en 1587. Además nueve pinturas anónimas de pequeño tamaño, atribuidas al mismo pintor, con escenas de la vida de los padres de la Virgen María. En la Capilla de San Gregorio (Siglo XV) una pintura de Pedro de Villafranca de 1697 en honor al santo titular de la estancia y una Inmaculada Concepción que orna el ático componen la composición de este artista barroco. En las bóvedas posteriores del coto alto del templo existen pinturas de fines del siglo XV que representan escenas de varios ángeles músicos y cuya autoría se le atribuye a Juan de Flandes, pintor de cámara de la reina Isabel la Católica.

Dentro del mismo templo, en los altares del antecoro, se sitúan dos retablos dedicados a San Ildefonso y a San Nicolás de Bari, cuyas pinturas fueron confiadas, nada más y nada menos que a Francisco de Zurbarán en los últimos años de su carrera.

La Sacristía y la capilla de San Jerónimo

La Sacristía del Monasterio de Guadalupe construida en el siglo XVII es uno de los exponentes artísticos más importantes de España, de ahí su denominación de “Reina de las sacristías de España” o también “La Capilla sixtina española”. Ello se debe a la ingente presencia de adornos y decoraciones a base de mármoles, jaspes, espejos, pinturas, lienzos, etc... Destacan sobremanera sus “Zurbaranes”, con un total de once cuadros (ocho grandes cuadros en la propia sacristía y uno de menor tamaño en la Capilla de San Jerónimo, cabecera de aquella). Según algunos autores la función pastoral y pedagógica que la Orden de San Jerónimo quiso darle a este espacio para sus novicios justifica la temática de los cuadros. Así los ocho padres presentes en los cuadros de Zurbarán (pintados entre 1638 y 1639) habrían de servir para mostrarle a los novicios los ocho principios necesarios para alcanzar la perfección de la vida monástica, a saber: “La Humildad y el Desprecio del Mundo” ilustrados por Fray Fernando Yañez rechazando la mitra del arzobispo de Toledo;la “Obediencia” escenificada en la Despedida del padre Juan de Carrión;la “Confesión General” presente en La Misa dela Padre Cabañuelas; “El Recogimiento y clausura de la celda” representados por Fray Gonzalo de Illescas; El “silencio” por la Visión del padre Pedro de Salamanca; la “correcta compostura exterior” por la Aparición de Cristo al Padre Salmerón; la “guerra perpetua a su carne” por la Lucha de Fray Diego de Orgaz contra los demonios; y la “caridad” representada en el cuadro de Fray Martín de Vizcaya repartiendo limosnas.La ubicación de estos lienzos en las paredes de la Sacristía es desigual, de modo que cinco se situán en el muro de la izquierda (entrando desde la antesacristía) y los otros tres en el de la derecha. Junto a los cuadros aparecen unas cartelas que explican en latín su contenido.

San Jerónimo

Además de estas joyas, la bóveda de la Sacristía cuenta con una ornamentación barroca y pinturas dedicadas a San Jerónimo, obras de Juan Ruiz, que ayudado por el monje Fray Juan de la Peña, pintó cinco escenas de la vida del santo patrono. A estas pinturas se le suman un buen número de elementos decorativos y diversos.

Dignas de destacar igualmente los cuatro cuadros de la antesacristía, construida dentro de la antigua torre de Santa Ana de arquitectura gótica, con bóveda de crucería y pintada al temple al final del siglo XVII. De Juan Carreño de Miranda son los retratos de los reyes Carlos II, Maria Luisa de Orleans y el Cardenal Saba Millini. El último lienzo, San Lorenzo, es de Luis Tristán.

El martirio de San Lorenzo

El Camarín de la Virgen

Uno de los lugares más importantes de este Monasterio y Santuario es sin duda el Camarín de la Virgen, obra del siglo XVII. En este singular espacio existen un total de trece lienzos, pintados en el propio Monasterio por pintores anónimos hacia 1740, con temática específica sobre la historia de la imagen de Santa María de Guadalupe.

Detalle Camarín de la Virgen

La planta tetralobulada de esta estancia se constituye por cuatro exedras, en cuyo interior hay nueve grandes cuadros de Luca Giordano sobre episodios de la vida de la Virgen. En ellos se aprecian las características propias de este pintor barroco

Otras pinturas destacables

Además de las joyas anteriormente descritas los amantes del arte pictórico pueden contemplar en el museo interior del Monasterio, denominado de “Esculturas y Pinturas Antiguas” otra colección de cuadros, entre los que destacan ocho tablas realizadas por el obrador de Zurbarán para la prelada del altar de San Jerónimo (seis verticales de 0,34x0,16m y dos horizontales de 0,34 x 0,16 m.) pintados en Sevilla hacia 1645. Además, el Tríptico flamenco de la Adoración de los Reyes Magos, atribuida a Adrián Isembrant, el Nacimiento de Cristo de Diego Correa de Vivar , Confesión en la cárcel de Francisco de Goya y una tabla, el Bautismo de Cristo, cuya autoría de le atribuye a Juan de Flandes.

El Greco en Guadalupe

No podemos cerrar este capítulo sin hablar de uno de los más ilustres pintores de la España barroca, cuyo legado también tiene su representación en este Monasterio. Nos referimos a Doménico Theotocopoulos, El Greco y a tres obras que proceden de un antiguo retablo que existía en Talavera la Vieja (Toledo) y que finalmente se custodian en este lugar para disfrute de visitantes, peregrinos y turistas. Las obras en cuestión son tres, La Coronación de la Virgen, San Pedro y San Andrés.


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