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[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Durante la Semana Santa, la Iglesia celebra los misterios de la salvación realizados por Cristo en los últimos días de su vida, empezando por su entrada mesiánica en Jerusalén. El tiempo de Cuaresma continúa hasta el atardecer del jueves santo, en que comienza el Triduo pascual [...]. La Semana Santa empieza el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que comprende a la vez el presagio del triunfo real de Cristo y el anuncio de la Pasión. La relación entre los dos aspectos del misterio pascual se ha de evidenciar en la celebración y en la catequesis del día”. (Carta PCFP núm. 27-28).

El color litúrgico de este Domingo es el rojo de los mártires.

1. Lecturas del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

[Año A: Isaías 50,4-7; Filipenses 2,6-11; Mateo 26,14–27,66

Apóstol: «Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.».

Evangelio: «Y el sumo sacerdote le dijo: "Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios." Jesús le respondió: "Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo."  Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:" Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?" Y ellos contestaron: "Es reo de muerte"».

2. Meditación

1.- Jesús viaja a Jerusalén con sus discípulos para celebrar la Pascua, como tantos peregrinos lo hacen formando largas caravanas. Caminan de Jericó a Jerusalén (cf. Marcos 10,46) pasando por el monte de lo Olivos. Jesús manda a dos discípulos a un pueblo vecino para que recojan un borrico en el que nadie ha montado aún (cf. Marcos 11,1-6par), como signo de la dignidad del que lo va a subir. Si alguien se opone a la acción, en cierto modo lógica, Jesús les dice que es el «Señor» quien lo manda, es decir, el que está sobre todos, al menos sobre sus seguidores. Con ello eleva la orden por encima de cualquier lógica histórica y da contenido al mensaje que se comunica a continuación: el hijo de David va a entrar en Jerusalén para tomar posesión de la ciudad (cf. Mt 21,9). La escena está elaborada a partir de un texto de Zacarías (9,9) como trasfondo: «Alégrate, ciudad de Sión: aclama, Jerusalén; mira a tu rey que está llegando: justo, victorioso, humilde, cabalgando un burro, una cría de burra» (cf. Mateo 21,5). Los discípulos y la gente que le acompaña forman un tapiz sobre el suelo para que pase por encima el rey mesías (cf. 2Reyes 9,12-13). Al gesto de extender sobre el suelo los mantos y las ramas de olivo se une una doble aclamación a Dios. La primera se realiza a través del mensajero que manda: el mesías rey que aparece para instaurar su Reino. La segunda se dirige a Dios mismo en su morada que está en lo más alto. Así se le reconoce toda su gloria. Por último, «entró en Jerusalén y se dirigió al templo. Después de inspeccionarlo todo, como era tarde, volvió con los Doce a Betania» (Marcos 11,11). Jesús echa una mirada hacia un edificio que le pertenece. Es el emblema de la ciudad o la razón de ser de Jerusalén. Indica una inspección que prepara la protesta que hará después, cuando vuelque las mesas de los cambistas para purificar la sede de su Padre (cf. Marcos 11,15-19par).

2.– Jesús entra en Jerusalén como mesías rey según la creencia cristiana. Por medio de su pasión, muerte y resurrección Dios ofrece la salvación a los hombres. No es ningún político ni un militar ensoberbecido de sus triunfos. Lucas lo narra en un tono de inmensa alegría. Los discípulos han contemplado sus milagros y han escuchado su palabra en su recorrido por Palestina. Por eso alaban a Dios a su entrada en Jerusalén, como al inicio de su vida lo hicieron los pastores en Belén (cf. Lucas 19,37; 2,20). Las aclamaciones que recibe Jesús a las puertas de Jerusalén no tienen eco alguno en los que la habitan. Comprobaremos que las autoridades y el pueblo se pondrán en su contra y pedirán su muerte (cf. Marcos 15,11-15par). Lucas lo avisa: «Algunos fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos. Replicó: Os digo que, si éstos callan, gritarán las piedras» (Lucas 20,39-40). Pero él entra en son de paz, ya que es un mesías humilde y sencillo, como dice la cita de Zacarías. Es un aviso a la acusación de Caifás en el proceso religioso (cf. Marcos 14,61-62par) y a las voces que se oyen como injurias cuando está clavado en la cruz (cf. 15,32par). No deben existir equívocos sobre la identidad modesta y pacífica del mesías, del sentido que comporta su Reino, como antes le ha sucedido a Pedro (cf. Marcos 8,27-38par), porque el pueblo cree que el mesías posee el poder divino, como su filiación participa de la omnipotencia del Todopoderoso. Mesías, Hijo y Rey serán títulos que se barajarán en los procesos ante el sumo sacerdote y Pilato y constituirán la causa de la condena, y sus contenidos deben estar claros al principio del debate definitivo de Jesús con los responsables religiosos de Israel.

