10
jun

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión. Durante el transcurso del año desarrolla todo el Misterio de Cristo y conmemora las fiestas de los Santos. Y en los diferentes tiempos del año litúrgico la Iglesia perfecciona la formación de los fieles mediante piadosos ejercicios corporales y espirituales, enseñanzas, oraciones, penitencias y obras de misericordia, de acuerdo con la disciplina tradicional. Cada día se santifica por las celebraciones litúrgicas del Pueblo de Dios, especialmente mediante el sacrificio eucarístico y el Oficio divino. El día litúrgico va de medianoche a medianoche. Pero la celebración del domingo y de las solemnidades comienza en la tarde del día anterior. Por una tradición apostólica que se remonta al mismo día de la Resurrección de Cristo, el primer día de la semana, llamado día del Señor o domingo, la Iglesia celebra el Misterio Pascual. Por eso el domingo debe considerarse como el día de fiesta primordial. (NUAL núm. 1-4).

El color litúrgico de este domingo es el blanco.

1. Lecturas del Domingo X: Santísima Trinidad

[Año A:Éxodo 34,4b-6.8-9; 2Corintios 13,11-13; Juan 3,16-18]

Apóstol: «La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros».

Evangelio: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna».

2. Meditación

1.- El Padre. Celebramos el centro de nuestra fe, que no es otro que la identidad de nuestro Dios. No es una cuestión complicada cuando escuchamos lo que Jesús nos dice de Dios. Somos los humanos los que la enredamos cuando intentamos definir a Dios con nuestra razón. Y, naturalmente, no le podemos definir. Veamos cómo experimenta Jesús a Dios, más que enseña. Explica a Nicodemo una relación nueva con Dios, que es una relación muy diferente a la establecida por la Ley o plasmada en los sacrificios en el templo de Jerusalén. Dice Jesús que Dios es un Padre; que Dios es Creador, y lo es por el amor; es su amor lo que le ha hecho salir de sí para crear criaturas felices. Dios es totalmente diferente de la creación, pero la hace a su imagen y semejanza, para que la persona, devolviéndole el amor por el que ha sido creada, pueda mantenerse ligada a su origen amoroso. Dios es el Salvador, salvación que promete en el mismo instante en el que la criatura decide alejarse o enfrentarse a Él. Dios la quiere salvar, porque no puede dejar de amarla. Jesús experimenta a Dios como su Padre, y nos lo da a conocer como nuestro Padre. Pero su Padre y nuestro Padre, que entrega a lo más preciado que tiene ―a Jesús―, exige obediencia a su relación de amor y respeto a la dignidad de su nombre.

2.- El Hijo. Jesús se sabe y se experimenta como Hijo, enviado por el Padre para recuperar a su criatura maniatada por los lazos de la soberbia y del poder, que le hacen excluir de su vida a los demás y dar la espalda a quien le ha traído a esta vida. El Hijo es el que revela que el Padre es pura relación de amor, y con dicha relación de amor revela también cuál es la situación real de la humanidad: vivir inmersa en una cultura de violencia y de muerte, que es superior a las fuerzas humanas, que la ha esclavizado. La persona a estas alturas sólo puede vivir pendiente de sí misma y de sus intereses. La cultura del mal, que define a Dios y al hombre desde la violencia, es la que llevó a Jesús a la cruz. Y con el relato de su vida es cuando podemos comprender lo que nos ama Dios. El amor en Dios no es la declaración que hace en un discurso, ni lo que contiene las ideologías, ni las proclamaciones de tantos credos religiosos. Dios amor ofrece lo más preciado de sí para recuperar a los que salieron de la bondad de su corazón. No lo ha podido hacer mejor.

3.- El Espíritu Santo. Para que la creación y recreación, como relación de amor del Padre y del Hijo, no sean hechos del pasado, sino relaciones vivas y permanentes para sus criaturas, el Padre y el Hijo nos enviaron su Espíritu. El Espíritu es cómo Dios nos ama, qué piensa Dios cuando ama, qué hace Dios cuando nos ama, qué decide Dios cuando busca nuestra felicidad. Y ese Espíritu de amor del Padre es el que le ha hecho enviar a su Hijo, es el que ha hermanado a toda la creación con él, es el que transforma a cada uno de nosotros en hijos de Él y hermanos entre nosotros. Y esto es muy diferente a cómo la humanidad se ha construido en sus culturas desde su soberbia, su poder, y la violencia y odio que desarrolla. Por eso hay que nacer de nuevo, como enseña Jesús a Nicodemo, para comprender estas tres relaciones de amor que es nuestro Dios: Padre, Hijo y Espíritu. Hechos, como somos, a imagen y semejanza del Señor, seremos felices cuando orientemos nuestra vida en dicha triple relación que es el Señor: amor que nos hace capaces de crear: de crear una familia, de crear puestos de trabajo, de crear espacios donde la tierra dé de comer y los hombres puedan vivir; de crear instituciones donde las personas puedan convivir desde el respeto mutuo; etc.; amor que nos hace ser hermanos de los demás: hermanos capaces de reconocer la dignidad humana de los demás, y de tratar de recuperar a los que aún no saben su filiación divina y amor que no se cansa de darse y de servir para seguir creando y hermanando.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

¿Dios en tu pequeña cabeza?

Una tarde, paseaba San Agustín por las rubias playas de Hipona, agitado por el afán de comprender el misterio de la Santísima Trinidad.– “¿Cómo será posible que Dios sea uno y tres personas al mismo tiempo?” Su cabeza ardía de ideas y de dudas, y no tenía ojos para ver el mar ni oídos para escuchar las mansas olas que alargaban sus besos hasta la punta de sus sandalias.

De pronto, vio que un niño corría con una concha marina  llena de agua y la arrojaba en un pocito que había hecho en la arena con sus propias manos. El sabio se paró a observar al niño. Tenía el pelo negro y rizado, chapoteaba feliz en el agua, llenaba su concha y corría entusiasmado a echarla en el pocito, que se iba llenando muy lentamente,  porque la arena se chupaba el agua.

San Agustín se acercó al niño cuando estaba arrojando el agua sobre el pozo.– ¿Qué estás haciendo, pequeño?– Estoy echando toda el agua del mar en este hueco.– Pero eso es imposible –saltó el sabio Agustín con una sonrisa tierna y condescendiente. El mar es muy grande, mide kilómetros y kilómetros y es también muy profundo. ¿Cómo piensas que vas a meter una cosa tan grande en un pocito tan chico?

- Eso es cierto –le dijo el niño mirándole con picardía-, pero más pequeña es tu cabeza y quieres meter en ella a Dios que es infinito.

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de la Santísima Trinidad, 11 de junio (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical

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