Lectio dominical

29
abr

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión [...]. Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Son los días en que especialmente se canta el Aleluya. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la Octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. La Ascensión del Señor se celebra el cuadragésimo día después de Pascua, a no ser que se traslade al séptimo domingo de Pascua, en los lugares donde no es de precepto. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico del Tiempo pascual es el blanco.

1. Lecturas del III Domingo de Pascua

[Año A: Hechos de los Apóstoles 2,14.22-33; 1Pedro 1,17-22; Lucas 24,13-35]

Apóstol: «A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Evangelio: «”¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”. Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: “Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”. Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan».

2. Meditación

            1.- «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». La muerte de Jesús en cruz, sentenciada y ejecutada por la autoridad legítima, hace que los discípulos no puedan ayudar a su Maestro. Además, deslegitima las pautas de vida que les ha enseñado para hacer presente el Reino. Después de tres días, cuando el cuerpo empieza a corromperse y no hay posibilidad de una reanimación, abandonan Jerusalén. Unos van a Galilea, otros, en este caso, a Emaús. Después de contarle los dos discípulos al «desconocido» el fracaso de Jesús, éste les enseña algo que era muy difícil de admitir: que el enviado del Señor iba a salvar a Israel por un amor crucificado, no por la fuerza o el poder humanos. La Palabra de Jesús les llega al corazón, riega su alma y seguro que además de los profetas, les citaría los salmos. Es la Palabra de Dios la que les introduce en el mundo divino. Lo mismo que a nosotros los creyentes: la Palabra es una Palabra salida de la boca del Señor y debemos retenerla como la primera aproximación que Él tiene hacia nosotros. Hay que escucharla como venida de Dios para nuestro beneficio, para nuestra salvación.

2.- «Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída». Con la escucha de la Palabra se inicia nuestra conversión, la vuelta de nuestro rostro al Señor, o se madura nuestra fe, nuestra relación con Él. Y ver, observar y experimentar al Señor, para Jesús se hace viendo, observando, aproximándonos a las personas que padecen por cualquier causa en esta vida: «Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer,….». Es lo que hacen los discípulos de Emaús: comprender que el forastero que les acompaña quedaría solo en el camino expuesto al asalto de los bandidos o ladrones que pululan por Palestina. Entonces le invitan a quedarse en la posada para cenar y dormir. Un gesto que les honra, porque son capaces de captar la necesidad del desconocido, y sin que él se lo pida,  le ofrecen su ayuda. Se puede añadir que el forastero les ha atraído sobremanera con la explicación de la Escritura. Ella no le ha llevado a descubrir a Jesús, pero les ha acercado a su mundo, a su vida, a su dimensión filial. Palabra y hecho de amor aparecen como fundamentales para introducirse en el mundo de Jesús.

3.- «Sentado a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron». Jesús come con ellos, como tantas veces lo ha hecho en su ministerio en Palestina: con Zaqueo, con María, Marta y Lázaro, con los discípulos en casa de la suegra de Pedro, con Leví, con el fariseo Simón. Tantas veces lo hizo que le acusan de que come con los pecadores. Da de comer a una multitud, impide que la gente pase hambre: un hecho que queda grabado en la conciencia cristiana de todos los tiempos. Pero también come con los discípulos en el tiempo pascual antes de padecer y morir. La presencia de su vida, de su misión salvadora, se concreta en dos gestos y dos frases, todas válidas. Partir y repartir el pan; pasar a los discípulos la copa de la salvación. Dos gestos que quieren decir que su vida se entrega por ellos, por muchos, por todos. Y tienen que repetir los gestos, las palabras, para que su salvación sea una oferta permanente en la historia para todas las personas que existen. Es entonces cuando lo descubren los discípulos de Emaús. Partir y repartir el pan y el vino son los signos cristianos que concentran la presencia del amor de Dios en la historia, es decir, la presencia del mismo Hijo de Dios: Jesucristo”.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://www.fresnedaofm.es.]

3. Contemplación

El paquete de galletas

Cuando la señora llegó a la estación, supo que su tren se retrasaría. Fastidiada, compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco y se sentó a esperar. Mientras ella leía, un joven se sentó a su lado y comenzó a enredar en su móvil. La señora observó cómo el muchacho abría el paquete de galletas, y se las iba comiendo. La mujer se molestó. Con gesto exagerado, cogió una galleta y, mirándole fijamente a los ojos, se la comió.

