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3
jun

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico de este domingo, término del Tiempo pascual es el rojo.

1. Lecturas del Domingo de Pentecostés

[Año A: Hechos de los Apóstoles 2,1-11; 1Corintios 12,3b-7.12-13; Juan 20,19-23]

Apóstol: «Hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de actuaciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. Pero a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común».

Evangelio: «El primer día de la semana Jesús repitió a los discípulos: “Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:”Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”».

2. Meditación

1.- Cuentan los Hechos de los Apóstoles que los discípulos de Jesús estaban reunidos en Jerusalén junto a María, la madre del Señor, y unas cuantas mujeres (cf. Hechos 1,13-14); y también relatan los Hechos que había otra reunión con ciento veinte hermanos cuando Pedro propuso elegir al que debía sustituir a Judas (cf. Hechos 1,15). Sea en una ocasión o en la otra sucede que: «De repente […] se llenaron todos del Espíritu Santo…» (Hechos 2,2-4). Se cumple una promesa de Jesús resucitado: «Yo os envío lo que el Padre prometió. Vosotros quedaos en la ciudad hasta que desde el cielo os revistan de fuerza» (Lucas 24,49; cf. Hechos 1,2.8). La situación en la que se encuentran los protagonistas es de apertura personal al Señor; están en oración; y en medio de la relación concreta con el Señor, les envía el Espíritu (cf. Lucas 3,22; Hechos 2,3) para que lleven a cabo una misión; a Jesús le envía el Espíritu en Nazaret, ante su pueblo, mientras proclama el año de gracia del Señor (cf. Lucas 4,19); los discípulos lo reciben en Jerusalén, y ante judíos y prosélitos pertenecientes a muchos países (cf. Hechos 2,24); es una primera demostración de que su misión es para Israel, la primera Iglesia; más tarde, Pedro la abrirá a todas las gentes (cf. Hechos 10,44-48) para mostrar la dimensión universal del Evangelio una vez que Dios Padre ha resucitado a Jesús; en ambos acontecimientos, fruto de dos promesas del AT (cf. Lucas 4,18-19; Isaías 61,1-2; Hechos 2,17-18: Joel 3,1-5), el Señor se asegura la obediencia radical de toda la creación a su voluntad salvadora. Ni Jesús ni la Iglesia son independientes; pertenecen a Dios Padre y son enviados por Él para salvar a todos los pueblos. El Espíritu es el que asegura la unión con Dios y la transmisión de su voluntad.

2.- El Evangelio que acabamos de leer relata que el Resucitado envía a sus discípulos al mundo, donándole su Espíritu. Entonces, el Espíritu, como principio de la vida (cf. Juan 6,63), sigue recreando a la humanidad después de la misión de Jesús por la acción de sus discípulos. El creyente pasa de la muerte a la vida gracias al Espíritu, y con el Espíritu no puede ya morir (cf. Juan 8,51). El Espíritu del Padre y de Cristo es el que comienza a dar solidez a las instituciones que cobijan a los nuevos seguidores de Jesús: «Gracias a él, el cuerpo entero, trabado y unido por la prestación de las junturas y por el ejercicio propio de la función de cada miembro, va creciendo y construyéndose en el amor» (Efesios 4,16). ). Y el cuerpo crece por medio de la acción del Espíritu (cf. Hechos 2,1.17-18) y del bautismo que administren los discípulos de Jesús como una de las misiones fundamentales que les encomienda antes de ascender a la gloria divina (Mateo 28,19). A todos los nuevos cristianos los hace Dios morada del Espíritu y les hace experimentarlo como Padre y llamarle «Abba» (cf. Romanos 8,15; Gálatas 4,6) y a su Hijo le hace ser el Señor: «Como el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo y hemos absorbido un solo Espíritu» (1Corintios 12,12-13). Y esto es lo que da cohesión y unidad a la comunidad.

3.- La acción del Espíritu en la comunidad cristiana y en cada bautizado les confiere una vida nueva al constituirlos en su «templo»: «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá, porque el templo de Dios, que sois vosotros, es sagrado» (1Corintios 3,16-17). Esto lleva consigo que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios según la imagen de su Hijo Jesucristo: «… Consideraos muertos al pecado y vivos para Dios con Cristo Jesús» (Romanos 6,11)»; o como Pablo dice de sí mismo: «… Y ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí. Y mientras vivo en carne mortal, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gálatas 2,20). Nace un nuevo sentido de vida, que deriva en actitudes y actos que expresan el amor de Dios manifestado en Cristo y realizado en nosotros por el Espíritu. El Espíritu es quien inicia y desarrolla la vida nueva del cristiano consagrado a Dios por el Bautismo.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

 

Testimonio del Espíritu

Llegué a República Dominicana sufriendo una depresión, para comenzar una nueva vida. Tras establecerme, busqué a Dios sin encontrarlo. Un día, llegué a una reunión de carismáticos, donde me sentí a gusto. Ansiaba las reuniones de los lunes: disfrutaba de paz, tranquilidad, grata compañía y la alegría de alabar a Dios. Pero todavía no sentía la mano de Dios y el poder del Espíritu Santo.

