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Amor en llamas

Publicado el 19/05/2018

[Oficina de Servicios Pastorales del Real Monasterio]

50 días de Pascua

Catequesis o sentido de la celebración

¿Qué es el Tiempo pascual? La celebración de la Pascua se continúa durante el tiempo pascual. Los cincuenta días que van del domingo de Resurrección al domingo de Pentecostés se celebran con alegría, como un solo día festivo, más aún, como el «gran domingo».

¿Cuándo termina? El domingo de Pentecostés concluye este sagrado período de cincuenta días con la conmemoración de la donación del Espíritu Santo derramados sobre los apóstoles, el comienzo de la Iglesia y el inicio de su misión a todos los pueblos, razas y naciones. Se recomienda la celebración prolongada de la Misa de la Vigilia de Pentecostés, que no tiene un carácter bautismal como la Vigilia de Pascua, sino más bien de oración intensa según el ejemplo de los apóstoles y discípulos, que perseveraban unánimemente en la plegaria juntos con María, la Madre de Jesús, esperando el don del Espíritu Santo.

[CPFP. Congregación para el Culto divino, 1988, nº- 100. 102-104. 107]

El color litúrgico de este día es el ROJO.

1. Lecturas del VIII Domingo de Pascua: Pentecostés

[Año B: Hechos de los apóstoles 2, 1-11; 1Corintios 12, 3b-7. 12-13; Juan20, 19-23]

Apóstol: «Nadie puede decir: “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común».

Evangelio: «Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:–”Paz a vosotros.” Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: –”Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.” Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:–”Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”».

2. Meditación

1.- Cuentan los Hechos de los Apóstoles que los discípulos de Jesús estaban reunidos en Jerusalén junto a María, la madre del Señor, y unas cuantas mujeres (1,13-14); y también relatan los Hechos que hay otra reunión con ciento veinte hermanos cuando Pedro propone elegir al que debe sustituir a Judas (1,15). Sea en una ocasión o en la otra sucede que: «De repente […] se llenaron todos del Espíritu Santo…» (2,2-4). Se cumple una promesa de Jesús resucitado: «Yo os envío lo que el Padre prometió. Vosotros quedaos en la ciudad hasta que desde el cielo os revistan de fuerza» (Lc 24,49). La situación en la que se encuentran los protagonistas es de apertura personal al Señor; están en oración; y en medio de la relación concreta con el Señor, él les envía el Espíritu (Lc 3,22) para llevar a cabo una misión; Jesús recibe el Espíritu en Nazaret, ante su pueblo, cuando estaba proclamando el año de gracia del Señor (Lc 4,19); los discípulos lo reciben en Jerusalén, y ante judíos y prosélitos pertenecientes a muchos países (Hech 2,24); es una primera demostración de que su misión es para Israel, la primera Iglesia; más tarde, Pedro la abrirá a todas las gentes (Lc 10,44-48) para mostrar la dimensión universal del Evangelio una vez que Dios Padre ha resucitado a Jesús; en ambos acontecimientos, fruto de dos promesas del AT (Lc 4,18: Is 61,1-2; Hech 2,17-18: Jl 3,1-5), el Señor se asegura la obediencia radical de toda la creación a su voluntad salvadora. Ni Jesús ni la Iglesia son independientes; pertenecen a Dios Padre y son enviados por Él para salvar a todos los pueblos. El Espíritu es el que asegura la unión con Dios y la transmisión de su voluntad.

2.- El evangelio que se lee hoy dice que el Resucitado envía a sus discípulos al mundo, donándoles su Espíritu. Entonces, el Espíritu, como principio de la vida (Jn 6,63), sigue recreando la humanidad, después de la misión de Jesús, por la acción de sus discípulos. El creyente pasa de la muerte a la vida gracias al Espíritu, y con el Espíritu no puede ya morir  (Jn 5,54). El Espíritu del Padre y de Cristo es el que comienza a darle solidez a las instituciones que cobijan a los nuevos seguidores de Jesús: «Gracias a él, el cuerpo entero trabado y unido por la prestación de las junturas y por el ejercicio propio de la función de cada miembro, va creciendo y construyéndose en el amor» (Flp 4,16). Y el cuerpo crece por medio de la acción del Espíritu (Hech 2,1.17-18) y del bautismo que administran los discípulos de Jesús como una de las misiones fundamentales que les había dado antes de ascender a la gloria divina (Mt 28,19). A todos los nuevos cristianos los hace Dios morada del Espíritu y les hace experimentar y llamarle «Abba» (Rom 8,15) y a su Hijo ser el Señor: «Como el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo y hemos absorbido un solo Espíritu» (1Cor 12,12-13). Y esto es lo que da cohesión y unidad a la comunidad (Hech 2,1).