Como respuesta, el joven tomó otra galleta, sonrió y se la comió. El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta: la señora, irritada; el muchacho, sonriente. Se dio cuenta de que quedaba la última galleta: “No podrá ser tan descarado”, pensó. Con calma, el joven tomó la última galleta, la partió por la mitad y, con gesto amable, ofreció la mitad de la última galleta a su compañera de banco.– ¡Gracias!, dijo, molesta, la mujer mientras tomaba la mitad. — De nada, contestó el muchacho, sonriendo.

Entonces anunciaron la salida del tren. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Al arrancar, desde la ventanilla, vio al muchacho sentado en el banco y pensó: “¡Que insolente, qué mal educado…!” Sin dejar de mirar al joven, sintió la boca reseca por el disgusto, abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó sorprendida: allí, dentro de su bolso, estaba su paquete de galletas… ¡intacto! Se sintió profundamente avergonzada.

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 30 de abril (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

 

 

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22
abr

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión [...]. Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Son los días en que especialmente se canta el Aleluya. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la Octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. La Ascensión del Señor se celebra el cuadragésimo día después de Pascua, a no ser que se traslade al séptimo domingo de Pascua, en los lugares donde no es de precepto. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico del Tiempo pascual es el blanco.

1. Lecturas del II Domingo de Pascua

[Año A: Hechos de los Apóstoles 2,42-47; 1Pedro 1,3-9 ; Juan 20,19-31]

Apóstol: «BENDITO sea Dios, Padre de nuestro Señor, Jesucristo, que, por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva; para una herencia incorruptible, intachable e inmarcesible, ».

Evangelio: «A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a vosotros”. Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Contestó Tomás: “Señor mío y Dios mío!”. Jesús le dijo:”¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto”. Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre».

2. Meditación

El Evangelio de hoy no es un relato pascual más. No se trata sólo de contarnos cómo Jesús se apareció, después de muerto, a los discípulos de diversas maneras. El Evangelio de hoy nos muestra una forma diferente de encontrarnos con Jesús resucitado, de llegar a sentir la esperanza y la vida nueva que su Resurrección representa para nosotros. Tomás es el personaje. Es precisamente la incredulidad de Tomás la que nos permite descubrir ese camino nuevo, con una luz diferente que nos facilita descubrir el verdadero ser de Dios, manifestado en Jesús de Nazaret. Es un camino que nos saca de las veredas habituales y rutinarias para deslumbrarnos con otra posibilidad de vivir de otra manera: al modo de Dios.

Las palabras de Tomás –“Si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en el costado, no creo”– le dan pie a Jesús en el Evangelio para lanzarnos un desafío: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado”. Es el Resucitado el que habla así. Pero se refiere a su cuerpo dolorido, torturado, sangrante. Se refiere a sus heridas abiertas. Una vez más la cruz y el sufrimiento se cruzan en el camino del cristiano que lleva a la resurrección. Jesús Resucitado se manifiesta precisamente al meter la mano en las heridas del Jesús muerto, del Jesús que ha recogido en su cuerpo torturado todo el dolor del mundo y de la historia, de aquellos a los que les ha tocado siempre la peor parte de esta historia nuestra.

Tocar las heridas de nuestros hermanos. Quizá éste sea el mensaje central del Evangelio de este segundo domingo de Pascua. Al Jesús Resucitado no le encontramos en la paz de las iglesias. Hay que salir a lo hondo de este mundo. Hay que meter la mano en las heridas de la historia. Hay que acercarse a los que les ha tocado la peor parte, a los pobres, a los marginados de todo tipo, a los que sufren por cualquier razón. Ahí, tocando la cruz, controlando la repulsión que podemos sentir, es como nos encontramos con el Señor Resucitado, con el Jesús al que el Padre ha devuelto la vida. Acercándonos a los lugares oscuros de la historia, donde el pecado, el dolor y la muerte están demasiado presentes, donde aparentemente no cabe la esperanza, es como encontraremos al que es la fuente de toda esperanza, al que nos hace mirar más allá de la muerte, con una perspectiva que no es la de los hombres sino la perspectiva de Dios. Tocando las heridas de nuestros hermanos y hermanas, será como podremos escuchar de los labios del mismo Jesús la palabra que sanará nuestro corazón: “Paz a vosotros”. En medio del dolor de nuestros hermanos, asumido como nuestro, podremos escuchar la palabra de Pedro en la segunda lectura. Sabremos que hemos nacido de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible y nos sentiremos capaces de vivir con alegría, aunque nos toque sufrir en pruebas diversas.

