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[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Tiempo Ordinario (también “Tiempo entre el año” o “Tiempo durante el año”). En el año litúrgico, se llama tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Son treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el  Misterio pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del III Domingo del Tiempo Ordinario

[Año B: Jonás 3,1-5.10; 1Corintios 7,29-31; Marcos 1,14-20]

Profecía: «Creyeron en Dios los ninivitas; proclamaron el ayuno y se vistieron de saco, grandes y pequeños. Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó».

Evangelio: «Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio”».

2. Meditación

1.-  El Evangelio de hoy tiene dos partes. Jesús inicia su ministerio en Galilea, proclamando la inminencia de la llegada del reino. Con la palabra «reino» se comprende el territorio o el ámbito donde gobierna un rey. Pero, sobre todo, se entiende la acción de Dios mediante la cual gobierna su creación. Es un ejercicio, o una relación de Dios sobre la historia humana y el universo; relación de amor misericordioso.— Después de la proclamación del reino, Jesús elige a dos parejas de hermanos para que se integren en su misión. Y los elige para que le hagan compañía, para que hagan el camino con él. Jesús no revela el Reino solo, sino con un grupo de discípulos que se implican en las exigencias que dimanan de la proclamación de la nueva presencia de Dios. Seguir a Jesús, además, lleva consigo ir detrás de él; es un seguir locativo que simboliza adhesión a Jesús y exige anunciar el Reino de Dios, su misión esencial, y adquirir una conducta determinada, un género de vida específico. Los discípulos aceptan un cambio drástico en sus costumbres y la radicalidad y urgencia de proclamar el Reino. Acompañar a Jesús les cambia la vida.

2.– El contenido del Reino lo concreta Dios, no las ilusiones o imaginaciones humanas.  No se experimenta plenamente en el presente, ni se ha disfrutado en el pasado, pero se espera como la venida de Dios, mediante la cual, tanto la creación, como la humanidad, alcancen su destino final, sea cual fuere el modo como se conciba el contenido de ese final. A lo largo de la historia humana la literatura, la teología, la filosofía, etc., han descrito el final feliz o infeliz de muchísimas maneras. Con todo, lo único cierto es que el Reino futuro que rezamos en el Padrenuestro: «Venga a nosotros tu reino», lo hace presente  de una manera imperceptible la vida y la palabra de Jesús. Él lo advierte ante algunos seguidores al acentuar la preeminencia de este tiempo, el principio de liberación humana del dominio de Satanás (cf. Lucas 10,18), que conduce a no practicar el ayuno (cf. Marcos 2,18-19par), y la densa e intensa actuación de Dios exige la disponibilidad del hombre para «ver y oír» lo que está haciendo y diciendo (cf. Lucas 10,23-24). Por eso debemos estar atentos al Año Litúrgico que nos describe la actuación y los dichos de Jesús. Porque saber de él ayuda a experimentarle, y experimentarle es adentrarse en la relación de amor divino que es el reino.

3.– Nuestros padres nos introdujeron en la comunidad cristiana cuando nos llevaron a la iglesia para recibir el bautismo. Nuestra fe fue creciendo en comunidad; era una participación de la fe de nuestra familia y de la comunidad creyente que se reunía en la iglesia y en las asociaciones que formaban parte de su actividad apostólica. Pero conforme maduramos, vamos asumiendo de una forma personal también la fe. Hay una etapa o momentos de nuestra vida en que nos sentimos llamados por Dios; en que nos invita a seguirle y seguirle en alguna de las ricas espiritualidades que hay en la Iglesia. Y muchos hemos sido capaces de responder a Jesús con mayor o menor implicación en las exigencias evangélicas. Pero el problema de hoy es que el ambiente social excluye las relaciones con Dios, el conocimiento y experiencia de Jesús. Y unos niños que ocupan su vida con las ricas ofertas de todo tipo que hay en la sociedad, no sentirán nunca su llamada. Porque la  llamada de Jesús comienza en la llamada de los padres a creer en él.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

La vocación de la velita

Una velita sintió aquel día curiosidad por saber para qué servía ese hilo negro y fino que sobresalía de su cabeza. Una vela vieja le dijo que era su “cabo” y servía para ser “encendida”, algo muy doloroso.

Pero ella comenzó a soñar con ser encendida. Por fin, un día, alguien la encendió. Ella se sintió feliz de recibir la luz que vence a las tinieblas y da seguridad a los corazones. Muy pronto comprendió que eso era una alegría, pero también una exigencia. Se dio cuenta de que para que la luz perdurara, tenía que alimentarla, a través de un diario derretirse, de un permanente consumirse. Su alegría fue más profunda, pues entendió que su misión era consumirse al servicio de la luz y aceptó su nueva vocación.

A veces pensaba que hubiera sido más cómodo no haber sido encendida, pues en vez de derretirse, podría haber “estado ahí”, tranquilamente. Hasta tuvo la tentación de no alimentar más la llama, de dejar morir la luz para no sentirse tan molesta. También comprendió que en el mundo existen corrientes de aire que apagan la luz. Y defendió la luz de las corrientes.

Más aún: su luz le permitió mirar a su alrededor y se dio cuenta de que existían muchas velas apagadas. Unas porque nunca habían tenido la oportunidad de recibir la luz. Otras, por miedo a derretirse. Las demás, porque no pudieron defenderse de algunas corrientes de aire. Y se preguntó muy preocupada: “¿Podré yo encender otras velas?” Y descubrió también su vocación de transmitir la luz. Entonces se dedicó a encender velas, de todas las características, tamaños y edades, para que hubiera mucha luz en el mundo. Y nuestra pequeña vela fue feliz cumpliendo su vocación, hasta derretirse por completo.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 21 de enero (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

 

Categoría : Lectio dominical

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