Lectio dominical

23
sep

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Por una tradición apostólica que se remonta al mismo día de la Resurrección de Cristo, el primer día de la semana, llamado día del Señor o domingo, la Iglesia celebra el Misterio Pascual. Por eso el domingo debe considerarse como el día de fiesta primordial.
Dada la importancia del domingo, sólo tienen prioridad, sobre él, la celebración de las solemnidades y las fiestas del Señor. Pero los domingos de Adviento, de Cuaresma y Pascua tienen prioridad sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coincidan con esos domingos se trasladan al lunes siguiente, a no ser que coincida con el Domingo de Ramos o el Domingo de la Resurrección del Señor. (NUAL, núm. 4-5).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXV

[Año A:  Isaías 55, 6-9; Filipenses 1,20c-24.27a; Mateo 20,1-16]

Apóstol: «Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo».

Evangelio: «Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo…” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

2. Meditación

1.– Todo parte de la experiencia que Jesús tiene de Dios. Él lo vive con una inmensa bondad sin límites cuando se relaciona con su creación. Por eso prefiere nombrarlo como Padre más que como Rey, o como Reino y Reinado de Dios. «Nadie es bueno fuera de Dios» (Marcos 10,18par), bondad que hunde sus raíces en una paternidad que trata por igual a sus hijos, sea cual fuere su condición: «Amad a vuestros enemigos, tratad bien a los que os odian, […] así […] seréis hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados» (Lucas 6,27-28.35; Mateo 5,43-44); por eso es comprensible la afirmación: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo» (Lucas 6,36; Mt 5,48), enlazando con la actitud antropológica de la ternura y la misericordia, rasgos propios de los padres con relación a sus hijos. Esto se formula en la parábola de los obreros de la viña, donde la dinámica bondadosa de Dios, que se justifica por sí misma y en sí misma, coloca en radical igualdad a todos los hombres. Y se hace por una contraposición entre el amo y los trabajadores y entre los mismos trabajadores. Estamos en la apertura universal de la salvación.

2.– Si pensamos según la justicia, es lógico que nos pongamos de parte de los obreros que han trabajado desde el comienzo de la jornada: ellos «pensaron que cobrarían más» (Mateo 20,10), porque los otros apenas habían faenado una hora (Mateo 20,12). Se cumple así la correlación en la justicia de los fariseos, por la que Dios da la ley para que se cumpla; al cumplirla se adquieren méritos; y los méritos los recompensa Dios. Por consiguiente, su protesta es del todo justificada cuando el dueño, de una manera injusta, según ellos, paga a todos por igual. Esta situación también se puede comparar con otros ejemplos traídos por la tradición judía: cuando un obrero trabaja en dos horas lo que los otros han realizado en todo el día, pagar el mismo salario es justificable por parte del amo, porque ha producido igual que sus compañeros.― Pero Jesús ve las cosas desde un ángulo distinto y responde a una dimensión nueva en la historia. En este caso, la justicia está sometida a la bondad. Jesús parte de un Dios que es bondad y transmite una bondad ilimitada e incomprensible a la justicia humana. Es la bondad que tiene capacidad de asumir como algo propio a los últimos, a los que no han tenido oportunidad de trabajar, dejando de lado si han sido culpables o no de su situación de marginación. De ahí la contestación, que es la clave de toda la parábola: «… yo quiero dar al último lo mismo que a ti. ¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿O has de ser tú tacaño por ser yo generoso?» (Mateo 20,14-15). Existe una transformación de los valores que rigen la libertad y la justicia, que ni siquiera logran comprender los que piensan y obran por una justicia básica. Dios eleva la salvación a un rango que abarca a todos, porque la salvación depende de Él y no de los méritos de cada uno exclusivamente.

