27
may

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión [...]. Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Son los días en que especialmente se canta el Aleluya. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la Octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. La Ascensión del Señor se celebra el cuadragésimo día después de Pascua, a no ser que se traslade al séptimo domingo de Pascua, en los lugares donde no es de precepto. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico del Tiempo pascual es el blanco.

1. Lecturas del VII Domingo de Pascua: Ascensión del Señor

[Año A: Hechos de los Apóstoles 1,1-11;Efesios 1,17-23; Mateo 28,16-20]

Apóstol: «El Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo».

Evangelio: «Jesús les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”».

2. Meditación

1.- Jesús se presenta con la autoridad propia del Hijo de Dios, que ha cumplido la misión que el Padre le ha encomendado: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra». Estas palabras son un eco de una afirmación del profeta Daniel sobre el mesías que debe darle la libertad a Israel y a todos los pueblos de la tierra: «Se le dio imperio, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su imperio es un imperio eterno que nunca pasará, y su reino, un reino que no será destruido jamás» (Daniel 7, 14). La manifestación triunfante de la subida a la gloria del Padre y su autoridad, la ha alcanzado Jesús por medio de una vida sencilla y humilde que no duda en entregarla por amor para salvar a sus hermanos. Jesús ha sido fiel y obediente al Señor: ha rescatado del mal a todas las criaturas nacidas del corazón amoroso del Padre. Nos lo recuerda San Pablo en un himno muy querido por San Francisco: «El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre» (Filipenses 2,6-9).

2.- Jesús manda a los discípulos, es decir, a todos nosotros constituidos en comunidad, a continuar la labor salvadora que él ha realizado en su misión en Palestina. Y la raíz del mandato universal proviene de su experiencia del Padre, que es Señor de todos los pueblos, que no sólo de Israel. Esto nos obliga a salir de nosotros mismos: de nuestros parientes, amigos, vecinos, a no tener acepción de personas según la raza, la lengua y la nación. La Iglesia y nosotros, que la formamos, debemos centrarnos en las esperanzas que anidan en todas las culturas, para darles motivos para vivir y vivir amando, y que el poder, junto con los intereses que lo avalan, no sometan a los pueblos y los esclavicen. Nosotros, como comunidad eclesial, tenemos el sagrado deber de cumplir el mandato de Jesús de anunciar el Evangelio con una dimensión crítica, denunciando todos los infiernos en que se abrasan los pueblos, y, a la vez, con una dimensión formativa, para que vivan la triple relación de amor que entraña nuestro Dios: un amor que crea (Padre), un amor que hermana (Hijo) y un amor que no se cansa de servir (el Espíritu). Aquí está el origen de los que pueden ser nuestros seguidores, cuyo simbolismo está en nuestro bautismo y el que le confiramos a los demás.

3.- «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Debemos ser conscientes de que no vivimos solos; que no estamos solos en esta vida; que no caminamos a la intemperie sujetos a los vaivenes de los que pretenden manipularnos, gobernarnos y someternos a sus caprichos, poderes e intenciones. Podemos estar tristes y abatidos; podemos experimentar la alegría de vivir y el gozo interno de estar en paz; en uno y otro caso, siempre estamos acompañados. Nunca vivimos solos. En el sufrimiento para que nos duela menos; en la alegría para que sea más intensa y duradera. Jesús está en nuestro corazón; él ha poseído nuestra alma, por eso «somos templos del Espíritu Santo» y con nuestra vida damos culto a Dios. No; no estamos solos; Jesús nos acompaña siempre, porque nos quiere más que nosotros a nosotros mismos. Lo único que pide es que le dejemos un hueco en nuestra vida. Que nuestro egoísmo no la ocupe toda. Algún resquicio debemos dejar abierto para que pueda entrar y modificar nuestras actitudes básicas y nuestros principios racionales: orientarlos todos hacia el bien.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

 

Mi Cristo roto

– “¿Quiere usted algo, padre?” — “Dar una vuelta por la tienda, mirar, ver…” De pronto…, vi un Cristo roto. Debió ser un Cristo muy bello, pero ahora no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero y había perdido la cara.– “Ohhh, es una magnífica pieza, tiene usted gusto, padre”. — “¡Pero… está tan rota, tan mutilada!” — “No importa, al lado hay un magnífico restaurador.” Fingiendo que le costaba separarse de Él, me dijo:– “Tenga, 3000 pesetas, no gano nada¡ Se lleva usted una joya!” Lo rebajó a 800.

De noche, en la cara del Cristo, dije: — “No puedo verte destrozado, mañana mismo te llevaré al taller”.– “¡No, no!, contestó el Cristo. ¡No me restaures, te lo prohíbo! Quiero que, al verme roto, te acuerdes de tantos hermanos tuyos rotos, aplastados, indigentes. Sin brazos, sin trabajo. Sin pies, les han cerrado los caminos. Sin cara, les han quitado la honra. Los olvidan y les dan la espalda. A ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele; a ver si así, roto y mutilado, te sirvo de clave para el dolor de los demás. Muchos cristianos se deshacen en besos, luces, flores y se olvidan de sus hermanos, cristos feos, rotos y sufrientes. Besan un Cristo bello, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. ¡Esos besos me hieren el corazón¡ ¡Debiera haber un cristo roto en la entrada de cada iglesia, que gritara el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti”. — “Sí, Señor, te lo prometo, contesté”.  (P. Ramón Cué, sj)

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 28 de mayo (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical

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