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[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

El tiempo actual de Adviento como momento litúrgico de preparación a la Navidad tiene un desarrollo histórico complejo y una teología difícil en la que se juntan temas referentes a las dos venidas del Señor: su aparición en el tiempo mediante su nacimiento y su venida en la gloria al final de los tiempos (parusía); este último tema, que es posterior, prevalece en la primera parte del Adviento [hasta el 16 de diciembre], para dar paso, poco a poco, a lo que prácticamente constituye el sentido propio de Adviento cristiano: la celebración de la espera del Señor, de su venida en la carne, recordada anualmente al inicio del Año litúrgico (Jesús Castellano, OCD: El año litúrgico, p. 63).

El color litúrgico de este tiempo es el morado.
Durante el Año B, se proclama el Evangelio según san Marcos

1. Lecturas del Domingo III de Adviento

[Año B: Isaías 61,1-2a.10-11; Tesalonicenses 5,16-24; Juan 1,6-8.19-28]

Apóstol: «Estad siempre alegres. Sed constantes en orar. Dad gracias en toda ocasión: ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús respecto de vosotros. No apaguéis el espíritu, no despreciéis el don de profecía; sino examinadlo todo, quedándoos con lo bueno».

Evangelio: «Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz».

2. Meditación

1.- Dios sitúa a Juan muy cerca del centro de la Historia de la Salvación, que es Jesús. Juan dice que el Verbo hecho carne es la luz que ilumina a todos los pueblos, porque es el Hijo que vive intensamente la vida de relación con el Señor, el que está en la misma gloria divina. Tantas expectativas tienen los israelitas sobre el Enviado del Señor, y tantas identidades, que al final no aciertan a descubrir al verdadero. Se les escapó, como se fue sin ser aceptado por sus paisanos de Nazaret. Y no lo descubren las autoridades religiosas porque no se presenta como un ser superior, como un supermán. Lo grandioso de Jesús es que revela la salvación divina y la hace presente con una vida sencilla, humilde, plena de amor, que es capaz de darla para la salvación de todos. Jesús es el Mesías humano que aclaman los niños al entrar en Jerusalén montado en una borrica para dar la paz, una paz que, hasta hoy, se resiste a disfrutarla la ciudad santa por antonomasia. No descuidemos de vivir con este estilo de vida para reconocerle en nuestro interior y en los demás.

2.- En tiempos de Jesús, y también durante la primera comunidad cristiana, existían muchos discípulos de Juan que recibieron su bautismo, aprendieron a orar con él y a esperar al enviado por el Señor. El Evangelio relata que algunos discípulos de Juan reconocen el testimonio del Resucitado de los discípulos de Jesús y la revelación de la salvación que entraña su vida y doctrina. Los discípulos de Juan ceden ante Jesús glorificado, pero también porque descubren que su mesianismo cumple las palabras de Isaías, cuando Jesús visita a su pueblo y pronuncia estas palabras en la sinagoga: “El espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido y me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a vendar los corazones heridos y a proclamar el año de gracia del Señor…” (Lc 4,16). Es la misión de la Iglesia y de cada uno de nosotros; no lo olvidemos. La salvación no viene por la fuerza de las armas, ni por el poder y fama de la Iglesia, sino por la capacidad de amor de cada uno de nosotros, los cristianos.

3.- El creyente. Dice Juan que «no es digno de desatar la correa de sus sandalias» del Mesías, una función propia de esclavos.  La percepción del Hijo de Dios por el Bautista le hace consciente de su dignidad, una dignidad que en nada puede compararse con la del Hijo de Dios. Pero la relación que mantiene con Jesús y el reconocimiento de su filiación hace que él haya entrado en la historia de la Salvación. Es una gran lección para todos nosotros. No debemos ocultar el rostro de Jesús. Debemos ser espejos limpios donde se refleje la vida de Jesús, para que el mundo entero pueda acceder a la riqueza insondable que es su vida, y la nuestra no sea un estorbo que impida que los demás crean en él. Hay demasiados escándalos en la Iglesia que apartan a las personas de la fe, y muchos los invocan para justificar su ausencia en la práctica del cristianismo.  No olvidemos que nuestra vida debe orientar a los demás hacia el Señor de la paz y el bien.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

Pajas para la cuna del Niño

Hace mucho, un viajero llegó a un pueblo. Su sorpresa fue grande cuando tres niños, hermanitos, salieron a recibirlo y lo llevaron de la mano hasta el interior de la casa en que vivían. Sus padres invitaron al viajero a quedarse con ellos y él aceptó porque era agradable estar ahí. El viajero aprendió muchas cosas: hornear el pan, trabajar la tierra, ordeñar las vacas… Pero había una costumbre que no comprendía: cada día, y algunos días en varias ocasiones, el papá, la mamá y cada hijo se acercaban a una mesita en un rincón del comedor donde habían colocado las figuras de madera de José y María, un burrito y una vaca y dejaban una pajita justo entre José y María. Con el correr de los días, el montoncito de pajitas iba aumentando. El viajero miraba con atención y asombro ese gesto cotidiano que escondía para él un misterio especial. No se atrevía a preguntar, por temor a romper el encanto que lo envolvía.

