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7
oct

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Por una tradición apostólica que se remonta al mismo día de la Resurrección de Cristo, el primer día de la semana, llamado día del Señor o domingo, la Iglesia celebra el Misterio Pascual. Por eso el domingo debe considerarse como el día de fiesta primordial.
Dada la importancia del domingo, sólo tienen prioridad, sobre él, la celebración de las solemnidades y las fiestas del Señor. Pero los domingos de Adviento, de Cuaresma y Pascua tienen prioridad sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coincidan con esos domingos se trasladan al lunes siguiente, a no ser que coincida con el Domingo de Ramos o el Domingo de la Resurrección del Señor. (NUAL, núm. 4-5).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXVII

[Año A:  Isaías 5, 1-7; Filipenses 4, 6-9; Mateo 21,33-43]

Apóstol: «Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta. Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra».

Evangelio: «Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon [...]. Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?” Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

2. Meditación

1.- «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente». En efecto, la Encarnación —el envío del Verbo al mundo para hacerse «carne» como nosotros—, es la sabiduría salvadora del Señor para los hombres. Jesús es su Palabra, y es una Palabra que todos pueden comprender. Jesús no es una palabra arcana, que sólo la entienden los iniciados y los que llevan una vida extremadamente pura y espiritual. Jesús es de todos, se ha hecho todo para todos, como dice Pablo de sí mismo (cf 1Corintios 9,22). Tan es así que le dicen comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores (cf Mateo 11,19). Por eso  debemos aceptar con gran alegría el milagro que sólo puede hacer el Señor: salir de su gloria por amor, salir para salvarnos.

2.- La Iglesia no puede hacer lo que hizo Israel con el Señor: traicionarle en bloque, cuando no reconoció el mesianismo de Jesús y lo entregó a Pilato para que lo crucificasen. La comunidad cristiana acuñó una frase que los judíos dijeron a Pilato, y que expresa la gran decepción que Jesús supuso para ellos: «Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mateo 27,25); o esta otra: «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (Juan 1,11).— La Iglesia posee el Espíritu Santo que la mantiene unida al Señor. Una iglesia local puede traicionar al Señor, o comunidades e instituciones cristianas, o personas bautizadas, etc. Comprobamos a lo largo de la historia cómo han desaparecido iglesias que los apóstoles fundaron fuera de las fronteras del Imperio, o se han suprimido instituciones religiosas nacidas para una función específica, o han abandonado la Iglesia cristianos que han sido responsables en mucha tareas evangelizadoras. Pero la Iglesia en bloque no puede rebelarse contra el Señor. Está incapacitada para ello. En la Iglesia universal se viven en cada momento del día todos los valores evangélicos en su conjunto, bien en Japón, o en Bolivia, o en Mozambique, o en Rumanía, o en Australia. Oremos y cuidemos que en nuestras comunidades, familias y países no se vaya Jesús. Y velemos para que nuestra Jerarquía, con su vida, no oculte el rostro del Señor o se haga dueña de la viña, de la Iglesia.

3.- «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Pensemos que los Sumos Sacerdotes, escribas y fariseos eran gente que defendía su religión, su relación con Dios, con todas sus fuerzas. De hecho fue su errada y superada imagen del Señor la que les llevó a traicionarle y entregar a Jesús a Pilato. Por eso pasó el cristianismo de Jerusalén a Roma, o a Iberia, o a las Galias; o de Roma a América, a África, a Asia. Todo el universo y todos los pueblos son del Señor. Ya no tiene ni un terreno acotado, ni un pueblo, ni un profeta o santo concreto. Todo es de él. Y también cada uno de nosotros. Hemos recibido tantos bienes de nuestra familia, de nuestras sociedades, de nuestro Dios. ¿Y qué fruto hemos producido? o ¿nos hemos aprovechado de nuestras cualidades y de los bienes recibidos de los demás para enriquecernos a costa de los otros, sin compartir nada? También Dios puede pasar de largo y dejarnos solos con nuestro gélido egoísmo.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

“El baúl”

Había una vez un viejecito enfermo. Tenía cuatro hijos, y de ninguno de ellos recibía la mínima atención. Vivía en una gran pobreza. Apenas conseguía sobrevivir. En su pequeñísima granja, deambulaban unas cuantas gallinas flacas, que existían casi de milagro, y al menos, no dejaban de poner un par de huevos diariamente. El resto de la dieta que el viejecito consumía eran unas cuantas frutas silvestres que cada día le costaba mucho esfuerzo recoger.

