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11
mar

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

El tiempo de Cuaresma está ordenado a la preparación de la celebración de la Pascua. En efecto, la liturgia cuaresmal dispones a la celebración del Misterio Pascual, tanto a los catecúmenos [candidatos al Bautismo, Confirmación y Eucaristía: sacramentos de la Iniciación cristiana o sacramentos pascuales], haciéndolos pasar por los diversos grados de la Iniciación cristiana, como a los fieles, que recuerdan el Bautismo y hacen penitencia. El tiempo de Cuaresma va desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor, exclusive. Desde el principio de la Cuaresma hasta Vigilia Pascual no se dice Aleluya. El miércoles que da principio a la Cuaresma, que es en todas partes día de ayuno [y abstinencia], se imponen las cenizas. Los domingos de este tiempo se llaman: primer, segundo, tercer, cuarto quinto, domingo de Cuaresma. El sexto domingo, con el que principia la Semana Santa se llama “Domingo de Ramos de la Pasión del Señor”. (NUAL núm. 27-30).

El color litúrgico de Cuaresma es el morado.

1. Lecturas del I Domingo de Cuaresma

[Año A: Génesis 12,1-4a; Timoteo 1,8b-10; Mateo 17,1-9].

Apóstol: «Desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio».

Evangelio: «En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

2. Meditación

1.- Los discípulos saben que el mesianismo de Jesús no es un camino triunfante avalado por su todopoderosa filiación divina. Poco antes de su transfiguración, en la confesión de Pedro, les dice a los discípulos que el Hijo de hombre tiene que padecer y morir (cf. Mt 16,21). Para reforzar su fe, se lleva a su círculo íntimo a orar al monte. Transfigurado Jesús por la presencia divina, el Padre comunica su identidad y función fundamental a Pedro, a Santiago y a Juan: es el Hijo amado; es la Palabra que revela la auténtica voluntad del Padre; es el que completa y resume la ley y los profetas. Con él, como ya lo indicó el propio Jesús con motivo de la embajada de Juan Bautista (cf. Mt 11,4-5.11), comienza un mundo nuevo, una vida nueva.

2.- Pero el estilo de vida de Jesús es el de un siervo, obediente a Dios, obediente al servicio de los hombres, como antes el Padre lo reveló en el Bautismo (cf. Mt 3,17). Forma de siervo que le lleva al extremo de morir por amor en la cruz: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Pedro, Juan y Santiago lo van a contemplar muy pronto en la oración del huerto, cuando suda sangre y se rompe interiormente al contemplar la inutilidad de su ministerio y al presentir su camino de cruz (cf. Mc 14,32-42par). Por ello, los discípulos necesitan saber que la cruz no puede esconder, y menos negar, la vocación divina de Jesús, la revelación definitiva de la voluntad salvadora del Señor a todos sus hijos. Y tal experiencia se les presenta con la glorificación de Jesús, aquel que la cruz no podrá con él, porque Dios, desde siempre, le ha sido fiel.

3.- La pasión y la cruz es un camino que termina en la resurrección. Es la vía que ha recorrido Jesús. Nuestra vida también entraña las experiencias de felicidad y tristeza, de gloria y de muerte, de gracia y desgracia, etc., en su caminar lento o rápido hacia el encuentro con el Señor. Nuestra existencia no es toda gloria, como si fuéramos ángeles, ni es toda desgracia, como si fuéramos diablos. Nuestra historia es un cúmulo de experiencias buenas y malas, de tabores y de cruces que se entrecruzan continuamente, o por fases y tiempos determinados. Debemos convencernos de que al final está la resurrección; de que al final sólo quedará lo que hayamos amado, es decir, la dimensión de Dios hecha realidad en nuestros actos y actitudes (cf. 1Jn 4,16). No necesitamos ni la venganza, ni la violencia, ni el poder para superar la desesperanza o las frustraciones. Simplemente ser fieles, como Jesús, al Padre, que tiene la última palabra sobre nosotros, y nos lo demuestra, de vez en cuando, en los momentos de felicidad que disfrutamos a lo largo de nuestra vida.