Cuando el viajero hubo de partir, la familia le entregó pan calentito y frutas, lo abrazaron y se despidieron. Ya había dado unos pasos cuando se animó y dándose la vuelta les dijo:

—Una cosa más quisiera llevarme de este hermoso lugar.

Por supuesto –le contestaron-- ¿Qué más podemos darte?

Y el viajero entonces les preguntó por qué iban dejando esas pajitas a los pies de María y de José. Ellos sonrieron. Y el nene más chiquito contestó:

—Cada vez que hacemos algo con amor, buscamos una pajita y la llevamos al pesebre. Así nos vamos preparando para que cuando llegue el niño Jesús, María tenga un lugar para recostarlo. Si amamos poco, va a ser un colchón finito. Pero si amamos mucho, Jesús va a estar más cómodo y calentito.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 17 de diciembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
  4. Desde el día 17 al 23 de diciembre cantamos en Vísperas las Antífonas de la O.

Purísima había de ser la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que destinabas entre todos, para tu pueblo, como abogada de gracia y ejemplo de santidad.

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[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

El tiempo actual de Adviento como momento litúrgico de preparación a la Navidad tiene un desarrollo histórico complejo y una teología difícil en la que se juntan temas referentes a las dos venidas del Señor: su aparición en el tiempo mediante su nacimiento y su venida en la gloria al final de los tiempos (parusía); este último tema, que es posterior, prevalece en la primera parte del Adviento [hasta el 16 de diciembre], para dar paso, poco a poco, a lo que prácticamente constituye el sentido propio de Adviento cristiano: la celebración de la espera del Señor, de su venida en la carne, recordada anualmente al inicio del Año litúrgico (Jesús Castellano, OCD: El año litúrgico, p. 63).

El color litúrgico de este tiempo es el morado.
Durante el Año B, se proclama el Evangelio según san Marcos

1. Lecturas del Domingo II de Adviento

[Año B: Isaías  40,1-5.9-11; 2 Pedro 3,8-14; Marcos 1, 1-8]

Apóstol: «Si todo este mundo se va a desintegrar de este modo, ¡qué santa y piadosa ha de ser vuestra vida! Esperad y apresurad la venida del Señor, cuando desaparecerán los cielos, consumidos por el fuego, y se derretirán los elementos. Pero nosotros, confiados en la promesa del Señor, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia».

Evangelio: «Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán».

2. Meditación

1.- Juan actúa con la certeza del «día del Señor», que en su voz se transforma en la ira inminente de Dios; es la santidad de Dios que reacciona ante nuestras infidelidades. Juan está convencido de que, definitivamente, «llega implacable el día del Señor, su cólera y el estallido de su ira, para dejar la tierra desolada exterminando de ella a los pecadores» (Is 13,9). La pretensión de Juan es que tomemos conciencia de nuestros pecados, podamos descubrir a Dios y encontrarnos con Él también de una forma amigable y misericordiosa. Las diatribas lanzadas por el Profeta intentan provocarnos una conversión que, por una parte, nos alcance a todos; y, por otra, nos suponga un cambio de corazón, de toda nuestra interioridad, y que lo expresemos en nuestra conducta. Juan nos dice que volvamos, retornemos  al camino de Dios, que jamás debimos abandonar.

2.- Jesús coincide con el Bautista en proclamar la situación de infidelidad en la que se encuentra Israel, dirigido por unas autoridades religiosas que, en connivencia con los poderes económicos y políticos, impiden una relación entre los creyentes y el Señor, sobre todo según las tradiciones proféticas. Por fin, Dios anuncia una intervención definitiva sobre el Pueblo, que ve acercarse su fin. Ante tal estado de cosas, es necesaria una conversión urgente, un cambio de rumbo en la vida, pues el Señor no está dispuesto a rehacer una y otra vez su Alianza y conceder el perdón de una forma permanente e ilimitada. La predicación de Juan y la práctica del bautismo como signo de conversión, es aceptada por Jesús en su conjunto. Y la traslada a la comunidad cristiana después de la Resurrección y Pentecostés. No sólo nosotros, sino la Iglesia en sus estructuras, ministerios y experiencia comunitaria del Señor necesita la conversión permanente. También nuestras familias, como iglesias domésticas que son.

