3
jun

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico de este domingo, término del Tiempo pascual es el rojo.

1. Lecturas del Domingo de Pentecostés

[Año A: Hechos de los Apóstoles 2,1-11; 1Corintios 12,3b-7.12-13; Juan 20,19-23]

Apóstol: «Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común».

Evangelio: «El primer día de la semana Jesús repitió a los discípulos: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:”Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”».

2. Meditación

1.- Cuentan los Hechos de los Apóstoles que los discípulos de Jesús estaban reunidos en Jerusalén junto a María, la madre del Señor, y unas cuantas mujeres (cf. Hechos 1,13-14); y también relatan los Hechos que había otra reunión con ciento veinte hermanos cuando Pedro propuso elegir al que debía sustituir a Judas (cf. Hechos 1,15). Sea en una ocasión o en la otra sucede que: «De repente […] se llenaron todos del Espíritu Santo…» (Hechos 2,2-4). Se cumple una promesa de Jesús resucitado: «Yo os envío lo que el Padre prometió. Vosotros quedaos en la ciudad hasta que desde el cielo os revistan de fuerza» (Lucas 24,49; cf. Hechos 1,2.8). La situación en la que se encuentran los protagonistas es de apertura personal al Señor; están en oración; y en medio de la relación concreta con el Señor, les envía el Espíritu (cf. Lucas 3,22; Hechos 2,3) para que lleven a cabo una misión; a Jesús le envía el Espíritu en Nazaret, ante su pueblo, mientras proclama el año de gracia del Señor (cf. Lucas 4,19); los discípulos lo reciben en Jerusalén, y ante judíos y prosélitos pertenecientes a muchos países (cf. Hechos 2,24); es una primera demostración de que su misión es para Israel, la primera Iglesia; más tarde, Pedro la abrirá a todas las gentes (cf. Hechos 10,44-48) para mostrar la dimensión universal del Evangelio una vez que Dios Padre ha resucitado a Jesús; en ambos acontecimientos, fruto de dos promesas del AT (cf. Lucas 4,18-19; Isaías 61,1-2; Hechos 2,17-18: Joel 3,1-5), el Señor se asegura la obediencia radical de toda la creación a su voluntad salvadora. Ni Jesús ni la Iglesia son independientes; pertenecen a Dios Padre y son enviados por Él para salvar a todos los pueblos. El Espíritu es el que asegura la unión con Dios y la transmisión de su voluntad.

2.- El Evangelio que acabamos de leer relata que el Resucitado envía a sus discípulos al mundo, donándole su Espíritu. Entonces, el Espíritu, como principio de la vida (cf. Juan 6,63), sigue recreando a la humanidad después de la misión de Jesús por la acción de sus discípulos. El creyente pasa de la muerte a la vida gracias al Espíritu, y con el Espíritu no puede ya morir (cf. Juan 8,51). El Espíritu del Padre y de Cristo es el que comienza a dar solidez a las instituciones que cobijan a los nuevos seguidores de Jesús: «Gracias a él, el cuerpo entero, trabado y unido por la prestación de las junturas y por el ejercicio propio de la función de cada miembro, va creciendo y construyéndose en el amor» (Efesios 4,16). ). Y el cuerpo crece por medio de la acción del Espíritu (cf. Hechos 2,1.17-18) y del bautismo que administren los discípulos de Jesús como una de las misiones fundamentales que les encomienda antes de ascender a la gloria divina (Mateo 28,19). A todos los nuevos cristianos los hace Dios morada del Espíritu y les hace experimentarlo como Padre y llamarle «Abba» (cf. Romanos 8,15; Gálatas 4,6) y a su Hijo le hace ser el Señor: «Como el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo y hemos absorbido un solo Espíritu» (1Corintios 12,12-13). Y esto es lo que da cohesión y unidad a la comunidad.

3.- La acción del Espíritu en la comunidad cristiana y en cada bautizado les confiere una vida nueva al constituirlos en su «templo»: «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá, porque el templo de Dios, que sois vosotros, es sagrado» (1Corintios 3,16-17). Esto lleva consigo que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios según la imagen de su Hijo Jesucristo: «… Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios con Cristo Jesús» (Romanos 6,11)»; o como Pablo dice de sí mismo: «… Y ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí. Y mientras vivo en carne mortal, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gálatas 2,20). Nace un nuevo sentido de vida, que deriva en actitudes y actos que expresan el amor de Dios manifestado en Cristo y realizado en nosotros por el Espíritu. El Espíritu es quien inicia y desarrolla la vida nueva del cristiano consagrado a Dios por el Bautismo.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

 

Testimonio del Espíritu

Llegué a República Dominicana sufriendo una depresión, para comenzar una nueva vida. Tras establecerme, busqué a Dios sin encontrarlo. Un día, llegué a una reunión de carismáticos, donde me sentí a gusto. Ansiaba las reuniones de los lunes: disfrutaba de paz, tranquilidad, grata compañía y la alegría de alabar a Dios. Pero todavía no sentía la mano de Dios y el poder del Espíritu Santo.

En uno de esos momentos de depresión fui al grupo de oración de los lunes. Esa noche me sentía ansioso y triste. Junto a mí, quedó una silla vacía. Unos minutos más tarde se sentó una señora. Le pedía a Dios en silencio que me diera una señal de que Él estaba a mí lado. Cuando llegó el momento de pedir por sanación y liberación, yo no sentí nada especial. No había ninguna señal. Llegó el momento de la unción y tampoco. En mi desesperación, oré: “¡Señor! ¿Por qué no me das una señal de que estás a mi lado?”. Estaba desesperado frente al Dios que supuestamente tanto me amaba. Él no me daba señal alguna de su presencia y de su amor por mí.

Terminó el momento de la unción, hubo una pausa antes que el Padre Darío Bencosme pidiera los testimonios. La Señora que se había sentado a mi lado se volvió hacia mí, me abrazó y me dijo al oído: “Yo no te conozco, pero el Señor quiere que sepas que él te ama y está a tu lado”. Justo lo que le había pedido a Jesús en mis oraciones, ni más, ni menos. En los testimonios di gracias a Dios porque había oído mis oraciones. Después supe que la persona que me había abrazado era Clara Fortuna, servidora. Siempre se sienta en el frente y nunca donde se sentó esa noche. Desde ese día mi vida comenzó a mejorar [Harry Ramírez].

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Pentecostés, 4 de junio (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical

Lo siento, el formulario de comentarios está cerrado en este momento.


Hit Counter provided by Sign Holder