28
oct

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Por una tradición apostólica que se remonta al mismo día de la Resurrección de Cristo, el primer día de la semana, llamado día del Señor o domingo, la Iglesia celebra el Misterio Pascual. Por eso el domingo debe considerarse como el día de fiesta primordial.
Dada la importancia del domingo, sólo tienen prioridad, sobre él, la celebración de las solemnidades y las fiestas del Señor. Pero los domingos de Adviento, de Cuaresma y Pascua tienen prioridad sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coincidan con esos domingos se trasladan al lunes siguiente, a no ser que coincida con el Domingo de Ramos o el Domingo de la Resurrección del Señor. (NUAL, núm. 4-5).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

Este Domingo cambiamos el horario de misas vespertinas

1. Lecturas del Domingo XXX durante el Año

[Año A: Éxodo 22,20-26 ; Tesalonicenses 1,5c-10; Mateo 22,34-40]

Apóstol: «Vuestra fe en Dios había corrido de boca en boca, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la acogida que nos hicisteis: cómo, abandonando los ídolos, os volvisteis a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro».

Evangelio: «”Maestro, ¿Cuál es el mandamiento principal de la Ley?” Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.” Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas».

2. Meditación

1.- Un escriba se acerca a Jesús y le pregunta sobre el mandamiento más grande de la ley con el sentido del mandamiento que está por encima de todos. Jesús responde con la oración de la Shemá, que se recita dos veces al día, oración que le recuerda al israelita que Dios está por encima de todas las tareas que ocupan el día y que debe amar al prójimo como a sí mismo. Jesús acentúa que no es cuestión de distinguir entre mandamientos y preceptos más importantes y menos importantes, sino de señalar el que manifiesta la única voluntad de Dios más allá de todo el conjunto de la Ley, pero que, a la vez, la funda y la justifica como principio fundamental. Se refiere al mandamiento que Israel recuerda mañana y tarde:  Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón … (Deuteronomio 6,4-5); Amarás al prójimo como a ti mismo (Levítico 19,18).
2.– La Escritura no compara el amor a Dios y el amor al prójimo, porque, entre otras cosas, Israel distancia al máximo la incidencia y el valor de Dios para su vida y la presencia de sus prójimos o próximos, los demás judíos y los extranjeros asimilados por la convivencia social, aunque todos pertenezcan al pueblo de Dios (cf. Levítico 19,34; Deuteronomio 10,19). Por eso el amor al prójimo se dispone como un precepto más entre otros muchos en el código de santidad (cf. Lev 19,3-37). Sin embargo, Jesús los une en la línea de condensar el Decálogo o de legislar teniéndolos presentes: a Dios se dirigen los tres primeros mandamientos, el resto al prójimo, que ya está en la tradición judía y en el contexto de Jesús. La unión que establece Jesús constituye valorar a Dios y valorar al prójimo como principios que dan unidad a los demás mandamientos y preceptos. De ahí su importancia y fundamento. Por último, la relación entre los dos mandamientos supone concretar el criterio de verificación de uno y otro. El amor de Dios será auténtico si se ama al prójimo, y viceversa.

3.– Lucas cambia la exigencia de perfección de los discípulos que dice Mateo por la exigencia de la misericordia, que refleja la actitud de Dios que deben reproducir los creyentes: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36). El tercer evangelista explica cómo debe ser la actuación de los discípulos. Ellos han de responder con amor al mal que reciben de los demás. Los discípulos deben hacer el bien, bendecir y orar ante la enemistad, el odio, la maldición y el maltrato de los hombres (cf. Lc 6,27-28). Y lo simboliza en el comportamiento del samaritano con el herido o medio muerto que se encuentra abandonado en el camino (cf.  Lc 10,29-37). El programa evangélico que Jesús establece y que tiene su origen en Dios supone interiorizar por medio de la plegaria el amor a todos; en este aspecto se contesta al mal con el bien y se desacelera el poder de la violencia, la persona se ofrece sin límites el servicio del amor, no reduciéndolo al ámbito sectario de la raza, la amistad y la familia; por último, invita Jesús, si es necesario, a ofrecer la vida por los demás (cf. Juan 15,13). Se pasa de amar al prójimo como a sí mismo al don de sí mismo a todos, en el que se contempla el sacrificio extremo que envuelve el amor: «Quien se aferre a la vida la perderá, quien la pierda por mí la encontrará» (Marcos 8,35par). Es la única manera de adquirir el estatuto de ser hijos de Dios, porque, con esta actitud, se alcanza la auténtica dimensión divina que entraña el amor universal: «… y seréis hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los desagradecidos y los perversos» (Lucas 6,35; cf. Mateo 5,45).

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

¿Dónde está Dios?

El ermitaño, en oración oyó claramente la voz de Dios. Le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él. La cita era para el atardecer del día siguiente, en la cima de una montaña lejana. Temprano se puso de camino; necesitaba toda la jornada para llegar al monte y escalarlo. Ante todo, quería llegar puntual a la importante entrevista.

Atravesando un valle, se encontró a varios campesinos ocupados en intentar controlar y apagar un incendio declarado en el bosque cercano, que amenazaba las cosechas y hasta las propias casas de los habitantes. Reclamaron su ayuda porque todos los brazos eran pocos. Sintió la angustia de la situación y el no poder detenerse a ayudarles. No debía llegar tarde a la cita y, menos aún, faltar a ella. Así que con una oración para que el Señor les socorriera, apresuró el paso, ya que había que dar un rodeo a causa del fuego.

Tras ardua ascensión, llegó a la cima de la montaña, jadeante por la fatiga y la emoción. El sol comenzaba su ocaso; llegaba puntual, por lo que dio gracias al cielo en su corazón. Anhelante esperó, esperó y esperó, mirando en todas las direcciones. El Señor no aparecía por ninguna parte. Por fin descubrió, sobre una roca, algo escrito. Leyó: – Dispénsame, estoy ocupado ayudando a los que sofocan el incendio. Entonces comprendió dónde debía encontrarse con Dios. [Vidal Ayala]

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 29 de octubre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Categoría : Lectio dominical

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