Un día, entre sus escasas pertenencias, encontró dos monedas de plata y se le ocurrió una genial idea: las cambió por un viejo baúl que trasladó a su casa. Por casualidad uno de sus hijos lo visitó e intrigado le preguntó:  –¿Qué guardas ahí?  –Un secreto -le contestó-, que sólo conoceréis tú y tus hermanos el día en que me muera, porque aquí está toda mi herencia.

A partir de entonces, los cuatro hijos comenzaron a visitarle. Le traían leche y miel, y mantenían su cabaña limpia. El día que falleció el anciano, inmediatamente aparecieron los hijos, no tanto para velarlo, cuanto por ver su herencia. Su sorpresa fue mayúscula cuando, abierto el cofre, lo único que encontraron fue un trozo de papel que decía:–Hijos míos: el auténtico amor no espera, se entrega generosamente sin esperar recompensa. Mi única herencia es que aprendáis a querer. Hubiera deseado dejaros más, pero mi único legado es daros las gracias por lo que me habéis dado. Los cuatro hermanos, en profunda reflexión y con lágrimas en los ojos, le dieron digna sepultura, y uno de ellos, cuando echó el último puñado de tierra, lo despidió diciendo: – Te prometo amar sin esperar nada a cambio.

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 8 de octubre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

Categoría : Lectio dominical | Blog
30
sep

Conferencia Episcopal Española

Los nacionalismos y sus exigencias morales

«Creemos necesario decir una palabra sosegada y serena que, en primer lugar, ayude a los católicos a orientarse en la valoración moral de los nacionalismos en la situación concreta de España. Pensamos que estas orientaciones podrán ayudar también a otras personas a formarse una opinión razonable en una cuestión que afecta profundamente a la organización de la sociedad y a la convivencia entre los españoles. No todos los nacionalismos son iguales. Unos son independentistas y otros no lo son. Unos incorporan doctrinas más o menos liberales y otros se inspiran en filosofías más o menos marxistas.

Para emitir un juicio moral justo sobre este fenómeno es necesario partir de la consideración ponderada de la realidad histórica de la nación española en su conjunto. Los diversos pueblos que hoy constituyen el Estado español iniciaron ya un proceso cultural común, y comenzaron a encontrarse en una cierta comunidad de intereses e incluso de administración como consecuencia de la romanización de nuestro territorio. Favorecido por aquella situación, el anuncio de la fe cristiana alcanzó muy pronto a toda la Península, llegando a constituirse, sin demasiada dilación, en otro elemento fundamental de acercamiento y cohesión. Esta unidad cultural básica de los pueblos de España, a pesar de las vicisitudes sufridas a lo largo de la historia, ha buscado también, de distintas maneras, su configuración política. Ninguna de las regiones actualmente existentes, más o menos diferentes, hubiera sido posible tal como es ahora, sin esta antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España.

La unidad histórica y cultural de España puede ser manifestada y administrada de muy diferentes maneras. La Iglesia no tiene nada que decir acerca de las diversas fórmulas políticas posibles. Son los dirigentes políticos y, en último término, los ciudadanos, mediante el ejercicio del voto, previa información completa, transparente y veraz, quienes tienen que elegir la forma concreta del ordenamiento jurídico político más conveniente. Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás. En todo caso, habrá de ser respetada siempre la voluntad de todos los ciudadanos afectados, de manera que las minorías no tengan que sufrir imposiciones o recortes de sus derechos, ni las diferencias puedan degenerar nunca en el desconocimiento de los derechos de nadie ni en el menosprecio de los muchos bienes comunes que a todos nos enriquecen.

La Iglesia reconoce, en principio, la legitimidad de las posiciones nacionalistas que, sin recurrir a la violencia, por métodos democráticos, pretendan modificar la unidad política de España. Pero enseña también que, en este caso, como en cualquier otro, las propuestas nacionalistas deben ser justificadas con referencia al bien común de toda la población directa o indirectamente afectada. Todos tenemos que hacernos las siguientes preguntas. Si la coexistencia cultural y política, largamente prolongada, ha producido un entramado de múltiples relaciones familiares, profesionales, intelectuales, económicas, religiosas y políticas de todo género, ¿qué razones actuales hay que justifiquen la ruptura de estos vínculos? Es un bien importante poder ser simultáneamente ciudadano, en igualdad de derechos, en cualquier territorio o en cualquier ciudad del actual Estado español. ¿Sería justo reducir o suprimir estos bienes y derechos sin que pudiéramos opinar y expresarnos todos los afectados?

