17
jun

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Nuestro Salvador, en la Última Cena, la noche que le traicionaban, instituyó el Sacrificio Eucarístico de su Cuerpo y Sangre, con lo cual iba a perpetuar por los siglos, hasta su vuelta, el Sacrificio de la Cruz y a confiar a su Esposa, la Iglesia, el Memorial de su Muerte y Resurrección: sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad, banquete pascual, en el cual se come a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la gloria venidera. Por tanto, la Iglesia, con solícito cuidado, procura que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Cuerpo del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él, se perfeccionen día a día por Cristo mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos.

(Sacrosanctum Concilium, núm. 47-48).

El color litúrgico de este domingo es el blanco.

1. Lecturas del Domingo XI: Corpus et sanguis Christi

[Año A: Deuteronomio 8,2-3.14b-16a; 1Corintios 10,16-17; Juan 6,51-58]

Apóstol: «El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan».

Evangelio: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo».

2. Meditación

1.– Jesús obra el milagro o signo de la multiplicación de los panes (cf. Juan 6,1-14), y a continuación Juan presenta el discurso del pan de vida, que termina con la Eucaristía.  Jesús dialoga en Cafarnaúm con los galileos, cuyas expectativas del futuro salvador de Israel entrañan la donación al pueblo de los bienes materiales que sustentan la vida. Por eso quieren hacerle rey, lo que le obliga a huir (cf. Juan 6,15). Entonces Jesús cambia de tercio y les ofrece su vida, su sentido de vida,  como alimento. El párrafo propone tres claves para tener en cuenta: 1ªJesús es «el pan vivo bajado del cielo»: la vida de Dios, que es la vida eterna; 2ª «El que coma de este pan vivirá para siempre»: Jesús es el Logos en la historia, es la revelación de Dios en la creación, es la vida divina entre nosotros; 3ª «El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo»: la vida del mundo es la vida de Jesús en su desarrollo concreto en Palestina; sus actitudes básicas, sus hechos humanizadores y, como tales, salvadores, son los que alimentan y sostienen nuestra existencia.

2.– Jesús alimenta la vida humana porque ha vivido y se ha entregado hasta la muerte en cruz por sus hermanos. El servicio, como la máxima expresión del amor del Señor a sus criaturas, lo ha llevado Jesús hasta el extremo y es su señal de identidad y la de sus seguidores en medio de todas las culturas que ha generado la humanidad a lo largo del tiempo. Nosotros, bautizados en su nombre, comiendo su carne y bebiendo su sangre, continuamos la obra salvadora del Señor en Jesús en la medida que generamos vida, la defendemos y la llevamos a su plenitud. Este amor que se entrega hasta el límite de dar la vida, es el que celebramos cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día en todas las partes del mundo. De esta forma los cristianos nunca podremos olvidar, y todos los demás hombres podrán un día comprender que la vida está en dejarse comer por amor, como Jesús.

3. El tesoro que guarda la Iglesia es la Eucaristía. Ella es su centro y culmen de relación con Dios y con todos los hombres. Porque la Eucaristía es Jesús como Palabra del Señor encarnada (cf. Juan 1,14), la que escuchamos como alimento de nuestra vida. La Eucaristía es hacer presente el sentido de vida de Jesús, que da su vida por sus amigos (cf. Juan 15,9-17). Y hacemos memoria de ello y lo celebramos. Unimos a Jesús nuestros gestos, nuestros actos, nuestras actitudes que favorecen la vida de los demás, y, a la vez, en la Eucaristía reconocemos, fortalecemos y pedimos que se siga ampliando nuestro servicio para beneficio de nuestros familiares, de nuestros amigos, de nuestras funciones sociales.- Cuando adoramos al Santísimo, estamos adorando al Señor que no duda en darnos a su Hijo para que vivamos; cuando tenemos la forma consagrada ante nosotros, estamos adorando a Jesús que nos enseñó a vivir y a morir por amor; cuando exponemos la Custodia que contiene el pan consagrado, estamos reconociendo como salido de las manos del Señor el pan y el vino, fruto de la tierra y del trabajo de los hombres.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

El espantapájaros

(Lea en clave eucarística este relato)

En un pueblo vivía un labrador avaro. Pensó: “Haré un espantapájaros”. Le puso una calabaza de cabeza, dos granos de maíz de ojos, por nariz, una zanahoria y la boca, una hilera de granos de trigo. Le colocó ropas rotas y de corazón, una pera. Un gorrión buscaba alimento y le dijo al espantapájaros: — Déjame coger trigo para mis hijitos — Puedes coger mis dientes que son granos de trigo. Agradecido, el gorrión besó su frente de calabaza.

Una mañana, un conejo le miró y le dijo:– Quiero una zanahoria, tengo hambre. Le ofreció su nariz de zanahoria. Más tarde apareció el gallo cantando junto a él.– Mi gallina no le pondrá más huevos al dueño avaro– Eso no está bien. Coge mis ojos que son de maíz.

 Más tarde el espantapájaros notó que alguien lloraba junto a él. Era un niño. El dueño de la huerta no había querido ayudarle. –Toma, te doy mi cabeza que es una gran calabaza… Un vagabundo se acercó y le dijo:–¿Podrías darme algo? El labrador me ha echado de su casa. –Coge mi vestido, es lo único que puedo ofrecerte. Cuando el labrador vio su espantapájaros, se enfadó y le prendió fuego. En ese momento cayó al suelo su corazón de pera. El labrador, riéndose, se la comió diciendo: — Pues esto me lo como yo. Al morderla, notó un cambio. El espantapájaros le había comunicado su bondad. (Manuel Sánchez Monge, SJ)

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 18 de junio (11.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical

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