En uno de esos momentos de depresión fui al grupo de oración de los lunes. Esa noche me sentía ansioso y triste. Junto a mí, quedó una silla vacía. Unos minutos más tarde se sentó una señora. Le pedía a Dios en silencio que me diera una señal de que Él estaba a mí lado. Cuando llegó el momento de pedir por sanación y liberación, yo no sentí nada especial. No había ninguna señal. Llegó el momento de la unción y tampoco. En mi desesperación, oré: “¡Señor! ¿Por qué no me das una señal de que estás a mi lado?”. Estaba desesperado frente al Dios que supuestamente tanto me amaba. Él no me daba señal alguna de su presencia y de su amor por mí.

Terminó el momento de la unción, hubo una pausa antes que el Padre Darío Bencosme pidiera los testimonios. La Señora que se había sentado a mi lado se volvió hacia mí, me abrazó y me dijo al oído: “Yo no te conozco, pero el Señor quiere que sepas que él te ama y está a tu lado”. Justo lo que le había pedido a Jesús en mis oraciones, ni más, ni menos. En los testimonios di gracias a Dios porque había oído mis oraciones. Después supe que la persona que me había abrazado era Clara Fortuna, servidora. Siempre se sienta en el frente y nunca donde se sentó esa noche. Desde ese día mi vida comenzó a mejorar [Harry Ramírez].

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Pentecostés, 4 de junio (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical | Blog
27
may

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión [...]. Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Son los días en que especialmente se canta el Aleluya. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la Octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. La Ascensión del Señor se celebra el cuadragésimo día después de Pascua, a no ser que se traslade al séptimo domingo de Pascua, en los lugares donde no es de precepto. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico del Tiempo pascual es el blanco.

1. Lecturas del VII Domingo de Pascua: Ascensión del Señor

[Año A: Hechos de los Apóstoles 1,1-11;Efesios 1,17-23; Mateo 28,16-20]

Apóstol: «El Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo».

Evangelio: «Jesús les dijo: “Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”».

2. Meditación

1.- Jesús se presenta con la autoridad propia del Hijo de Dios, que ha cumplido la misión que el Padre le ha encomendado: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra». Estas palabras son un eco de una afirmación del profeta Daniel sobre el mesías que debe darle la libertad a Israel y a todos los pueblos de la tierra: «Se le dio imperio, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su imperio es un imperio eterno que nunca pasará, y su reino, un reino que no será destruido jamás» (Daniel 7, 14). La manifestación triunfante de la subida a la gloria del Padre y su autoridad, la ha alcanzado Jesús por medio de una vida sencilla y humilde que no duda en entregarla por amor para salvar a sus hermanos. Jesús ha sido fiel y obediente al Señor: ha rescatado del mal a todas las criaturas nacidas del corazón amoroso del Padre. Nos lo recuerda San Pablo en un himno muy querido por San Francisco: «El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre» (Filipenses 2,6-9).

2.- Jesús manda a los discípulos, es decir, a todos nosotros constituidos en comunidad, a continuar la labor salvadora que él ha realizado en su misión en Palestina. Y la raíz del mandato universal proviene de su experiencia del Padre, que es Señor de todos los pueblos, que no sólo de Israel. Esto nos obliga a salir de nosotros mismos: de nuestros parientes, amigos, vecinos, a no tener acepción de personas según la raza, la lengua y la nación. La Iglesia y nosotros, que la formamos, debemos centrarnos en las esperanzas que anidan en todas las culturas, para darles motivos para vivir y vivir amando, y que el poder, junto con los intereses que lo avalan, no sometan a los pueblos y los esclavicen. Nosotros, como comunidad eclesial, tenemos el sagrado deber de cumplir el mandato de Jesús de anunciar el Evangelio con una dimensión crítica, denunciando todos los infiernos en que se abrasan los pueblos, y, a la vez, con una dimensión formativa, para que vivan la triple relación de amor que entraña nuestro Dios: un amor que crea (Padre), un amor que hermana (Hijo) y un amor que no se cansa de servir (el Espíritu). Aquí está el origen de los que pueden ser nuestros seguidores, cuyo simbolismo está en nuestro bautismo y el que le confiramos a los demás.

