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sep

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 ó 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año». El tiempo «durante el año» comienza el lunes siguiente al domingo que cae después del 6 de enero y se continúa hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive: comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y se acaba antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. Por esta causa, se usa una serie de formularios para los domingos y ferias de este tiempo, que se encontrarán en el Misal y en la Liturgia de las Horas. (NUAL, núm. 43-44).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXIV

[Año A:  Eclesiástico 27, 33–28,9; Romanos 14,7-9; Mateo 18,21-35]

Apóstol: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos».

Evangelio: «Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

2. Meditación

1.- Cuando observamos las enseñanzas y la conducta de Jesús con sus conciudadanos podemos comprender la actitud misericordiosa del Señor. Jesús le enseña a Pedro que tiene que perdonar siempre, transmite en las parábolas de la misericordia del capítulo 15 de San Lucas que Dios sale en busca del pecador, que se alegra de encontrarlo y que le devuelve la identidad de hijo al que renunció a su relación filial para perderse en el mundo. Nos dice que perdonemos para que comuniquemos el perdón que hemos recibido del Padre. Pero la actitud de Jesús va más allá de la posición del rey de la parábola, que sólo perdona una vez, y de la correspondencia del perdón de los demás para que el Señor se muestre misericordioso con nosotros. Es experimentar que nuestros pecados son perdonados siempre si acudimos al regazo de Dios Padre/Madre para acogernos a su amor. Por eso Jesús nos enseña la manera de pedirle perdón: «Perdónanos […] como nosotros perdonamos…», y termina su vida pidiendo al Padre que perdone a sus verdugos.

2.- El perdón se aprende en la familia y en la familia que tiene raíces cristianas. Y se prolonga en la Iglesia. Por eso el papa Juan Pablo II pidió perdón en el jubileo del año 2000. Nadie tiene la verdad absoluta en todas sus dimensiones en nuestra historia personal y colectiva, porque el Señor no “cabe” en ella. De ahí los errores, que tantas veces debemos corregir. Nadie tiene la vida plena y sin fin en el espacio y en el tiempo. De ahí las maldades que cometemos y los egoísmos en nuestras elecciones, experiencias y criterios de vida. Por eso, desde pequeños, en las enseñanzas y correcciones de los padres y abuelos; en las catequesis y comunidades cristianas, debemos crecer pidiendo perdón y ofreciendo perdón, porque no hay familia y comunidad cristiana perfecta. Es así como la fe introduce en nuestra vida al Señor entendido como amor misericordioso. «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36).

3.- La liberación de la culpa personal y colectiva es tan importante que Jesús la sitúa después de la petición de los bienes para el sostenimiento diario de nuestra vida. Vivir no es sólo comer, beber, formarse y tener salud, sino también convivir, y para hacerlo desde la perspectiva del Señor es necesario experimentar el perdón divino. Porque en la situación en que estamos nadie es un ángel; somos humanos capaces de amar, pero también de rechazar a los demás. Somos contingentes, finitos y pecadores. El perdón divino es necesario para rehacernos como personas y poder trasladarlo al perdón de los hermanos.  De lo contrario no hay salida posible a la relación personal y social. Como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la fe cristiana fue capaz de sentar de nuevo en una mesa a ingleses, franceses, alemanes e italianos, así debe ocurrir en las sociedades y familias que están fracturadas por un sinfín de intereses egoístas; porque un mundo sin perdón es un mundo de locos y un mundo corroído por la venganza; la ley es insuficiente para salvar la convivencia y construir una familia y una sociedad.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

El defecto de Dios

Un cura estaba harto de una beata que todos los días le venía a contarle revelaciones que Dios personalmente le hacía. Semana tras semana, la buena señora entraba en comunicación directa con el cielo y recibía mensaje tras mensaje. Y el cura, queriendo desenmascarar de una vez lo que de superchería había en tales comunicaciones, dijo a la mujer: 

- Mira, la próxima vez que veas a Dios dile que, para que yo me convenza de que es Él quien te habla, te diga cuáles son mis pecados, ésos que yo solo conozco. 

Con esto pensó el cura que la mujer se callaría para siempre. Pero a los pocos días regresó la beata. - ¿Hablaste con Dios? – Sí. - ¿Y te dijo mis pecados? - Me dijo que no me los podía decir porque los ha olvidado. 

Con lo que el cura no supo si las apariciones aquellas eran o no verdaderas. Pero supo que la teología de aquella mujer era buena y profunda: porque la verdad es que Dios no sólo perdona los pecados de los hombres, sino que una vez perdonados, los olvida. (Manuel Sánchez Monge). Ser olvidadizo es su defecto.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 17 de septiembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical

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