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mar

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

  ¡Sí, Cuaresma aún en el siglo XXI! No te asustes, no te encojas, no te des media vuelta, hermano y discípulo de Cristo. Entérate de que es Cuaresma, no te la pierdas, vívela a tope. Abre bien los ojos, los oídos, deslumbrados, aturdidos por focos y decibelios. Tú, joven, ábrelos el que más. Ábrelos a la luz que no deslumbra ni ciega, a la voz que no hiere ni machaca. Nunca hombre alguno habló como él. Nunca miró nadie con tanta ternura a los despreciados y a los que, aun siendo suyos, le traicionaron. Ensancha y abre el corazón. Hasta ahí llega esa luz, para hacerte ver lo divino que eres. Hasta ahí llega esa voz, para aplacar las tormentas de ese mar, para asegurarte que eres inmenso como el mar, como el cielo, para convencerte de que eres el cielo del cielo y llenarte de soles sin ocaso.

¿Cuaresma de ayuno, limosna y oración aún en el siglo XXI?

¡Sí, y en el XXII cuando llegue! Vívela, cristiano, que no te pase inadvertida y sin provecho.

AYUNA. No te obsesiones con sacarle a la vida todo el jugo del goce. Ayuna de tus vicios y violencias, no alardees de ellos, rompe con ellos aunque te duela. No seas veleta zarandeada por los vientos de todos los deseos, encamínalos para que no te destrocen ni a ti ni a nadie, para que te lleven a la meta de ser tú mismo de verdad. No quieras todo para ti. ¿Qué quedaría para los demás? ¿Qué quedaría para ti si todos acumulasen como tú? Curra, no te escaquees de tus obligaciones. Estáte alerta, no vivas grogy, no vayas por la vida como un zombie, que, detrás de la esquina de cada anuncio, puede haber un comecocos. Destierra de tu vida la venganza. No dejes que te lleven los demonios ante los reveses y ofensas. Huye del odio y derrotismo como de infartos mortales. No dejes que el rencor te roa las entrañas como un cáncer, cúratelas con el perdón. No te cebes en la carne de tus semejantes. No te aproveches ni te pongas por encima de nadie. No atropelles, no seas falso, duro, injusto. Admite tus fallos. Vacíate de todo lo que te sobra, de todo lo inútil que te ahoga y asfixia tu espíritu, de todo lo que te dificulta abrirte a Dios y al prójimo, de todo lo que te impide amar y ser tú mismo. Lucha por tu libertad plena, libérate de todo lo que te hace esclavo. Naciste libre, así te hizo y te quiere Dios. ¿Ves? ¡Menudo ayuno! ¡Y de lunes a domingo, no sólo el viernes!

DA LIMOSNA. Generosa, no a cuentagotas o a migajas. “No te guardes nada, gasta, derrocha alegrías, dichas…” (Pedro Salinas). ¿Cuánta limosna de paciencia, atenciones, ayuda, comprensión, cariño has recibido? Párate a pensarlo, a contar los tesoros que todos te han dado. Te verás pobre y mendigo, pero lleno y feliz. Verás (sin envidia) los bienes que atesoran los demás y cómo reparten, cómo te los dieron y te los dan. Y verás que todos somos necesitados, mendigos, nos atrevamos a pedir o no, nos atrevamos a reconocerlo o no. No te dé vergüenza ser por-diosero: pedir y esperar, por Dios, comprensión, ayuda, aprecio y cariño. Quiere y déjate querer, y da siempre las gracias. ¿Podrás pagar alguna vez todo lo que recibiste y terminar de dar de lo que llevas y los demás, todos, necesitamos?

            No eches siete cerrojos a tu corazón, lo convertirías en antro y tumba, ábrelo a todos y será cada día más grande y rico. No te limites a aguantar a los demás, acéptalos como son. No eches pestes de tu vecino, llévate bien con todos, háblate con todos, voten al partido que voten. Anima al que pasa la “depre” y no tiene ganas de vivir. No dejes que a nadie devore su soledad. Ayuda a “desengancharse” al que está “enganchado”. Sé para los tuyos un manantial de gozo y confianza. Abre a todos las manos y verás cuántas riquezas hay en ellas y cómo se multiplican dando. “No pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir; al dar te haces limosna a ti mismo” (San Pedro Crisólogo). La mayor riqueza: dar. Disfrutarás de tanta felicidad como des. Devuelve a Dios tanto como te dio, que no te quedarás sin ello, volverá a ti enriquecido. A Dios, que te lo dio todo, ofrécele tu alma, ofrécete tú entero. Él también te pide limosna. ¡Limosna que no te puede dar el Banco de España ni el mayor holding, pero que está en tus manos de pobre!

ORA. No te limites a rezar, ora a Dios. Lo llevas en ti, él espera que te des cuenta de su presencia, espera que bajes a lo profundo de tu corazón y lo descubras ahí, que le mires, le escuches, le hables. Él también quiere cariño, tu cariño. Ora: entra en ti, no estés siempre fuera, “en la calle”, pues, entonces, ¿quién serías? ¿de quién serías? Necesitas calor de hogar. Ora: entra en tu corazón: ahí está la paz, la luz, la fuerza que necesitas para luchar, para sobrevivir, para que respire tu alma, para no sucumbir a los golpes de la vida y de la muerte, para ser libre, para amar. Ora: escucha la Palabra limpia, que toca, sana y eleva el corazón. Ora: entérate de que eres divino, créetelo, no te tengas por menos, ni te quedes subdesarrollado, llega a ser lo que eres. Ora: Pon ante el Señor tus desánimos y tus desesperanzas, tus miserias y tus deseos más limpios, que nunca llegas a cumplir, pero que son lo mejor de ti, pon ante él las necesidades y sufrimientos de todos los hombres, pídele confianza en la vida y en tu prójimo, pídele que nunca te falte la luz del corazón, pídele fuerza para cargar con el dolor y el pecado del mundo, para ir con esa cruz a la Pascua. Ora: vuelve a tu corazón, vuelve a ti, que es volver a Dios; vuelve a Dios, que es volver a ti. Ora: vuelve, hermano, a tu corazón.

            ¿Y qué saco yo con esto? Ya te lo he ido diciendo. Serás como quisieras ser. Irás con Jesús, tu hermano, el hermano de todos, hacia la Pascua, su Pascua, tu Pascua, nuestra Pascua. Conseguirás que tu vida sea Pascua y que tu cruz se convierta en fuerza y luz que vencerá la noche de tus errores, penas, angustias y temores. ¡Qué aurora pascual te espera si vives la Cuaresma con el corazón! ¡Y cómo esa aurora, de Cristo y tuya, difundirá la luz de la alegría por este mundo, tuyo, nuestro y de Cristo!

Marcos  Rincón  Cruz

Humor de vigilia

Discípulo: –¿Cuál ha sido la mayor dificultad en el desierto? ¿El hambre? ¿La sed? ¿La tentación de Satanás?

Jesús: — … Que en el desierto no había conexión de Internet, ¡Ni siquiera Wifi!

La Pascua está cerca. Ponte en camino

Categoría : Noticias

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