Escuchar a Jesús, allá donde nos habla. Sintiendo a todos los hombres y mujeres como hermanos y hermanas en el corazón, seremos capaces de recrear aquella comunidad primera en la que todos vivían unidos y lo tenían todo en común, participaban en la Fracción del pan, en la enseñanza de los apóstoles y en las oraciones. Como nos decía la Gaudium et Spes en su primer párrafo: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo.” Y ahí precisamente es donde experimentamos a Jesús Resucitado y escuchamos una vez más su voz, que nos llena de esperanza: “Paz a vosotros”.

FP [http://www.ciudadredonda.org.]

3. Contemplación

Tocar no es ver… ni creer

Max es un poeta ciego, protagonista de “Luces de Bohemia”, una de las obras de teatro de Ramón María del Valle Inclán. A pesar de que Max es ciego, en algunos momentos de la obra, dice que ve. “Madama” Collet es su mujer: se enamoró de ella en los tiempos locos de su juventud bohemia, en París. Ahora viven en Madrid, con su hija Claudinita.

Al principio de la obra, Max mantiene esta conversación con su mujer: “Max: ¡Espera, Collet! ¡He recobrado la vista! ¡Veo! ¡Oh, cómo veo! ¡Magníficamente! ¡Está hermosa la Moncloa! ¡El único rincón francés en este páramo madrileño! ¡Hay que volver a París, Collet! ¡Hay que volver allá, Collet! ¡Hay que renovar aquellos tiempos!

Madama Collet: Estás alucinado, Max.

Max: ¡Veo, y veo magníficamente!

Madama Collet: ¿Pero qué ves?

Max: ¡El mundo!

Madama Collet: ¿A mí me ves?

Max: ¡Las cosas que toco, para qué necesito verlas!”

Tomás necesita “ver” y “tocar”: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Y Jesús, tras acceder a su necesidad, va a proclamar dichosos a los que crean sin haber visto.

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 23 de abril (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

 

 

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16
abr

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión. Durante el transcurso del año desarrolla todo el Misterio de Cristo y conmemora las fiestas de los Santos. [...] La Vigilia Pascual, en la noche santa de la Resurrección del Señor, es considerada como «la madre de todas las santas vigilias», en ella, la Iglesia espera en vela la Resurrección de Cristo y la celebra en los sacramentos. Por consiguiente, la celebración de esta santa Vigilia debe hacerse totalmente de noche, es decir, empezar después del comienzo de la noche y terminar antes del alba del domingo. [...] Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. (NUAL núm. 1. 21.24).

El color litúrgico del Tiempo Pascual es el blanco.

1. Lecturas del Domingo de la Pascua de Resurrección

[Año A: Hechos de los Apóstoles 10,34a.37-43; Colosenses 3,1-4; Juan 20,1-9

Apóstol: «Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos».

Evangelio: «Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó».

2. Meditación

Estamos como María Magdalena de madrugada, casi a oscuras, confusos, llorosos, mirando una tumba. Ella se apresura hacia el sepulcro, sigue vivo el amor, que ha nacido del encuentro con Jesús en su vida. Es el amor, que necesita sentir la presencia, el que no se conforma resignado con la muerte. Un amor que nos pone en marcha, que nos empuja, a pesar de que todo nos hable de fracaso y de muerte. Pero atención: “Vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Queda despistada, se lo han llevado, no sabe donde lo han puesto, no parece pensar en la Resurrección prometida por el Maestro. Tiene la necesidad de correr en medio de tanta incertidumbre, pide ayuda a Pedro y a Juan, que también comienzan a correr. Muchos ir y venir en la mañana de Pascua, es lo que nos suele pasar ante lo nuevo, lo que no entra en nuestros criterios y esquemas. Nervios, miedos…, ¿Qué pensarían María Magdalena, Pedro y Juan, mientras corrían?, ¿Cuál serían sus ilusiones, sus temores?, y ¿su esperanza?