3.- Juan predica la conversión desde el desierto. El desierto es un lugar peligroso, pues es donde se cobijan los rebeldes políticos y sus secuaces, además de los que huyen de la justicia; en él viven toda clase de animales en un terreno inhóspito y quebradizo. Por otro lado, el desierto se contempla de una forma simbólica como un tiempo de revelación y relación con Dios. Por eso, el desierto desconcierta: Juan escucha la voz de Dios y Jesús percibe la seducción del diablo. Pero también el desierto es para Jesús uno de los lugares solitarios donde se retira para orar y relacionarse con Dios.  En este período de la espera de la celebración de la Navidad debemos intensificar nuestra oración; limpiar de cosas y personas que puedan interferir nuestras relaciones de amor, nuestra apertura al Señor.  Jesús nos bautizará con el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios origina nuestra renovación interior, dando lugar a una nueva situación ante Dios y ante los demás hombres. He aquí la descripción de Isaías: «Hasta que se derrame sobre vosotros un aliento de lo alto; entonces el desierto será un vergel, el vergel contará como un bosque, en el desierto morará la justicia, y el derecho habitará en el vergel, el efecto de la justicia será la paz, la función de la justicia, calma y tranquilidad perpetuas» (Is 32,15-18). Por eso el bautismo de agua de Juan es sólo un preámbulo, o una sombra del definitivo, que dará más adelante Jesús, que nos renovará nuestra interioridad desde su entrega personal.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

Los ángeles no mienten

Un ángel dijo a una madre de familia: –”Esta noche Jesús vendrá a visitar tu casa”. La señora, entusiasmada, preparó una cena excelente para recibir a Jesús.

Sonó el timbre: era una mujer. –”Señora, ¿tiene trabajo? Estoy embarazada y necesito…” — ¿Pero ésta es hora de molestar? Vuelva otro día, ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.

Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta. –”Señora, mi camión se ha averiado. ¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas que me pueda prestar? La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó mucho: – ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico? Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.

La anfitriona siguió poniendo la mesa. Alguien afuera batió las palmas. Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada, y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta. –”Señora, deme un plato de comida, le dijo un niño harapiento”. –¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado? Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.

La cena estaba lista. La familia, emocionada, esperaba la ilustre visita. Sin embargo, pasaban las horas y nadie aparecía. Cansados de esperar, comieron. A la mañana siguiente, la señora se encontró , con gran espanto, frente al ángel. –¿Un ángel puede mentir? Preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué esta broma? –Yo no mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver. Jesús estuvo aquí tres veces, pero usted no fue capaz de reconocerlo.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 10 de diciembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Purísima había de ser la Virgen que nos diera al Cordero inocente que quita el pecado del mundo. Purísima la que destinabas entre todos, para tu pueblo, como abogada de gracia y ejemplo de santidad.

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[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

El tiempo actual de Adviento como momento litúrgico de preparación a la Navidad tiene un desarrollo histórico complejo y una teología difícil en la que se juntan temas referentes a las dos venidas del Señor: su aparición en el tiempo mediante su nacimiento y su venida en la gloria al final de los tiempos (parusía); este último tema, que es posterior, prevalece en la primera parte del Adviento [hasta el 16 de diciembre], para dar paso, poco a poco, a lo que prácticamente constituye el sentido propio de Adviento cristiano: la celebración de la espera del Señor, de su venida en la carne, recordada anualmente al inicio del Año litúrgico (Jesús Castellano, El año litúrgico, p. 63).

El color litúrgico de este tiempo es el morado.
Durante el Año B, se proclama el Evangelio según san Marcos

1. Lecturas del Domingo I de Adviento

[Año B: Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7; 1 Corintios 1,3-9; Marcos 13,33-37]

Apóstol: «No carecéis de ningún don, vosotros que aguardáis la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Él os mantendrá firmes hasta el final, para que no tengan de qué acusaros en el día de Jesucristo, Señor nuestro. Dios os llamó a participar en la vida de su Hijo, Jesucristo, Señor nuestro. ¡Y él es fiel!».

Evangelio: «Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos».

2. Meditación

1.-  Texto. Marcos relata la predicción de Jesús sobre la destrucción del grandioso templo y la ruina de la ciudad santa de Jerusalén. Dice Jesús: «¿Veis estas grandes construcciones? No quedará piedra sobre piedra, que no sea demolida» (Mc 13,2).  Los discípulos, curiosos, le preguntan cuándo sucederán tales acontecimientos, y Jesús les responde que no lo sabe nadie, «sino sólo el Padre» (Mc 13,32). Y a continuación les cuenta la parábola de aquel amo que se puede presentar de improviso y pedir cuenta a los siervos de su trabajo. Lo importante es que no los encuentre dormidos, sino cumpliendo sus responsabilidades. Estar atentos al encuentro con el Señor es una actitud que Jesús recomienda en el huerto de los Olivos a Pedro, Santiago y Juan  (cf. Mc 14, 34), para no caer en la tentación, para no desviarse de los objetivos fundamentales de la vida.