3.- La acción del Espíritu en la comunidad cristiana y en cada bautizado les confiere una vida nueva al constituirse en su «templo»: «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios, que sois vosotros, es sagrado» (1Cor 3,16-17). Esto lleva consigo que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios según la imagen de su hijo Jesucristo: «… consideraos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Rom 6,11)»; o como Pablo dice de sí mismo: «… y ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí. Y mientras vivo en carne mortal, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Nace un nuevo sentido de vida que deriva en actitudes y actos que expresan el amor de Dios manifestado en Cristo y realizado en nosotros por el Espíritu. El Espíritu es quien inicia y desarrolla la vida nueva del cristiano consagrado a Dios por el Bautismo.

Fray Francisco Martínez Fresneda ofm  [http://familiafranciscana.com/2018]

 3. Contemplación

 

Los Espejos rotos

Un día, descubrió Satanás un modo de divertirse. Inventó un espejo con una propiedad mágica: en él se veía feo y mezquino todo cuanto era bueno y hermoso y, en cambio, se veía grande y detallado todo lo que era feo y malo. Satanás iba por todas partes con su espejo. Y cuantos se miraban en él se horrorizaban: todo aparecía monstruoso. Un día le pareció tan delicioso el espectáculo que se desternilló de risa y el espejo se le fue de las manos, partiéndose en millones de pedazos. Un huracán, potente y perverso, desperdigó por el mundo los trozos del espejo. Algunos trozos eran muy pequeños y penetraron en los ojos de muchas personas. Comenzaron a verlo todo al revés: sólo percibían la maldad por todas partes.

Cuando Dios se dio cuenta, se entristeció, y decidió ayudar a los hombres. Se dijo: “Enviaré al mundo a mi Hijo. Él es mi espejo, el reflejo de mi bondad, de mi justicia y de mi amor. Refleja al hombre como yo lo he pensado y querido”. Y Jesús vino como un espejo del Padre para los hombres. Quien se miraba en él descubría la bondad y hermosura, y aprendía a distinguirlas del egoísmo, la mentira y la injusticia. Muchos amaban este espejo y siguieron a Jesús. Otros, en cambio, decidieron romperlo. Y lo asesinaron. Pero se levantó un huracán: el Espíritu Santo. Arrastró los fragmentos por todo el mundo. El que recibe una mínima centella de este espejo empieza ver el mundo y las personas como las veía Jesús: las cosas buenas y hermosas, la justicia y la generosidad, la alegría y la esperanza; mas la maldad y la injusticia aparecen como vencibles y cambiables.   [Bruno Ferrero]

Selección de Fray Francisco Arias Marcelo, OFM [Fraternidad de Mérida]

 Agenda del Santuario

 La Oficina de Información del Real Monasterio comunica que a la Misa del Domingo de Pentecostés, 20 de mayo (12.00 de la mañana), acudirán muchos devotos de toda España a honrar a la Madre del Señor manifestada en Guadalupe. La Comunidad franciscana desea a todos una agradable estancia entre nosotros. Conviene, no obstante, que las peregrinaciones que deseen celebrar en la basílica o en la cripta del camarín,  reserven día y hora por correo electrónico: comunidad@monasterioguadalupe.com

Horario de Misas en la Basílica de Guadalupe

  • Días laborables: 12:00 (Misa de Peregrinos) y 20:00.
  • Domingos y días de precepto: 11:00, 12:00 (Misa de Peregrinos), 13:00 y 20:00.
  1. Antes de la misa diaria de Peregrinos y de todas las misas de domingos y festivos encontrará confesores disponibles.
  2. Todos los días del año se reza el Ángelus o Regina Coeli, y media hora antes de la misa vespertina, el Rosario Mariano.
  3. Todos los jueves del curso pastoral, media hora antes de la misa vespertina, la Comunidad y los demás fieles tiene adoración eucarística y rezo de Vísperas.
 

Rezar el Rosario por los barrios

A las 6 de la tarde de los sábados de mayo, la Asociación de Damas de Santa María de Guadalupe ha decidido rezar el Rosario en los barrios de la villa. Este es el programa:
Sábado 5 de mayo: Plaza de san Francisco
Sábado 12 de mayo: Plaza de la Corredera
Sábado 19 de mayo: Plaza de los Tres Chorros
Sábado 26 de mayo: Calle de la Pasión  
 
 

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Categoría : Lectio dominical
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