Si la situación actual requiriese algunas modificaciones del ordenamiento político, los Obispos nos sentimos obligados a exhortar a los católicos a proceder responsablemente, de acuerdo con los criterios mencionados en los párrafos anteriores, sin dejarse llevar por impulsos egoístas ni por reivindicaciones ideológicas. Al mismo tiempo, nos sentimos autorizados a rogar a todos nuestros conciudadanos que tengan en cuenta todos los aspectos de la cuestión, procurando un reforzamiento de las motivaciones éticas, inspiradas en la solidaridad más que en los propios intereses. Nos sirven de ayuda las palabras del Papa Juan Pablo II a los Obispos italianos: “Es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada” por parte de todos. Hay que evitar los riesgos evidentes de manipulación de la verdad histórica y de la opinión pública en favor de pretensiones particularistas o reivindicaciones ideológicas.

La misión de la Iglesia en relación con estas cuestiones de orden político, que afectan tan profundamente al bienestar y a la prosperidad de todos los pueblos de España, consiste nada más y nada menos que en “exhortar a la renovación moral y a una profunda solidaridad de todos los ciudadanos, de manera que se aseguren las condiciones para la reconciliación y la superación de las injusticias, las divisiones y los enfrentamientos”. Con verdadero encarecimiento nos dirigimos a todos los miembros de la Iglesia, invitándoles a elevar oraciones a Dios en favor de la convivencia pacífica y la mayor solidaridad entre los pueblos de España, por caminos de un diálogo honesto y generoso, salvaguardando los bienes comunes y reconociendo los derechos propios de los diferentes pueblos integrados en la unidad histórica y cultural que llamamos España. Animamos a los católicos españoles a ejercer sus derechos políticos participando activamente en estas cuestiones, teniendo en cuenta los criterios y sugerencias de la moral social católica, garantía de libertad, justicia y solidaridad para todos.»

 

Conferencia Episcopal Española, Orientaciones morales ante la situación actual de España, núm. 70-76. Instrucción Pastoral de la LXXXVIII Asamblea Plenaria, 23 de noviembre de 2006

Por la paz social, la concordia y el progreso: Con la Constitución de todos
Categoría : Noticias | Blog
23
sep

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

Por una tradición apostólica que se remonta al mismo día de la Resurrección de Cristo, el primer día de la semana, llamado día del Señor o domingo, la Iglesia celebra el Misterio Pascual. Por eso el domingo debe considerarse como el día de fiesta primordial.
Dada la importancia del domingo, sólo tienen prioridad, sobre él, la celebración de las solemnidades y las fiestas del Señor. Pero los domingos de Adviento, de Cuaresma y Pascua tienen prioridad sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades. Las solemnidades que coincidan con esos domingos se trasladan al lunes siguiente, a no ser que coincida con el Domingo de Ramos o el Domingo de la Resurrección del Señor. (NUAL, núm. 4-5).

El color litúrgico de este tiempo es el verde.

1. Lecturas del Domingo XXV

[Año A:  Isaías 55, 6-9; Filipenses 1,20c-24.27a; Mateo 20,1-16]

Apóstol: «Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo».

Evangelio: «Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.” Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo…” Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».

2. Meditación

1.– Todo parte de la experiencia que Jesús tiene de Dios. Él lo vive con una inmensa bondad sin límites cuando se relaciona con su creación. Por eso prefiere nombrarlo como Padre más que como Rey, o como Reino y Reinado de Dios. «Nadie es bueno fuera de Dios» (Marcos 10,18par), bondad que hunde sus raíces en una paternidad que trata por igual a sus hijos, sea cual fuere su condición: «Amad a vuestros enemigos, tratad bien a los que os odian, […] así […] seréis hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados» (Lucas 6,27-28.35; Mateo 5,43-44); por eso es comprensible la afirmación: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo» (Lucas 6,36; Mt 5,48), enlazando con la actitud antropológica de la ternura y la misericordia, rasgos propios de los padres con relación a sus hijos. Esto se formula en la parábola de los obreros de la viña, donde la dinámica bondadosa de Dios, que se justifica por sí misma y en sí misma, coloca en radical igualdad a todos los hombres. Y se hace por una contraposición entre el amo y los trabajadores y entre los mismos trabajadores. Estamos en la apertura universal de la salvación.