2.- Mensaje. Comienza el Año Litúrgico con la preparación de la celebración del nacimiento de Jesús. Y con esta ocasión, la Liturgia nos recuerda la segunda venida, cuando el Señor vendrá en su gloria para desvelar la verdadera historia colectiva y personal de todas las generaciones humanas. Por eso, el evangelio continúa con los avisos constantes que hemos escuchado en los últimos domingos con las parábolas de Mateo sobre los talentos, las doncellas, el juicio final, etc. Estar vigilantes implica a los dos protagonistas de la salvación humana. El primero es el Señor con su actitud de bondad, y de bondad misericordiosa, que desea siempre el encuentro definitivo con todos para que sus criaturas, que son sus hijos en su Hijo Jesús, puedan alcanzar la felicidad eterna. El otro protagonista es el ser humano, tanto individual como colectivo. Y la actitud es la apertura del corazón a Él para saber de su amor permanente, y la apertura amorosa a los demás para contribuir a la construcción del Reino en la historia, cuya responsabilidad única recae sobre la libertad del hombre, de la sociedad y de la cultura que el hombre crea y transmite.

3.-Acción.  La mayoría de la gente pasa la vida elaborando proyectos que  hacen trabajar, soñar, ilusionarse. La sociedad, la familia, cada persona anida en su corazón la íntima convicción de que será más que la generación anterior, porque poseerá más medios para vivir y disfrutar de los bienes que exhiben otros ante nuestros ojos: salud fuerte, familia estable, trabajo digno, amigos fieles y reconocimiento social. Se espera  la autonomía suficiente para hacer lo que se desea en cada época de la vida. Esto es bueno, si estas esperas básicas de todos los hombres se introducen en la esperanza que conduce a las realidades eternas. Es decir, si los sueños que hacen esperar más cosas, que se haga más justicia, que se experimente más libertad, más gozo, se integran en la relación de amor con el Señor, que es el que da el sentido y el valor último a cada espera, que no es otro que la vida feliz  para siempre. Porque se sabe que, o se alcanza lo que se desea, o se frustra la persona; o si se alcanza, se espera tener más; o, al cumplir años, se cambia el sentido del gozo y de la posesión.  Todo la vida es un caminar insaciable, o conformista, pero que en cualquier momento puede desaparecer. Hay que introducir la vida con todas sus conquistas en la esperanza de eternidad; en la esperanza en lo que de ella permanece para siempre, que no es otra cosa que su dimensión de amor.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

¡Viene la Yaya!

La mamá anunció a sus hijos, Marco y Lidia, que iba a venir la abuela. Los niños gritaron de alegría y asaetearon a su madre con preguntas: ¿Cómo está? ¿Cómo viene? ¿Cuándo llegará?

La Yaya era una persona muy querida para los niños. De pequeños, dado que los padres trabajaban, se había quedado muchas veces con ellos: les daba de comer, los vestía, los dormía con unos cuentos que sólo ella sabía contar. Marco aún recordaba su perfume natural: olía a azúcar caramelizada.

La madre les dijo que llegaría por la noche, pero que no sabía la hora. Después de la cena, los niños remolonearon para no irse a la cama, en espera de la ansiada llegada. La madre, viendo que ya era tarde, les dijo que se fuesen a acostar, que ya verían a la abuela a la mañana siguiente. Los niños, aun manifestando su desagrado, se fueron a su cuarto. Lidia se puso el pijama, jugó con sus muñecas pero terminó cayendo rendida, envuelta en los más dulces sueños. Marco, por la emoción, no podía dormir: empezó a leer un cuento tras otro. Los cuentos le recordaban a la abuela. Terminó el libro de cuentos, apagó la luz y se quedó imaginando aquellos días de niño, rodeado de los brazos de su abuela.

En estos pensamientos estaba, cuando oyó el ruido de la puerta y se levantó corriendo. Allí estaba su Tata, tan guapa como siempre. Se echó en sus brazos, le dio muchos besos y se dejó acariciar una y otra vez por la dulce anciana. Ésta, como siempre, le empezó a contar uno de sus cuentos, como sólo ella los sabía contar. Oyendo su voz, oliendo su perfume, sintiendo acariciado su cabello y sus mejillas, le parecía estar en el más tierno y dulce paraíso.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 2 de diciembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 19:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 19:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Novena de la Purísima Concepción de María

Patrona de España y de la Orden Franciscana
Basílica Santa María de Guadalupe, 30 de noviembre – 8 de diciembre 2017
18.45: Rezo del Rosario mariano_ 19.00: Vísperas, Eucaristía y Salve Regina.
Día 7 de diciembre, 18.00: Rosario de la Luz.
Día 8 de diciembre, 12.00: Solemne Misa Conventual y procesión claustral
 
 
 
 
 
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