3.- El cristianismo no debe olvidar las dos perspectivas de la vida que aparecen en la parábola. Debemos luchar por defender la justicia, y la justicia para aquellos que son responsables en nuestra sociedad, porque su productividad y su capacidad de originar riquezas, por lo general, la aprovecha toda la sociedad. No se puede explotar para beneficio propio los valores y el tiempo de las personas.― Pero también hay que tener en cuenta la perspectiva de la gratuidad. La vida no es producir; las personas no son cosas que se venden y no es lícito comerciar con su tiempo y cualidades. Sería una pena que cada uno de nosotros pusiéramos precio a nuestra vida. Hay personas que no son competitivas; hay personas débiles; hay personas enfermas y enfermas mentales, etc. No estamos hablando de los irresponsables que viven a costa del esfuerzo ajeno. Los débiles sólo pueden salir adelante si hay amor a su alrededor. Es la gratuidad del que ama, del que sirve, del que su vida tiene sentido en la medida en que se entrega. Y tal sentido de vida es la otra forma de relacionarse, que se debe dar, sobre todo, en las familias y en las comunidades cristianas para abrirse al mundo de los desfavorecidos.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

La cebolla en el lago de fuego

Había una vez una vieja muy mala que murió. La mujer no había realizado en su vida ni una sola acción buena y la echaron en el lago de fuego.  Pero el ángel de la guarda que estaba allí pensó:– ¿Qué buena acción podría recordar para decírselo a Dios? Entonces recordó algo y se lo manifestó:– Una vez arrancó de su huertecillo una cebolla y se la dio a un pobre.

 Dios le respondió complacido:– Toma tú mismo esa cebolla y échasela al lago de forma que pueda agarrarse a ella. Si puedes lograr sacarla del fuego, irá al paraíso, pero si la cebolla se rompe tendrá que quedarse donde está.

 El ángel corrió hasta donde estaba la mujer y le alargó la cebolla:– Toma, mujer, agárrate fuerte, vamos a ver si te puedo sacar. Y comenzó a tirar con cuidado. Cuando ya casi la había sacado del todo, los demás pecadores que estaban en el lago de fuego se dieron cuenta y empezaron todos a agarrarse a ella para poder también salir de allí. Pero la mujer era mala, muy mala, y les daba patadas diciendo:– Me van a sacar sólo a mí, no a vosotros: es mi cebolla, no la vuestra.

Pero apenas había pronunciado estas palabras, cuando la cebolla se rompió en dos y la mujer volvió a caer en el lago de fuego. Allí está hasta el día de hoy. El ángel se echó a llorar y se fue”. (F. Dostoievski)

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 24 de septiembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

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16
sep

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 ó 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año». El tiempo «durante el año» comienza el lunes siguiente al domingo que cae después del 6 de enero y se continúa hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive: comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y se acaba antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. Por esta causa, se usa una serie de formularios para los domingos y ferias de este tiempo, que se encontrarán en el Misal y en la Liturgia de las Horas. (NUAL, núm. 43-44).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXIV

[Año A:  Eclesiástico 27, 33–28,9; Romanos 14,7-9; Mateo 18,21-35]

Apóstol: «Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos».

Evangelio: «Entonces el señor lo llamó y le dijo: “¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».

2. Meditación

1.- Cuando observamos las enseñanzas y la conducta de Jesús con sus conciudadanos podemos comprender la actitud misericordiosa del Señor. Jesús le enseña a Pedro que tiene que perdonar siempre, transmite en las parábolas de la misericordia del capítulo 15 de San Lucas que Dios sale en busca del pecador, que se alegra de encontrarlo y que le devuelve la identidad de hijo al que renunció a su relación filial para perderse en el mundo. Nos dice que perdonemos para que comuniquemos el perdón que hemos recibido del Padre. Pero la actitud de Jesús va más allá de la posición del rey de la parábola, que sólo perdona una vez, y de la correspondencia del perdón de los demás para que el Señor se muestre misericordioso con nosotros. Es experimentar que nuestros pecados son perdonados siempre si acudimos al regazo de Dios Padre/Madre para acogernos a su amor. Por eso Jesús nos enseña la manera de pedirle perdón: «Perdónanos […] como nosotros perdonamos…», y termina su vida pidiendo al Padre que perdone a sus verdugos.

2.- El perdón se aprende en la familia y en la familia que tiene raíces cristianas. Y se prolonga en la Iglesia. Por eso el papa Juan Pablo II pidió perdón en el jubileo del año 2000. Nadie tiene la verdad absoluta en todas sus dimensiones en nuestra historia personal y colectiva, porque el Señor no “cabe” en ella. De ahí los errores, que tantas veces debemos corregir. Nadie tiene la vida plena y sin fin en el espacio y en el tiempo. De ahí las maldades que cometemos y los egoísmos en nuestras elecciones, experiencias y criterios de vida. Por eso, desde pequeños, en las enseñanzas y correcciones de los padres y abuelos; en las catequesis y comunidades cristianas, debemos crecer pidiendo perdón y ofreciendo perdón, porque no hay familia y comunidad cristiana perfecta. Es así como la fe introduce en nuestra vida al Señor entendido como amor misericordioso. «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Lc 6,36).

