13
may

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión [...]. Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Son los días en que especialmente se canta el Aleluya. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la Octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. La Ascensión del Señor se celebra el cuadragésimo día después de Pascua, a no ser que se traslade al séptimo domingo de Pascua, en los lugares donde no es de precepto. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico del Tiempo pascual es el blanco.

1. Lecturas del V Domingo de Pascua

[Año A: Hechos de los Apóstoles 6,1-7; 1Pedro 2,4-9; Juan 14,1-12]

Apóstol: «Acercándoos al Señor, piedra viva rechazada por los hombres, pero elegida y preciosa para Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción de una casa espiritual para un sacerdocio santo, a fin de ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Jesucristo».

Evangelio: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto».

2. Meditación

 1.- Jesús es la puerta del redil donde se recoge y guarda el ganado, según meditamos el domingo pasado. Jesús es el camino donde se transita con la bondad y la fidelidad al Señor, como él vivió. Es un camino, pues, donde se anda con la obediencia al amor del Padre. Jesús es el medio que Dios utiliza para crearnos: «El es la imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura, porque en él fueron creadas todas las cosas, celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos y Dominaciones, Principados y potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo y todo se mantiene por él» (Colosenses 1,15-17; cf. Juan 1,3.10). Toda la realidad y toda nuestra vida lleva impresa la marca de Jesús: es la voluntad del Señor: «Para nosotros no hay más que un Dios, el Padre, de quien procede todo y para el cual somos nosotros, y un solo Señor, Jesucristo, por quien existe todo y nosotros por medio de él» (1Corintios 8,6). Si esto es así, no nos extrañe que Dios enviara a su Hijo para recrearnos y devolvernos la imagen divina que teníamos cuando salimos de sus manos. Por amor fuimos creados en Cristo; por amor, por gracia hemos sido recreados en Cristo: «Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos ha hecho revivir en Cristo —estáis salvados por pura gracia—; y nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él» (Efesios 2,4-6).

2.- La comunidad. El encuentro entre Dios y cada uno de nosotros se da en la vida e historia de Jesús. Y dicho encuentro hace que la comunidad vaya alentando y ofreciendo a cada uno la posibilidad de que contribuyamos a que la Iglesia reforme el mundo al aportarle la vida del Resucitado. El cristianismo no es un acontecimiento estrictamente personal; la resurrección no nos afecta exclusivamente de una forma individual, sino que es la transformación que Dios hace de la creación entera por medio de su Hijo, el camino por el que andamos Dios y nosotros en la historia, en el cosmos, en el universo. La comunidad, la familia, la Iglesia, es decir, cuando vivimos y crecemos en las relaciones fraternas, nos harán sentirnos resucitados individualmente. Y al contrario, conforme vivamos el hombre nuevo que es Jesús, iremos reforzando la familia y la comunidad cristiana, que son el objeto inmediato de la benevolencia divina.

3.- Los creyentes transitamos por la vida con la identidad de Jesús: obedeciendo a la relación de amor que Dios ha establecido con todos. Los cristianos creemos directamente en Jesús, porque «a Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer» (Juan 1,18). Por eso no es extraño que la comunidad de Juan Evangelista afirme de una forma emocionante: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida: pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó» (1Juan 1,1-2). Seguir a Jesús, caminar tras él, pobre y crucificado, como le gustaba decir a San Francisco, es la vocación cristiana. Y es una vocación que no pretende cristianizar sociológicamente las culturas, sino transformar los principios del poder y la ambición en los principios de la libertad, la justicia y el servicio. La bondad divina se transforma en nosotros en los valores que dignifican a la persona.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

Por qué las luciérnagas están encendidas de noche

Cuentan las viejas historias que, al comienzo de los tiempos, las luciérnagas eran completamente negras, pues así las había creado Dios. Vivían muy felices y en las noches podían defenderse de los sapos porque, al ser oscuras, no las veían.

Una noche se perdió un niño en el bosque, y, a medida que la oscuridad se volvía más y más espesa, se puso a llorar con desconsuelo. La luciérnaga quería ayudarle, pero ¿cómo? “Si al menos tuviera un fósforo para alumbrarle el camino…” Entonces emprendió vuelo hacia el cielo, y, cuando llegó frente al trono de Dios, le suplicó :– Dame un fósforo para alumbrar el camino a un niño que se perdió en el bosque. Y Dios le encendió un fósforo. Pero cuando la luciérnaga lo quiso coger, casi se quema las alas. — No podré ayudar al niño con un fósforo. Está muy caliente y me quemo las alas.

Entonces, Dios se puso a pensar y le dijo a la luciérnaga:– La solución es que tú te conviertas en luz –y tocándole el abdomen, se lo hizo fosforescente. La luciérnaga llegó donde estaba el niño y se puso a volar delante de él. Así, el niño pudo encontrar el camino para regresar a su casa. Desde ese día, las luciérnagas vuelan por las noches, alumbrando como si fueran estrellas con alas, para orientar a todos los niños que andan perdidos. Pero desde entonces la luciérnaga se hizo presa fácil de reptiles y anfibios. Es el riesgo que corren los que desean ayudar a los demás.

 

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 14 de mayo (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical

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