Llega primero Juan: “Se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo, pero no entró”. Pero deja paso a Pedro que es la autoridad, lo mira todo, las vendas, el sudario y parece no entender lo que ha pasado, ya antes quiso apartar al Maestro de la cruz y es más orgulloso y obcecado, seguro que su primer pensamiento, fue que alguien se lo había llevado. “Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó”, es aquel “a quien Jesús amaba”, el que estuvo con María la Madre, al pie de la cruz. Juan es capaz de ver más allá de las apariencias, será el amor, lo que hace entender lo que está pasando, lo que hace ver y creer en la Resurrección.

“Pues hasta entonces no habían entendido las Escrituras: que él había de resucitar de entre los muertos”. La intención del Evangelio parece querernos decir, que sólo el amor puede hacernos ver a Jesús resucitado, sólo quien primero acepta su camino de renuncia y de entrega, puede compartir su vida nueva. Es inútil, buscar explicaciones entre las vendas y los lienzos, la Pascua, es una experiencia que no es un hecho del pasado, sino algo actual, que vivimos cuando, como nos dice la primera lectura de los Hechos: “Pasamos haciendo el bien y curando a los oprimidos”. Hasta que no estemos; al lado de los crucificados o pasemos nosotros por la experiencia de la Cruz, no podremos encontrar el camino de la Resurrección. Hasta que no nos detengamos; ante los sepulcros vacíos de nuestro mundo, no entenderemos que el grano de trigo debe morir para dar fruto. Hasta entonces, no sabremos dar los primeros pasos, que nos encaminen hacia donde hemos de sembrarnos para sembrar Vida. Tenemos que volver a encontrarnos personalmente con el Resucitado. La Resurrección de Jesús, nos formula la pregunta de fondo de nuestra vida: ¿Qué es lo que da sentido a mí vivir diario? ¿A quién busco y en qué creo?

Dice en la segunda lectura San Pablo a los Corintios: “¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la masa? Barred la levadura vieja para ser una masa nueva, ya que sois panes ácimos. Porque ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua, no con la levadura vieja, levadura de corrupción y de maldad, sino con los panes ácimos de la sinceridad y la verdad”. Debemos ser levadura, la Pascua, es el cambio continuo de las personas y la creación de un mundo nuevo y nosotros empujamos ese cambio, para que la historia avance, la dignidad crezca, la libertad se amplíe, los pobres adquieran sus derechos y mejores condiciones de vida.

Corramos ahora nosotros, a anunciar a nuestros hermanos que la vida tiene sentido y que la muerte ha sido vencida. No temamos que algunos se burlen, sean escépticos y no crean en los cambios de las personas y de la sociedad, no crean en definitiva en la Resurrección. Vivamos la presencia de Jesús en la vida y éste será nuestro testimonio, en estos días sobran las muchas palabras y grandes discursos, es tiempo de alegría.

 

P. Julio César Rioja, cmf. [http://www.ciudadredonda.org.]

3. Contemplación

El arte de saber mirar

Un maestro impartía su enseñanza:– “El genio de un compositor se halla en las notas de su música; pero analizar las notas no sirve para revelar su genio. La grandeza del poeta se encierra en sus palabras; pero el estudio de éstas no revela su inspiración. Dios se revela en la creación; pero, por mucho que escudriñes la creación, no encontrarás a Dios, del mismo modo que no descubrirás el alma por mucho que examines el cuerpo”.

Llegado el momento del diálogo, alguien preguntó:– “Entonces, ¿Cómo podemos encontrar a Dios? El maestro, con voz pausada, enfatizó sus palabras:– Mirando la creación, no analizándola.

Otro, muy interesado, volvió a preguntar:– ¿Y cómo hay que mirar?

El maestro, abstrayéndose, explicó con detenimiento:– Si un labrador intenta buscar dónde está la belleza de una puesta de sol, lo único que descubrirá será el sol, las nubes, el cielo y el horizonte de la tierra…, mientras no comprenda que la belleza no es una “cosa”, sino una forma especial de mirar. Buscarás a Dios en vano, mientras no comprendas que a Dios no se le puede ver como una “cosa”, sino que requiere una forma especial de mirar… , semejante a la del niño, cuya visión no está condicionada por prejuicios aprendidos. [Anthony de Mello, SJ]

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Pascua, 16 de abril (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

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