3.- La liberación de la culpa personal y colectiva es tan importante que Jesús la sitúa después de la petición de los bienes para el sostenimiento diario de nuestra vida. Vivir no es sólo comer, beber, formarse y tener salud, sino también convivir, y para hacerlo desde la perspectiva del Señor es necesario experimentar el perdón divino. Porque en la situación en que estamos nadie es un ángel; somos humanos capaces de amar, pero también de rechazar a los demás. Somos contingentes, finitos y pecadores. El perdón divino es necesario para rehacernos como personas y poder trasladarlo al perdón de los hermanos.  De lo contrario no hay salida posible a la relación personal y social. Como ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la fe cristiana fue capaz de sentar de nuevo en una mesa a ingleses, franceses, alemanes e italianos, así debe ocurrir en las sociedades y familias que están fracturadas por un sinfín de intereses egoístas; porque un mundo sin perdón es un mundo de locos y un mundo corroído por la venganza; la ley es insuficiente para salvar la convivencia y construir una familia y una sociedad.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

El defecto de Dios

Un cura estaba harto de una beata que todos los días le venía a contarle revelaciones que Dios personalmente le hacía. Semana tras semana, la buena señora entraba en comunicación directa con el cielo y recibía mensaje tras mensaje. Y el cura, queriendo desenmascarar de una vez lo que de superchería había en tales comunicaciones, dijo a la mujer: 

- Mira, la próxima vez que veas a Dios dile que, para que yo me convenza de que es Él quien te habla, te diga cuáles son mis pecados, ésos que yo solo conozco. 

Con esto pensó el cura que la mujer se callaría para siempre. Pero a los pocos días regresó la beata. - ¿Hablaste con Dios? – Sí. - ¿Y te dijo mis pecados? - Me dijo que no me los podía decir porque los ha olvidado. 

Con lo que el cura no supo si las apariciones aquellas eran o no verdaderas. Pero supo que la teología de aquella mujer era buena y profunda: porque la verdad es que Dios no sólo perdona los pecados de los hombres, sino que una vez perdonados, los olvida. (Manuel Sánchez Monge). Ser olvidadizo es su defecto.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 17 de septiembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

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9
sep

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Fuera de los tiempos que poseen su característica propia, quedan en el ciclo anual, 33 ó 34 semanas en que no se celebra ningún aspecto particular del Misterio de Cristo. Con todo, también se celebra en ellas el mismo Misterio de Cristo en su plenitud, especialmente el domingo. Este período se llama tiempo «durante el año». El tiempo «durante el año» comienza el lunes siguiente al domingo que cae después del 6 de enero y se continúa hasta el martes anterior a la Cuaresma, inclusive: comienza nuevamente el lunes después del domingo de Pentecostés y se acaba antes de las primeras vísperas del primer domingo de Adviento. Por esta causa, se usa una serie de formularios para los domingos y ferias de este tiempo, que se encontrarán en el Misal y en la Liturgia de las Horas. (NUAL, núm. 43-44).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXIII

[Año A:  Ezequiel 33, 7-9; Romanos  13,8-10; Mateo 18,15-20]

Apóstol: «El amor no hace mal a su prójimo; por eso la plenitud de la ley es el amor».

Evangelio: «Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

2. Meditación

1.- El Evangelio trata, primero, de la corrección fraterna que se da en las comunidades cristianas, con un proceso que va de una amonestación privada a otra pública, como se ha mantenido a lo largo de la historia de Israel y de la Iglesia (cf. Levítico 19,17; Deuteronomio 19,15). A continuación afirma que la expulsión definitiva corresponde a la comunidad; así lo hace en nombre de ella la autoridad de Pedro y demás discípulos. Es el Colegio Apostólico ―Papa y Obispos―, el que indica los cauces de amor en los que se visibiliza la fe cristiana al mundo. Tercero: Jesús asegura su presencia en medio de la comunidad cuando reza y pide ayuda en común al Padre del cielo. Jesús traslada a sus discípulos su experiencia de Dios como hijo de Israel, donde se hace presente como preámbulo a la Eucaristía y en todas las situaciones en los que nos reunimos para relacionarnos con el Señor. Orando como Jesús, con Jesús, desde Jesús siempre acertaremos a relacionarnos con el verdadero Señor, sin proyecciones interesadas, personales o comunitarias.