Fray Francisco Martínez Fresneda, ofm [http://fresnedaofm.es/2017]

3. Contemplación

La cita de la estrella

Dos monjes vivían en lo alto de la montaña: mayor uno, joven el otro. El viejo era alto, seco, muy austero. Antes de rayar el alba, ya estaba en oración. ¡Cómo resplandecía su rostro cuando iluminaba el sol la cumbre! El monje joven, era todo ojos, todo oídos, para escuchar cuanto hacía y decía el Maestro. Sentía verdadera veneración. La cumbre era ideal para la oración. El inconveniente era hacer las compras en el valle y subir, cargados de alimentos. A mitad de la pendiente bullía una fuente. El viejo monje se acercaba a la fuente, ofrecía su sed a Dios… y pasaba de largo. Y Dios se lo agradecía cada noche, haciendo brillar una estrella. Era como la sonrisa de Dios, aceptando su renuncia.

Pero, un día, el anciano dudaba. No es que él necesitara beber, pero aquel novicio… sudoroso, fatigado, los labios resecos, cargado con el pesado saco de alimentos. – ¿Qué hago? Si bebo, Dios no me sonreirá esta noche con la estrella; pero si no bebo, tampoco beberá él y desfallecerá. Beberé, antes es el amor. Dios mismo lo ha dicho. Y lo hizo. También el joven novicio bebió largamente. Cuando se hubo saciado, le dijo, sonriente, al Maestro: – Gracias… ya no podía más: me estaba muriendo de sed. Reanudaron la marcha. Pero el viejo empezó a dudar: – No debía haber bebido… Treinta años privándome de beber… ¡Esta noche no se me aparecerá Dios en la estrella amiga! Por la noche, sus ojos no se atrevían a mirar al cielo. Aquella noche no acudiría Dios a la cita en la estrella amiga. De reojo, miró y gritó. Sus ojos no veían una estrella: veían dos. Su viejo corazón de ermitaño se desbordaba: – Gracias por la lección…. ¡Gracias, Señor!  (Prudencio López)

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa de Peregrinos del domingo, 12 de marzo (12 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
  4. Durante los viernes de Cuaresma, celebrada la misa vespertina, se reza el ejercicio del Vía Crucis.

La Pascua está cerca. Ponte en camino

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6
mar

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

  ¡Sí, Cuaresma aún en el siglo XXI! No te asustes, no te encojas, no te des media vuelta, hermano y discípulo de Cristo. Entérate de que es Cuaresma, no te la pierdas, vívela a tope. Abre bien los ojos, los oídos, deslumbrados, aturdidos por focos y decibelios. Tú, joven, ábrelos el que más. Ábrelos a la luz que no deslumbra ni ciega, a la voz que no hiere ni machaca. Nunca hombre alguno habló como él. Nunca miró nadie con tanta ternura a los despreciados y a los que, aun siendo suyos, le traicionaron. Ensancha y abre el corazón. Hasta ahí llega esa luz, para hacerte ver lo divino que eres. Hasta ahí llega esa voz, para aplacar las tormentas de ese mar, para asegurarte que eres inmenso como el mar, como el cielo, para convencerte de que eres el cielo del cielo y llenarte de soles sin ocaso.

¿Cuaresma de ayuno, limosna y oración aún en el siglo XXI?

¡Sí, y en el XXII cuando llegue! Vívela, cristiano, que no te pase inadvertida y sin provecho.

AYUNA. No te obsesiones con sacarle a la vida todo el jugo del goce. Ayuna de tus vicios y violencias, no alardees de ellos, rompe con ellos aunque te duela. No seas veleta zarandeada por los vientos de todos los deseos, encamínalos para que no te destrocen ni a ti ni a nadie, para que te lleven a la meta de ser tú mismo de verdad. No quieras todo para ti. ¿Qué quedaría para los demás? ¿Qué quedaría para ti si todos acumulasen como tú? Curra, no te escaquees de tus obligaciones. Estáte alerta, no vivas grogy, no vayas por la vida como un zombie, que, detrás de la esquina de cada anuncio, puede haber un comecocos. Destierra de tu vida la venganza. No dejes que te lleven los demonios ante los reveses y ofensas. Huye del odio y derrotismo como de infartos mortales. No dejes que el rencor te roa las entrañas como un cáncer, cúratelas con el perdón. No te cebes en la carne de tus semejantes. No te aproveches ni te pongas por encima de nadie. No atropelles, no seas falso, duro, injusto. Admite tus fallos. Vacíate de todo lo que te sobra, de todo lo inútil que te ahoga y asfixia tu espíritu, de todo lo que te dificulta abrirte a Dios y al prójimo, de todo lo que te impide amar y ser tú mismo. Lucha por tu libertad plena, libérate de todo lo que te hace esclavo. Naciste libre, así te hizo y te quiere Dios. ¿Ves? ¡Menudo ayuno! ¡Y de lunes a domingo, no sólo el viernes!

