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[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Tiempo Ordinario (también “Tiempo entre el año” o “Tiempo durante el año”). En el año litúrgico, se llama tiempo ordinario al tiempo que no coincide ni con la Pascua y su Cuaresma, ni con la Navidad y su Adviento. Son treinta y cuatro semanas en el transcurso del año, en las que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Es el tiempo más largo, cuando la comunidad de bautizados es llamada a profundizar en el  Misterio pascual y a vivirlo en el desarrollo de la vida de todos los días. Por eso las lecturas bíblicas de las misas son de gran importancia para la formación cristiana de la comunidad. Esas lecturas no se hacen para cumplir con un ceremonial, sino para conocer y meditar el mensaje de salvación apropiado a todas las circunstancias de la vida.

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del II Domingo del Tiempo Ordinario

[Año B: 1Samuel 3,3b-10. 19; 1Corintios 6,13c-15a.17-20; Juan 1,35-42]

Apóstol: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha”. Samuel fue y se acostó en su sitio.  El Señor se presentó y le llamó como antes: “¡Samuel, Samuel!” Él respondió: “Habla, que tu siervo te escucha.” Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse».

Evangelio: «Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: “¿Qué buscáis?” Ellos le contestaron: “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?” Él les dijo: “Venid y lo veréis”».

2. Meditación

1.-  El Evangelio de Juan no relata el bautismo de Jesús, pero pone en boca del Bautista una serie de afirmaciones que indican su identidad. Juan dice de Jesús que preexiste con Dios; es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo; es sobre quien desciende el Espíritu de Dios; es el que bautiza con Espíritu Santo; en definitiva, es el Hijo de Dios. Jesús, pues, es de Dios, pertenece al Señor. Por eso Juan facilita la creación de la fraternidad que va a acompañar a Jesús en la predicación del reino y va a ser el símbolo de la presencia salvadora del Señor en Israel. Invita a sus discípulos a seguir a Jesús. A continuación se corre la noticia de su presencia, y unos hombres se van uniendo poco a poco a él. Entre ellos está Simón, del que Jesús sabe su origen —es hijo de Juan— y su destino —Cefas—, la piedra sobre la que edificará su Iglesia.

2.-   El detalle del conocimiento superior de Jesús sobre los que se le van uniendo —Pedro, Natanael, etc.— enseña que es más que un maestro. Es la Palabra que se ha hecho vida humana (cf. Juan 1,14); es la revelación última y definitiva de Dios a la humanidad (cf. Hebreos 1,1-2). No cabe esperar nadie más que nos pueda decir quién es el Señor y cuál es su voluntad salvadora. Pero la importancia de Jesús fundada sobre su filiación divina —es el Hijo eterno de Dios—, se profundiza por la forma como se ha dado a conocer. Juan dice a la gente que Jesús es el cordero de Dios; es el cordero que se sacrifica en el templo en la víspera de la Pascua para celebrar la liberación de la esclavitud de Egipto. Jesús es el amor que no duda en entregarse hasta la muerte para liberarnos del mal a base de un amor transido por la cruz, pero que termina en la libertad (cf. Juan 15,13).

3.– Dos discípulos de Juan se incorporan a la vida y misión de Jesús. Andrés y Felipe transmiten la noticia a Simón y Natanael, y los cuatro harán partícipes de ella a muchos más. No olvidan la hora exacta de su encuentro con Jesús, cuando se les abrió la verdadera vida y felicidad. Y no se señala el lugar, porque el espacio que abarca Jesús es toda la tierra, es la inmensidad del universo. Así, de dos en dos, se incorporan a la fraternidad que crea Jesús. Y hoy son millones de personas los que le retienen como su salvador. Nuestra responsabilidad de extender el Reino de Jesús es igual que la de Andrés y Felipe, porque el amor del Señor se extiende por sí mismo y no podemos bloquearlo en nuestros corazones. Debemos proclamarlo y hacerlo visible con nuestras obras de amor.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

El sueño cumplido de tres arbolitos

 En la cumbre de una montaña, tres pequeños árboles amigos soñaban sobre lo que el futuro les depararía.

– “Yo quiero ser cofre que guarde oro y piedras preciosas”.

–” Yo quiero ser embarcación que lleve reyes y poderosos”.

– “Yo quiero crecer tan alto, que cuando la gente me mire, levanten su vista al cielo y piensen en Dios”.

 Los años pasaron. Llovió, brilló el sol y los pequeños árboles crecieron altos. Un día, tres leñadores subieron a la cumbre de la montaña y cortaron los tres árboles. El primer árbol se convirtió en una caja de alimento para animales de granja. El segundo árbol fue convertido en un bote de pesca. El tercer árbol fue llevado a un almacén de madera.

Una noche, el primer árbol fue iluminado por una luz de estrella dorada cuando una joven doncella puso a su hijo recién nacido en la caja de alimento, diciendo: “Este pesebre es hermoso”. Supo que contenía el tesoro más grande del mundo.

Un día, un viajero cansado y sus amigos se subieron al bote de pesca. El viajero se durmió. De repente, surgió una tormenta. Todos se llenaron de temor, pero el hombre cansado se levantó, alzó su mano y dijo: “¡Calma!” La tormenta se detuvo. Supo que él llevaba navegando al rey del cielo y de la tierra.

Un viernes, el tercer árbol fue tomado de aquel almacén, llevado entre multitudes enojadas y unos soldados clavaron las manos de un hombre en su madera. Se sintió áspero y cruel. Pero la mañana del domingo, la tierra tembló debajo de su madera. Desde entonces, cada vez que la gente piensa en el tercer árbol, sus mentes se elevan a Dios. Eso era mucho mejor que ser el árbol más alto del mundo.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 14 de enero (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
Categoría : Lectio dominical

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