2.- La comunidad cristiana funciona cuando el amor, y el amor entendido como servicio, es la actitud básica: «El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10,45); «Jesús […], se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. […] Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros» (Juan 13,3-14). Cuando el amor no funciona, el mismo cristiano renuncia a pertenecer a la comunidad; a pesar de ello, la oferta de perdón para permanecer o integrarse de nuevo debe ofrecerla siempre la comunidad, como dice Jesús poco más adelante a Pedro: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?». Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mateo 18,21-22) . También Jesús inserta el perdón en la oración que nos enseñó a rezar en común, con lo que nos asegura que estará siempre ahí: «… perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (Mateo 6,12).

3.- Los cristianos sufrimos mucho ante los escándalos de nuestros hermanos. Primero andamos divididos en mil fracciones; después, los descreídos al uso nos lo dicen, y nosotros mismos somos conscientes de que debemos demostrar con palabras y hechos de servicio nuestras relaciones, que tantas veces expresan desprecio y exclusión mutua. Esto no es tan fácil, porque parece que algunos tienen bula para hacer lo que quieran mientras otros tienen que ser coherentes con la fe cristiana. Con todo, hay que corregir e indicar quiénes hacen el bien y respetan el Evangelio y quiénes se aprovechan de él para cosas que nada tienen que ver con el servicio mutuo. Por eso la advertencia de Jesús, que viene ya de los profetas de Israel y aconseja Santiago: «Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero tú habrás salvado la vida» (Ezequiel 33,9); «Hermanos míos, si alguno de vosotros se desvía de la verdad y otro lo convierte, sepa que quien convierte a un pecador de su extravío se salvará de la muerte y sepultará un sinfín de pecados» (Santiago 5,19-20). Si no hace caso el que peca y escandaliza, no se le puede condenar, porque la Iglesia está imposibilitada para hacerlo ―sólo puede certificar la salvación y la santidad de sus hijos―. La Iglesia sólo puede indicar quién no pertenece a la comunidad de fe, y mantener una actitud de ayuda permanente hacia él.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

El hombre que corrigió al emperador

Una leyenda cuenta que el emperador estaba de caza: al ir a buscar un ave que había caído en un maizal, quedó admirado del cultivo; se olvidó de la presa y se dedicó a recoger las magníficas mazorcas. De pronto, aparece el dueño y se sorprende al ver al mismísimo emperador frente a él. En tono grave lo interpela: -¡Yo no sabía que el emperador robase!

El soberano sin argumentos le respondió: -Tienes razón al decirme esto; te devuelvo las mazorcas.

Pero el campesino, con una sonrisa, le dice: -Majestad, es una broma. No tiene que devolverme nada. Es un honor que se lleve los frutos de mi trabajo.

El emperador insistía en devolverlas y el súbdito que se las quedase. Finalmente el emperador dijo: -Está bien: yo recibo tus mazorcas como un regalo, pero tú tendrás que aceptar un obsequio de mi parte. Te doy mi capa. El campesino aceptó la prenda. El monarca, apenas llega al palacio, convoca a su corte y con rostro afligido les dice: -Hoy ha ocurrido algo terrible: al internarme en un maizal, salió a mi encuentro un hombre y me robó la capa.

Todos exclamaron: -¡Es reo de muerte!

-¡Vayan a buscarlo!, dijo el emperador.

Al rato aparece el acusado, temblando de pánico. El emperador, entonces, se dirige a sus ministros: -¿Veis a este hombre? Él vale más que todos vosotros. Porque hasta ahora nadie se atrevió a corregirme, a decirme la verdad sobre mi conducta. Él lo hizo. Por eso, a partir de ahora, quiero que esté siempre a mi lado y siga corrigiéndome.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 10 de septiembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

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