3.- «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». Debemos ser conscientes de que no vivimos solos; que no estamos solos en esta vida; que no caminamos a la intemperie sujetos a los vaivenes de los que pretenden manipularnos, gobernarnos y someternos a sus caprichos, poderes e intenciones. Podemos estar tristes y abatidos; podemos experimentar la alegría de vivir y el gozo interno de estar en paz; en uno y otro caso, siempre estamos acompañados. Nunca vivimos solos. En el sufrimiento para que nos duela menos; en la alegría para que sea más intensa y duradera. Jesús está en nuestro corazón; él ha poseído nuestra alma, por eso «somos templos del Espíritu Santo» y con nuestra vida damos culto a Dios. No; no estamos solos; Jesús nos acompaña siempre, porque nos quiere más que nosotros a nosotros mismos. Lo único que pide es que le dejemos un hueco en nuestra vida. Que nuestro egoísmo no la ocupe toda. Algún resquicio debemos dejar abierto para que pueda entrar y modificar nuestras actitudes básicas y nuestros principios racionales: orientarlos todos hacia el bien.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

 

Mi Cristo roto

– “¿Quiere usted algo, padre?” — “Dar una vuelta por la tienda, mirar, ver…” De pronto…, vi un Cristo roto. Debió ser un Cristo muy bello, pero ahora no tenía cruz, le faltaba media pierna, un brazo entero y había perdido la cara.– “Ohhh, es una magnífica pieza, tiene usted gusto, padre”. — “¡Pero… está tan rota, tan mutilada!” — “No importa, al lado hay un magnífico restaurador.” Fingiendo que le costaba separarse de Él, me dijo:– “Tenga, 3000 pesetas, no gano nada¡ Se lleva usted una joya!” Lo rebajó a 800.

De noche, en la cara del Cristo, dije: — “No puedo verte destrozado, mañana mismo te llevaré al taller”.– “¡No, no!, contestó el Cristo. ¡No me restaures, te lo prohíbo! Quiero que, al verme roto, te acuerdes de tantos hermanos tuyos rotos, aplastados, indigentes. Sin brazos, sin trabajo. Sin pies, les han cerrado los caminos. Sin cara, les han quitado la honra. Los olvidan y les dan la espalda. A ver si viéndome así, te acuerdas de ellos y te duele; a ver si así, roto y mutilado, te sirvo de clave para el dolor de los demás. Muchos cristianos se deshacen en besos, luces, flores y se olvidan de sus hermanos, cristos feos, rotos y sufrientes. Besan un Cristo bello, mientras ofenden al pequeño Cristo de carne, que es su hermano. ¡Esos besos me hieren el corazón¡ ¡Debiera haber un cristo roto en la entrada de cada iglesia, que gritara el dolor y la tragedia de mi segunda pasión, en mis hermanos! Por eso te lo suplico, no me restaures, déjame roto junto a ti”. — “Sí, Señor, te lo prometo, contesté”.  (P. Ramón Cué, sj)

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 28 de mayo (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical | Blog
21
may

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

La santa Iglesia conmemora la obra salvífica de Cristo en días determinados del curso del año. Celebra la memoria de la Resurrección del Señor cada semana, en el día llamado domingo; y una vez por año, en  la gran solemnidad de Pascua, esa memoria se une a la de su Pasión [...]. Los Cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en alegría y exultación, como si se tratara de un solo día de fiesta, o mejor, de un “gran domingo”. Son los días en que especialmente se canta el Aleluya. Los ocho primeros días del tiempo pascual constituyen la Octava de Pascua, y se celebran como solemnidades del Señor. La Ascensión del Señor se celebra el cuadragésimo día después de Pascua, a no ser que se traslade al séptimo domingo de Pascua, en los lugares donde no es de precepto. Las ferias después de la Ascensión hasta el sábado antes de Pentecostés, inclusive, son preparatorias a la venida del Espíritu Santo. (NUAL núm. 1. 22.24-26).

El color litúrgico del Tiempo pascual es el blanco.

1. Lecturas del VI Domingo de Pascua

[Año A: Hechos de los Apóstoles 8,5-8.14-17; 1Pedro 3,1.15-18; Juan 14,15-21]

Apóstol: «Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo».