DA LIMOSNA. Generosa, no a cuentagotas o a migajas. “No te guardes nada, gasta, derrocha alegrías, dichas…” (Pedro Salinas). ¿Cuánta limosna de paciencia, atenciones, ayuda, comprensión, cariño has recibido? Párate a pensarlo, a contar los tesoros que todos te han dado. Te verás pobre y mendigo, pero lleno y feliz. Verás (sin envidia) los bienes que atesoran los demás y cómo reparten, cómo te los dieron y te los dan. Y verás que todos somos necesitados, mendigos, nos atrevamos a pedir o no, nos atrevamos a reconocerlo o no. No te dé vergüenza ser por-diosero: pedir y esperar, por Dios, comprensión, ayuda, aprecio y cariño. Quiere y déjate querer, y da siempre las gracias. ¿Podrás pagar alguna vez todo lo que recibiste y terminar de dar de lo que llevas y los demás, todos, necesitamos?

            No eches siete cerrojos a tu corazón, lo convertirías en antro y tumba, ábrelo a todos y será cada día más grande y rico. No te limites a aguantar a los demás, acéptalos como son. No eches pestes de tu vecino, llévate bien con todos, háblate con todos, voten al partido que voten. Anima al que pasa la “depre” y no tiene ganas de vivir. No dejes que a nadie devore su soledad. Ayuda a “desengancharse” al que está “enganchado”. Sé para los tuyos un manantial de gozo y confianza. Abre a todos las manos y verás cuántas riquezas hay en ellas y cómo se multiplican dando. “No pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir; al dar te haces limosna a ti mismo” (San Pedro Crisólogo). La mayor riqueza: dar. Disfrutarás de tanta felicidad como des. Devuelve a Dios tanto como te dio, que no te quedarás sin ello, volverá a ti enriquecido. A Dios, que te lo dio todo, ofrécele tu alma, ofrécete tú entero. Él también te pide limosna. ¡Limosna que no te puede dar el Banco de España ni el mayor holding, pero que está en tus manos de pobre!

ORA. No te limites a rezar, ora a Dios. Lo llevas en ti, él espera que te des cuenta de su presencia, espera que bajes a lo profundo de tu corazón y lo descubras ahí, que le mires, le escuches, le hables. Él también quiere cariño, tu cariño. Ora: entra en ti, no estés siempre fuera, “en la calle”, pues, entonces, ¿quién serías? ¿de quién serías? Necesitas calor de hogar. Ora: entra en tu corazón: ahí está la paz, la luz, la fuerza que necesitas para luchar, para sobrevivir, para que respire tu alma, para no sucumbir a los golpes de la vida y de la muerte, para ser libre, para amar. Ora: escucha la Palabra limpia, que toca, sana y eleva el corazón. Ora: entérate de que eres divino, créetelo, no te tengas por menos, ni te quedes subdesarrollado, llega a ser lo que eres. Ora: Pon ante el Señor tus desánimos y tus desesperanzas, tus miserias y tus deseos más limpios, que nunca llegas a cumplir, pero que son lo mejor de ti, pon ante él las necesidades y sufrimientos de todos los hombres, pídele confianza en la vida y en tu prójimo, pídele que nunca te falte la luz del corazón, pídele fuerza para cargar con el dolor y el pecado del mundo, para ir con esa cruz a la Pascua. Ora: vuelve a tu corazón, vuelve a ti, que es volver a Dios; vuelve a Dios, que es volver a ti. Ora: vuelve, hermano, a tu corazón.

            ¿Y qué saco yo con esto? Ya te lo he ido diciendo. Serás como quisieras ser. Irás con Jesús, tu hermano, el hermano de todos, hacia la Pascua, su Pascua, tu Pascua, nuestra Pascua. Conseguirás que tu vida sea Pascua y que tu cruz se convierta en fuerza y luz que vencerá la noche de tus errores, penas, angustias y temores. ¡Qué aurora pascual te espera si vives la Cuaresma con el corazón! ¡Y cómo esa aurora, de Cristo y tuya, difundirá la luz de la alegría por este mundo, tuyo, nuestro y de Cristo!

Marcos  Rincón  Cruz

Humor de vigilia

Discípulo: –¿Cuál ha sido la mayor dificultad en el desierto? ¿El hambre? ¿La sed? ¿La tentación de Satanás?

Jesús: — … Que en el desierto no había conexión de Internet, ¡Ni siquiera Wifi!

La Pascua está cerca. Ponte en camino

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18
mar

Programa de Semana Santa 2016

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