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[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

El tiempo actual de Adviento como momento litúrgico de preparación a la Navidad tiene un desarrollo histórico complejo y una teología difícil en la que se juntan temas referentes a las dos venidas del Señor: su aparición en el tiempo mediante su nacimiento y su venida en la gloria al final de los tiempos (parusía); este último tema, que es posterior, prevalece en la primera parte del Adviento [hasta el 16 de diciembre], para dar paso, poco a poco, a lo que prácticamente constituye el sentido propio de Adviento cristiano: la celebración de la espera del Señor, de su venida en la carne, recordada anualmente al inicio del Año litúrgico (Jesús Castellano, El año litúrgico, p. 63).

El color litúrgico de este tiempo es el morado.
Durante el Año B, se proclama el Evangelio según san Marcos

1. Lecturas del Domingo I de Adviento

[Año B: Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7; 1 Corintios 1,3-9; Marcos 13,33-37]

Apóstol: «No carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!».

Evangelio: «Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos».

2. Meditación

1.-  Texto. Marcos relata la predicción de Jesús sobre la destrucción del grandioso templo y la ruina de la ciudad santa de Jerusalén. Dice Jesús: «¿Veis estas grandes construcciones? No quedará piedra sobre piedra, que no sea demolida» (Mc 13,2).  Los discípulos, curiosos, le preguntan cuándo sucederán tales acontecimientos, y Jesús les responde que no lo sabe nadie, «sino sólo el Padre» (Mc 13,32). Y a continuación les cuenta la parábola de aquel amo que se puede presentar de improviso y pedir cuenta a los siervos de su trabajo. Lo importante es que no los encuentre dormidos, sino cumpliendo sus responsabilidades. Estar atentos al encuentro con el Señor es una actitud que Jesús recomienda en el huerto de los Olivos a Pedro, Santiago y Juan  (cf. Mc 14, 34), para no caer en la tentación, para no desviarse de los objetivos fundamentales de la vida.

2.- Mensaje. Comienza el Año Litúrgico con la preparación de la celebración del nacimiento de Jesús. Y con esta ocasión, la Liturgia nos recuerda la segunda venida, cuando el Señor vendrá en su gloria para desvelar la verdadera historia colectiva y personal de todas las generaciones humanas. Por eso, el evangelio continúa con los avisos constantes que hemos escuchado en los últimos domingos con las parábolas de Mateo sobre los talentos, las doncellas, el juicio final, etc. Estar vigilantes implica a los dos protagonistas de la salvación humana. El primero es el Señor con su actitud de bondad, y de bondad misericordiosa, que desea siempre el encuentro definitivo con todos para que sus criaturas, que son sus hijos en su Hijo Jesús, puedan alcanzar la felicidad eterna. El otro protagonista es el ser humano, tanto individual como colectivo. Y la actitud es la apertura del corazón a Él para saber de su amor permanente, y la apertura amorosa a los demás para contribuir a la construcción del Reino en la historia, cuya responsabilidad única recae sobre la libertad del hombre, de la sociedad y de la cultura que el hombre crea y transmite.

3.-Acción.  La mayoría de la gente pasa la vida elaborando proyectos que  hacen trabajar, soñar, ilusionarse. La sociedad, la familia, cada persona anida en su corazón la íntima convicción de que será más que la generación anterior, porque poseerá más medios para vivir y disfrutar de los bienes que exhiben otros ante nuestros ojos: salud fuerte, familia estable, trabajo digno, amigos fieles y reconocimiento social. Se espera  la autonomía suficiente para hacer lo que se desea en cada época de la vida. Esto es bueno, si estas esperas básicas de todos los hombres se introducen en la esperanza que conduce a las realidades eternas. Es decir, si los sueños que hacen esperar más cosas, que se haga más justicia, que se experimente más libertad, más gozo, se integran en la relación de amor con el Señor, que es el que da el sentido y el valor último a cada espera, que no es otro que la vida feliz  para siempre. Porque se sabe que, o se alcanza lo que se desea, o se frustra la persona; o si se alcanza, se espera tener más; o, al cumplir años, se cambia el sentido del gozo y de la posesión.  Todo la vida es un caminar insaciable, o conformista, pero que en cualquier momento puede desaparecer. Hay que introducir la vida con todas sus conquistas en la esperanza de eternidad; en la esperanza en lo que de ella permanece para siempre, que no es otra cosa que su dimensión de amor.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

¡Viene la Yaya!

La mamá anunció a sus hijos, Marco y Lidia, que iba a venir la abuela. Los niños gritaron de alegría y asaetearon a su madre con preguntas: ¿Cómo está? ¿Cómo viene? ¿Cuándo llegará?

La Yaya era una persona muy querida para los niños. De pequeños, dado que los padres trabajaban, se había quedado muchas veces con ellos: les daba de comer, los vestía, los dormía con unos cuentos que sólo ella sabía contar. Marco aún recordaba su perfume natural: olía a azúcar caramelizada.

La madre les dijo que llegaría por la noche, pero que no sabía la hora. Después de la cena, los niños remolonearon para no irse a la cama, en espera de la ansiada llegada. La madre, viendo que ya era tarde, les dijo que se fuesen a acostar, que ya verían a la abuela a la mañana siguiente. Los niños, aun manifestando su desagrado, se fueron a su cuarto. Lidia se puso el pijama, jugó con sus muñecas pero terminó cayendo rendida, envuelta en los más dulces sueños. Marco, por la emoción, no podía dormir: empezó a leer un cuento tras otro. Los cuentos le recordaban a la abuela. Terminó el libro de cuentos, apagó la luz y se quedó imaginando aquellos días de niño, rodeado de los brazos de su abuela.

En estos pensamientos estaba, cuando oyó el ruido de la puerta y se levantó corriendo. Allí estaba su Tata, tan guapa como siempre. Se echó en sus brazos, le dio muchos besos y se dejó acariciar una y otra vez por la dulce anciana. Ésta, como siempre, le empezó a contar uno de sus cuentos, como sólo ella los sabía contar. Oyendo su voz, oliendo su perfume, sintiendo acariciado su cabello y sus mejillas, le parecía estar en el más tierno y dulce paraíso.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 2 de diciembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Novena de la Purísima Concepción de María

Patrona de España y de la Orden Franciscana
Basílica Santa María de Guadalupe, 30 de noviembre – 8 de diciembre 2017
18.45: Rezo del Rosario mariano_ 19.00: Vísperas, Eucaristía y Salve Regina.
Día 7 de diciembre, 18.00: Rosario de la Luz.
Día 8 de diciembre, 12.00: Solemne Misa Conventual y procesión claustral
 
 
 
 
 
Categoría : Lectio dominical

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