Evangelio: «No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

2. Meditación

1.- Jesús reconoce que hay un mundo adverso y cruel. Son las tinieblas que le han crucificado. Pero, a la vez, existe una comunidad de discípulos que le han sido fieles. A ellos, y solamente a ellos, van dirigidas las palabras de este párrafo evangélico de Juan. El texto ofrece tres declaraciones importantes de Jesús en los momentos previos de su partida a la gloria del Padre. La primera es la promesa de enviar a «otro abogado», distinto él, que cuidará de ellos a lo largo de la historia. Los defenderá del mal que entraña la humanidad y la cultura que lo propaga. En la segunda Jesús revela su unión con el Padre, pero añade que vendrá ese «abogado» para que los discípulos se introduzcan en la corriente de amor que relaciona a Jesús con el Padre; una relación tipificada por la paternidad y filiación. Los discípulos, como hermanos de Jesús, también experimentarán las relaciones filiales con Dios, y viceversa: como hijos de Dios, sabrán lo que es la fraternidad con Jesús. La tercera es amar a Jesús, es cumplir sus mandamientos, y cumplir sus mandamientos sólo es posible con la relación de amor que expresa la filiación y la fraternidad.

2.– Jesús está reunido con sus discípulos; se dirige a su comunidad. Ante su partida inminente, lo primero que les dice es que no se quedarán solos. Les dará su Espíritu que los mantendrá unidos a él y los defenderá de los enemigos de la libertad y del amor. Esos enemigos son las tinieblas del mundo. El Abogado defensor es el «Espíritu de la verdad», pero no es la verdad que expresa la identidad de una cosa, sino la relación de amor que origina la vida, la cuida y la lleva a su plenitud. El Espíritu, pues, es la relación de amor con que el Padre y el Hijo mantiene a los discípulos unidos con Jesús y a Jesús con ellos. No estarán, pues, solos ante el mal.— A continuación les dice Jesús que, para mantenerse unidos al Padre y a él, necesitan cumplir sus mandamientos. Pero los mandamientos no son un código de leyes. Ya lo había advertido Jesús en el Evangelio de Marcos: Amar a Dios y amar al prójimo resume todas las normas que regulan las relaciones humanas y las relaciones con Dios (cf. Marcos 12,28-34). La fe y el amor, o «la fe que actúa en la caridad», como le gusta decir a Pablo (cf. Gálatas 5,6), es lo que hará que la comunidad o los discípulos permanezcan unidos a Jesús y reciban la revelación del Padre.

3.- Decimos que es amor (1º) la atracción mutua que el Señor ha puesto en nuestra naturaleza para que permanezcamos y nos extendamos en la creación. Decimos que es amor humano  (2º) la compensación física, psíquica y espiritual que experimentamos para que se origine la vida y busque su plenitud de ser. Decimos que es amor (3º) la entrega  sin necesidad de una compensación. Es el servicio gratuito y libre que los creyentes ofrecen a los demás para que alcancen su dignidad humana o desarrollen la semilla de bondad que Dios ha sembrado en su corazón. Y dicho servicio lo ha dibujado Jesús con su vida: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a esta vida a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (Marcos 10,45); «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Juan 15,13).

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com]

3. Contemplación

Huellas en la arena

Una noche soñé que caminaba a lo largo de una playa acompañado por Dios. Durante la caminata, muchas escenas de mi vida fueron proyectándose en la pantalla del cielo.

Según iba pasando cada una de esas escenas, notaba que unas huellas se formaban en la arena. A veces aparecían dos pares de huellas, y en otros momentos solamente aparecía un par de huellas. Esto me preocupó grandemente, porque pude notar que, durante las escenas que reflejaban etapas tristes en mi vida, cuando me hallaba sufriendo de angustia, penas o derrotas, solamente podía ver un par de huellas en la arena.

Entonces le dije a Dios:– “Señor, tú me prometiste que si te seguía, tú caminarías siempre a mi lado. Sin embargo, he notado que durante los momentos más difíciles de mi vida sólo había un par de huellas en la arena. ¿Por qué, Señor, cuando más te necesitaba, no estuviste caminando a mi lado ?” El Señor me respondió: –“Las veces que has visto sólo un par de huellas en la arena, hijo mío, ha sido cuando te he llevado en mis brazos”.

Selección de fray Francisco Arias Marcelo, OFM

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La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 21 de mayo (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: rmsmguadalupe@planalfa.es.

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

¡Es Pascua. Ésta es nuestra fiesta!

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

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