2.– Si pensamos según la justicia, es lógico que nos pongamos de parte de los obreros que han trabajado desde el comienzo de la jornada: ellos «pensaron que cobrarían más» (Mateo 20,10), porque los otros apenas habían faenado una hora (Mateo 20,12). Se cumple así la correlación en la justicia de los fariseos, por la que Dios da la ley para que se cumpla; al cumplirla se adquieren méritos; y los méritos los recompensa Dios. Por consiguiente, su protesta es del todo justificada cuando el dueño, de una manera injusta, según ellos, paga a todos por igual. Esta situación también se puede comparar con otros ejemplos traídos por la tradición judía: cuando un obrero trabaja en dos horas lo que los otros han realizado en todo el día, pagar el mismo salario es justificable por parte del amo, porque ha producido igual que sus compañeros.― Pero Jesús ve las cosas desde un ángulo distinto y responde a una dimensión nueva en la historia. En este caso, la justicia está sometida a la bondad. Jesús parte de un Dios que es bondad y transmite una bondad ilimitada e incomprensible a la justicia humana. Es la bondad que tiene capacidad de asumir como algo propio a los últimos, a los que no han tenido oportunidad de trabajar, dejando de lado si han sido culpables o no de su situación de marginación. De ahí la contestación, que es la clave de toda la parábola: «… yo quiero dar al último lo mismo que a ti. ¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿O has de ser tú tacaño por ser yo generoso?» (Mateo 20,14-15). Existe una transformación de los valores que rigen la libertad y la justicia, que ni siquiera logran comprender los que piensan y obran por una justicia básica. Dios eleva la salvación a un rango que abarca a todos, porque la salvación depende de Él y no de los méritos de cada uno exclusivamente.

3.- El cristianismo no debe olvidar las dos perspectivas de la vida que aparecen en la parábola. Debemos luchar por defender la justicia, y la justicia para aquellos que son responsables en nuestra sociedad, porque su productividad y su capacidad de originar riquezas, por lo general, la aprovecha toda la sociedad. No se puede explotar para beneficio propio los valores y el tiempo de las personas.― Pero también hay que tener en cuenta la perspectiva de la gratuidad. La vida no es producir; las personas no son cosas que se venden y no es lícito comerciar con su tiempo y cualidades. Sería una pena que cada uno de nosotros pusiéramos precio a nuestra vida. Hay personas que no son competitivas; hay personas débiles; hay personas enfermas y enfermas mentales, etc. No estamos hablando de los irresponsables que viven a costa del esfuerzo ajeno. Los débiles sólo pueden salir adelante si hay amor a su alrededor. Es la gratuidad del que ama, del que sirve, del que su vida tiene sentido en la medida en que se entrega. Y tal sentido de vida es la otra forma de relacionarse, que se debe dar, sobre todo, en las familias y en las comunidades cristianas para abrirse al mundo de los desfavorecidos.

Fray Francisco Martínez Fresneda, OFM [http://familiafranciscana.com/2017]

3. Contemplación

La cebolla en el lago de fuego

Había una vez una vieja muy mala que murió. La mujer no había realizado en su vida ni una sola acción buena y la echaron en el lago de fuego.  Pero el ángel de la guarda que estaba allí pensó:– ¿Qué buena acción podría recordar para decírselo a Dios? Entonces recordó algo y se lo manifestó:– Una vez arrancó de su huertecillo una cebolla y se la dio a un pobre.

 Dios le respondió complacido:– Toma tú mismo esa cebolla y échasela al lago de forma que pueda agarrarse a ella. Si puedes lograr sacarla del fuego, irá al paraíso, pero si la cebolla se rompe tendrá que quedarse donde está.

 El ángel corrió hasta donde estaba la mujer y le alargó la cebolla:– Toma, mujer, agárrate fuerte, vamos a ver si te puedo sacar. Y comenzó a tirar con cuidado. Cuando ya casi la había sacado del todo, los demás pecadores que estaban en el lago de fuego se dieron cuenta y empezaron todos a agarrarse a ella para poder también salir de allí. Pero la mujer era mala, muy mala, y les daba patadas diciendo:– Me van a sacar sólo a mí, no a vosotros: es mi cebolla, no la vuestra.

Pero apenas había pronunciado estas palabras, cuando la cebolla se rompió en dos y la mujer volvió a caer en el lago de fuego. Allí está hasta el día de hoy. El ángel se echó a llorar y se fue”. (F. Dostoievski)

Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad San Francisco, Mérida]

Agenda del Santuario

 

La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo, 24 de septiembre (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe
  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.

Este Año, vayas o vengas de Fátima, entra en Guadalupe. ¡Te harás bien!

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