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abr

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión [...]. Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Son los días en que especialmente se canta el Aleluya. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la Octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. La Ascensión del Señor se celebra el cuadragésimo día después de Pascua, a no ser que se traslade al séptimo domingo de Pascua, en los lugares donde no es de precepto. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico del Tiempo pascual es el blanco.

1. Lecturas del III Domingo de Pascua

[Año A: Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33; 1Pedro 1,17-22; Lucas 24,13-35]

Apóstol: «A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Evangelio: «”¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan».

2. Meditación

            1.- «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». La muerte de Jesús en cruz, sentenciada y ejecutada por la autoridad legítima, hace que los discípulos no puedan ayudar a su Maestro. Además, deslegitima las pautas de vida que les ha enseñado para hacer presente el Reino. Después de tres días, cuando el cuerpo empieza a corromperse y no hay posibilidad de una reanimación, abandonan Jerusalén. Unos van a Galilea, otros, en este caso, a Emaús. Después de contarle los dos discípulos al «desconocido» el fracaso de Jesús, éste les enseña algo que era muy difícil de admitir: que el enviado del Señor iba a salvar a Israel por un amor crucificado, no por la fuerza o el poder humanos. La Palabra de Jesús les llega al corazón, riega su alma y seguro que además de los profetas, les citaría los salmos. Es la Palabra de Dios la que les introduce en el mundo divino. Lo mismo que a nosotros los creyentes: la Palabra es una Palabra salida de la boca del Señor y debemos retenerla como la primera aproximación que Él tiene hacia nosotros. Hay que escucharla como venida de Dios para nuestro beneficio, para nuestra salvación.

2.- «Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída». Con la escucha de la Palabra se inicia nuestra conversión, la vuelta de nuestro rostro al Señor, o se madura nuestra fe, nuestra relación con Él. Y ver, observar y experimentar al Señor, para Jesús se hace viendo, observando, aproximándonos a las personas que padecen por cualquier causa en esta vida: «Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer,….». Es lo que hacen los discípulos de Emaús: comprender que el forastero que les acompaña quedaría solo en el camino expuesto al asalto de los bandidos o ladrones que pululan por Palestina. Entonces le invitan a quedarse en la posada para cenar y dormir. Un gesto que les honra, porque son capaces de captar la necesidad del desconocido, y sin que él se lo pida,  le ofrecen su ayuda. Se puede añadir que el forastero les ha atraído sobremanera con la explicación de la Escritura. Ella no le ha llevado a descubrir a Jesús, pero les ha acercado a su mundo, a su vida, a su dimensión filial. Palabra y hecho de amor aparecen como fundamentales para introducirse en el mundo de Jesús.

3.- «Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron». Jesús come con ellos, como tantas veces lo ha hecho en su ministerio en Palestina: con Zaqueo, con María, Marta y Lázaro, con los discípulos en casa de la suegra de Pedro, con Leví, con el fariseo Simón. Tantas veces lo hizo que le acusan de que come con los pecadores. Da de comer a una multitud, impide que la gente pase hambre: un hecho que queda grabado en la conciencia cristiana de todos los tiempos. Pero también come con los discípulos en el tiempo pascual antes de padecer y morir. La presencia de su vida, de su misión salvadora, se concreta en dos gestos y dos frases, todas válidas. Partir y repartir el pan; pasar a los discípulos la copa de la salvación. Dos gestos que quieren decir que su vida se entrega por ellos, por muchos, por todos. Y tienen que repetir los gestos, las palabras, para que su salvación sea una oferta permanente en la historia para todas las personas que existen. Es entonces cuando lo descubren los discípulos de Emaús. Partir y repartir el pan y el vino son los signos cristianos que concentran la presencia del amor de Dios en la historia, es decir, la presencia del mismo Hijo de Dios: Jesucristo”.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://www.fresnedaofm.es.]

3. Contemplación

El paquete de galletas

Cuando la señora llegó a la estación, supo que su tren se retrasaría. Fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco y se sentó a esperar. Mientras ella leía, un joven se sentó a su lado y comenzó a enredar en su móvil. La señora observó cómo el muchacho abría el paquete de galletas, y se las iba comiendo. La mujer se molestó. Con gesto exagerado, cogió una galleta y, mirándole fijamente a los ojos, se la comió.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta, sonrió y se la comió. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta: la señora, irritada; el muchacho, sonriente. Se dio cuenta de que quedaba la última galleta: “No podrá ser tan descarado”, pensó. Con calma, el joven tomó la última galleta, la partió por la mitad y, con gesto amable, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.– ¡Gracias!, dijo, molesta, la mujer mientras tomaba la mitad. — De nada, contestó el muchacho, sonriendo.

Entonces anunciaron la salida del tren. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla, vio al muchacho sentado en el banco y pensó: “¡Que insolente, qué mal educado…!” Sin dejar de mirar al joven, sintió la boca reseca por el disgusto, abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó sorprendida: allí, dentro de su bolso, estaba su paquete de galletas… ¡intacto! Se sintió profundamente avergonzada.

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 30 de abril (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

 

 

Categoría : Lectio dominical

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