3.- Jesús es un mesías que viene a Jerusalén para comunicar la paz y la salvación, y sus habitantes le contestarán con la muerte. Se presenta con la debilidad externa que declara su imagen no violenta y pacífica que resalta al entrar montado en un asnillo, como suelen ir los responsables de los pueblos cuando van a las ciudades en tiempos de paz para concederles favores y privilegios (cf. Jueces 5,10). No cabalga sobre un caballo dispuesto a entrar en combate o para sitiar y conquistar una ciudad, como acentúa el verso siguiente del profeta que da pie a la narración: «Suprimirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén; será suprimido el arco de guerra, y él proclamará la paz a las naciones» (Zacarías 9,10; cf. Isaías 62,11). Lucas apunta que el mensaje de paz dado en Belén cuando nace Jesús es a la tierra (cf. Lucas 2,14); ahora, que visita Jerusalén, la paz pertenece a Dios que está en el cielo, como su gloria. Y la meta de la misión de Jesús es la gloria, donde va a residir para siempre (cf. Juan 13,32-33), y no la muerte en cruz. También la aclamación de los discípulos: «Paz en el cielo, gloria al Altísimo» puede ser una referencia velada a Jerusalén, ansiosa de esa paz que él ofrece con su presencia en estos momentos.

Fray Francisco Martínez Fresneda, ofm [http://fresnedaofm.es/2017]

3. Contemplación

Victoria es el arte de continuar… hasta la última cuerda

 Paganini fue un impresionante violinista: notas mágicas salían de su violín. Una noche, el público aguardaba. La orquesta fue aplaudida. El director fue ovacionado. Y, cuando la figura de Paganini surgió, el público deliró. Paganini colocó su violín en el hombro. Fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecían tener alas y volar al toque de sus dedos encantados. De pronto, se escucha un sonido extraño. Una de las cuerdas de su violín se ha roto. El director paró. La orquesta paró, pero Paganini, continuó. El maestro y la orquesta, exaltados, vuelven a tocar.

 Antes de que el público se serenara, otro sonido perturbador llama  la atención de los asistentes. Otra cuerda del violín de Paganini se rompe. El director para nuevamente. La orquesta para nuevamente. Como si nada hubiese sucedido, Paganini sigue sacando sonidos de su deficiente violín. El director y la orquesta, impresionados, vuelven a tocar.

 De pronto, el público, atónito, lanza una larguísima exclamación: una tercera cuerda del violín de Paganini se ha roto. El director se paraliza. La orquesta se detiene. La respiración del público se detiene. Pero Paganini continúa. Como un contorsionista musical, sigue arrancando todos los sonidos de la única cuerda de su violín. El público, delirante, rompe el silencio y prorrumpe en gritos de euforia. Paganini alcanza la gloria.  Siempre hay una última cuerda y con ella podrás vibrar tú, y hacer vibrar a los demás. Victoria es el arte de continuar, donde los otros resuelven parar.

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Ramos, 9 de abril (11.30 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Domingo de Ramos: 11:00, 11.30 (Bendición de Ramos en el Corralón, procesión y Misa Solemne conventual), 13:00 y 20:00.
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
  4. El Viernes Santo, a las 12:00 del mediodía se reza el ejercicio del Vía Crucis por las calles de la villa.
  5. Confesiones: el miércoles, jueves, viernes y sábado santos, de 11.30 a 12.30

La Pascua está más cerca. ¿Estás preparado?

Categoría : Lectio dominical

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