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ene

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Tiempo Ordinario (también “Tiempo entre el año” o “Tiempo durante el año”). En el año litúrgico, se llama tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Son treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el  Misterio pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del IV Domingo del Tiempo Ordinario

[Año B: Deuteronomio 18,15-20; 1Corintios 7,32-35; Marcos 1,21-28]

Ley: «El Señor me respondió: “Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande”».

Evangelio: «Todos se preguntaron estupefactos: “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”».

2. Meditación

1.-  Jesús llega a Cafarnaúm, la ciudad donde tenía su casa (cf. Mt 4,13). Va a la sinagoga, toma la palabra, como puede hacer cualquiera que asiste, y  comenta el párrafo leído de la ley o los profetas (cf. Lc 4). Imparte una enseñanza que los asistentes distinguen de la que dan los expertos en la Escritura sagrada. Los escribas enriquecen el texto con citas paralelas aclaratorias y verificaciones en los acontecimientos y actitudes de Israel en las relaciones que mantiene con el Señor: el éxodo, los castigos por traiciones, el destierro, etc. Pero Jesús enseña con autoridad.— A continuación advierte que hay un hombre poseído por el diablo, que, de una manera insospechada, reconoce la identidad de Jesús. Jesús no le pide, como a los enfermos, su confianza para poder curarlos. Aquí no. Se dirige directamente al diablo y le vence. Devuelve la libertad al poseído, o al enfermo mental, o al demonizado por los poderes sociales, —cualquiera de los tres casos son posibles—, y la gente ratifica la autoridad de su palabra, autoridad que se manifiesta por los hechos salvadores que la acompañan.

2.- Jesús vence al espíritu impuro que está en el lugar donde se proclama y explica la Palabra del Señor. Israel, que tanto ha luchado para separarse de los pueblos impuros —gentiles los llaman—, que trata de poseer una tierra libre de los dominadores paganos romanos, resulta que tiene en su interior al que origina el mal y convierte su tierra y sus espacios sagrados también en impuros. Ni los sabios escribas, ni los obedientes fariseos han identificado el «cáncer» que tiene la sinagoga en su interior. Jesús proclama otro Dios, que está acercándose pleno de amor y misericordia, amor que descubre quién sufre, por qué sufre, la forma de remediar el sufrimiento, y si no es posible, cómo vivirlo. Es otro Dios el que proclama; es  una vida nueva la que ofrece (cf. Jn 3), transmitida por una Palabra que actúa lo que transmite.

3.- Los cristianos debemos descubrir los males que aquejan a la Iglesia en su interior y los males que degradan las instituciones sociales y a la gente. Pero el descubrimiento no puede quedar sólo en denuncias. Debemos sacar el mal a luz y, a la vez, poner el remedio para que la vida nueva de Jesús pueda devolver la libertad a los esclavos de tantos vicios e ídolos, la gracia a los pecadores, la salud a los enfermos, la formación a los ignorantes, la compañía a los que se sienten solos, el amor a los que sólo saben vivir para sí, etc., etc. Para actuar de esta manera, tanto individual como colectivamente, los cristianos debemos experimentar la novedad de vida que se crea participando de la bondad del Señor y nos da la capacidad para descubrir las mil caras con las que se presenta el mal a nuestro alrededor.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

Uno sabio y otro necio

Un sabio se acercó al necio y le dijo:– Cuéntame un cuento.

El necio comenzó a narrar despacito:– Érase una vez un hombre inteligente y listo que, por su conocimiento, creía dominar el tiempo. Tenía una cajita, pequeña y redonda, llamada reloj, donde guardaba los segundos, los minutos y las horas, pensando que, teniéndolos allí encerrados, era como si le perteneciesen. Así, siempre estaba ocupado, corriendo de un lado para otro, como si la vida se le fuese a escapar. Y, efectivamente, la vida se le escapaba. Dejó de disfrutar de las charlas con sus amigos, dejó de saborear el buen vino y de degustar las comidas suculentas, dejó de pasear por la playa o por la montaña y de respirar el aire a bocanadas; dejó de contemplar un atardecer y de dar gracias a Dios por tanta hermosura; dejó de soñar, de reír, de perder el tiempo, ocupado en sus asuntos, preocupado por todo.

Y, lo más importante, dejó de escuchar el canto de los pájaros, el correr de un río, la voz de las personas, el corazón de los que sufren, el roce de las hojas de los árboles, la música, el silencio… Dejó de escuchar la voz del Espíritu. Dejó de escuchar los cuentos de los necios.

Al terminar su relato, el sabio ya no estaba. Probablemente, habría tenido que salir corriendo a hacer algo urgente, que sólo él podría hacer, en no se sabe dónde por no se sabe quién.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 28 de enero (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

 Son cinco números al año y almanaque de pared (tamaño folio, portadas y 40 páginas en papel satinado a todo color): 19 €. Suscríbase ahora mismo en  guadalupe.mcs1916@gmail.com o Revista Guadalupe  Real Monasterio s/n  10140 GUADALUPE (Cáceres) 

Categoría : Lectio dominical

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